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jueves, 5 de julio de 2012

¿Odian los progresistas el progreso?

Hace un par de años este gobierno  tuvo un batalla con las doras, aquellas impresionantes máquinas con las que nuestras abuelas hubieran soñado. Estas que ayudan a ahorrar tiempo y esfuerzo físico para usarlo en cultivar un hobby, pasar más tiempo con la familia o simplemente descansar. En vez de trabajar en una extenuante jornada de lavado contra una piedra o gastar horas después del almuerzo familiar restregando platos o barriendo el piso hasta destruirse la espalda; hoy una ama de casa puede mejorar su calidad de vida con lavadoras, secadoras, aspiradoras, etc. Pero esto no es importante para el ingeniero social que sabe lo que nos conviene mejor que nosotros mismos, en aquella ocasión el bienintencionado burócrata de turno no permitió que los pobres puedan costearlas aduciendo que eran bienes suntuarios.

Luego fue el intento de prohibir los calefones de agua a gas, al parecer bañarse en agua apenas tibia en invierno en la sierra ecuatoriana era algo digno del nuevo hombre socialista. Por suerte la medida no prosperó. Ahora se ha declarado una guerra a los celulares, televisores de última generación, autos entre otros. Se aduce un problema ambiental que ni siquiera es evidente, no se ha sabido de personas muertas o enfermas por intoxicación de litio o cadmio. Y si esto fuera cierto ¿por qué no se prohibir las laptos? Estas contaminan como 10 celulares e incluso más, o qué tal prohibir los juguetes de niños, nadie puede negar que sean objetos suntuarios que generan muchísimo desperdicio plástico y encima usan pilas con químicos igual de peligrosos.

Tomemos el caso de los celulares, posiblemente los aparatos que más han revolucionado la forma en la que nos comunicamos, un smarthphone es una oficina móvil y hasta el más sencillo modelo de celular permite comunicarnos donde estemos con nuestros seres queridos, el trabajo y demás. Supuestamente para estos que se hacen llamar progresistas lo más importante es el ahorro de energía y el manejo de los desechos posteriores que la calidad de vida de las personas.

Pero analicemos otras opciones que a mi opinión resultan evidentes para tomar esta medida. La primera es que todo indicaría que  el régimen busca aumentar los ingresos por impuestos. El ecuatoriano promedio, que es muy bueno para cuidar su bolsillo pero no el del prójimo, empezó  a traer celulares por correo Courier y con familiares del extranjero para evadir los draconianos aranceles con los que se gravan a este tipo de equipos que terminan multiplicando el precio del mismo. La realidad es muy simple si en el Ecuador un Blackberry cuesta alrededor de 450 dólares y en EEUU el mismo llega a costar 170 dólares, pagar hasta de 50 dólares por el envió significaba un ahorro sustancial. A la final obligar a todo a comprar celulares carísimos resulta en un aumento de ingresos por impuestos. Cada vez nosotros más pobres y el Estado más rico. Una medida que incentivará a los delincuentes a asaltar casas y personas dado que los celulares y televisores se transforman en bienes de lujo.

La segunda es favorecer consciente o inconscientemente a un grupo empresarial poco competitivo. Sorpresivamente una empresa ensambladora de celulares está lista para duplicar su producción y apoya la medida en pos de la industria nacional. El viejo mercantilismo está de vuelta, favorecer a unos pocos afectando a muchos. Capitalismo solo para mis amigos “emprendedores” y socialismo para los consumidores.

La tercera es la tan mentada balanza comercial deficitaria que como hemos explicado es un sinsentido. Para importar necesariamente tengo que exportar, solo los individuos comercian y reciben a cambio riqueza (bien o servicio) por su dinero, sumar todos esos intercambios personales y llevarlos a una cuestión nacional no tiene la menor lógica.

Por el momento la gran mayoría de ecuatorianos seguirá pensando que hace patria comprando un celular carísimo y de mala calidad, un auto inseguro y costoso, pagando una fortuna en los juguetes para sus hijos o usando el "Sígueme Sígueme" en vez de un perfume de marca. Así lo único que les puedo recomendar es que cuiden sus celulares, los señores del gobierno y sus amigos están a la expectativa de que lo pierdas.

domingo, 20 de febrero de 2011

Las Verdaderas Lecciones del Lejano Oriente

El 15 de enero se cumplieron 4 años de “Revolución Ciudadana”,  destaco que es un verdadero alivio que el régimen correista no haya tomado el camino económico de Venezuela que va rumbo a la autodestrucción de mano del coronel Chávez, o el de la isla prisión cubano como todos presentíamos hace 4 años.
 
Tampoco estamos para tirar cohetes, salvo si Ud. trabaja en la burocracia o es contratista estatal. Efectivamente existen pobres que están mucho mejor, pero en general el país crece a un ritmo mediocre a pesar del favorable contexto para los países que producen commodities. Basta compararnos con nuestros vecinos Perú y Colombia que viniendo de trasfondos más violentos y corruptos y que ahora están apresurados por recuperar el tiempo perdido y enrumbarse hacia un futuro más próspero atrayendo toda la inversión extranjera que pueden y liberalizando parcialmente sus economías. Resumiendo se puede decir que no estamos creciendo a todo nuestro potencial gracias al estatismo exacerbado e hiperactivo desplegado por el actual gobierno.
 
El gran problema del gobierno es ideológico, sueñan que pueden planificar la vida de los ecuatorianos para llevarnos al “Buen Vivir”. Ahora cambiaron su admiración por el modelo cubano de “desarrollo” (en verdad todavía creen que existe uno) por el de los tigres asiáticos. Supuestamente el gobierno al elegir que sectores y empresas favorecer con todo tipo de medidas va a generar empleo y prosperidad. Claramente es retomar el mercantilismo, siempre presente en la vida de los ecuatorianos, pero que esta vez asegurando que va a triunfar. El gran referente para el gobierno ecuatoriano entre los tigres asiáticos es el más pobre: Corea del Sur, en vez de apuntar a Hong Kong que el más rico. ¿Será porque Corea era una dictadura mientras se desarrolló?
 
 
El discurso oficial apunta a algo muy simple: el dirigismo económico si funciona y tenemos ejemplos en el extremo oriente para mostrarlo. Señalan a los supuestos modelos proteccionistas pro-exportación aplicados por estos países para salir de la pobreza. Pero en realidad tienen una visión miope del asunto, solo resaltan lo que se ajusta a su discurso estatista aminorando otras cuestiones a tomarse en cuenta.
 
Flexibilidad laboral y libertad económica
 
Taiwan o Hong Kong nunca hubieran alcanzado el nivel de desarrollo sin la flexibilización laboral que impusieron en los primeras años de su camino al desarrollo. Al no tener abundantes recursos naturales optaron por explotar su ventaja comparativa, la mano de obra barata, diligente y abundante.  Es lo que vemos ahora con los sueldos comparativamente “miserables” que se pagan en China, Vietnam o Malasia, lo mismo ocurría en Taiwan y Hong Kong décadas atrás. La flexibilidad laboral y el aumento progresivo de la productividad esta en contra la lógica del “salario digno” que quiere imponerse en Ecuador.
 
Culturalmente el asiático es proclive al orden, al ahorro y la laboriosidad. En cambio al ecuatoriano desde el gobierno central se lo incentiva a depender del Estado para sobrevivir y se sataniza al sector productivo. A eso se debe sumar la incansable propaganda marxista para alienar a trabajador para que vea a su patrono como su enemigo.
 
Cuando empezaron a crecer estos países liberalizaron sus economías, a diferencia de Ecuador que quiere mantenerse como una economía altamente intervenida. El ejemplo paradigmático es Hong Kong la nación más libre del planeta desde hace 40 años y el más próspero de todos los tigres asiáticos.
 
Por suerte existe un documental en español del sueco Johan Norberg que puede aclararnos como se puede desarrollar un país partiendo de la miseria. Se ruega al lector darle un vistazo, no tiene desperdicio:
 
El Fracaso del Dirigismo Nipón
 
Tomemos el caso paradigmático del dirigismo estatal, Japón. El credo oficial de intervencionista indica que Japón llegó a ser la potencia mundial gracias al Estado interventor, este junto con las grandes corporaciones planificaron que producir,como producir y en que cantidades logrando un éxito sin precedentes.
 
En realidad Japón se desarrolló a pesar del Estado y no gracias a él. El mayor y más evidente problema de la planificación central de la economía es de conocimiento, este al estar tan disperso es imposible de manejarse y sintetizarse en grandiosos planes quinquenales u otros por el estilo. Dado este escenario al planificador solo le queda elegir arbitrariamente que actividades empresariales ganan y cuales pierden, dejando una puerta abierta a la corrupción y al enriquecimiento de unos pocos elegidos y en el camino malograr a muchos otros empresarios que no tienen la conexión política correcta.
 
Además debemos tener en cuenta el riesgo de que estos inteligentísimos planificadores se equivoquen y luego persistan en el error al no tener en cuenta las señales del mercado que son las perdidas y las ganancias. Japón no es la excepción, ahora es una economía zombie gracias a las interminables intervenciones estatales, Brad Hall lo describe de la siguiente manera:
 

El aumento histórico y la caída del poder económico del Japón ofrecen lecciones valiosas para los EEUU y China.

En los 15 años a partir de 1965, Japón aumentó su PIB de $ 91 millones a US $ 1 billón. En 1987, cuando comencé mi tesis doctoral sobre las prácticas de gestión empresarial japonesa, los japoneses ricos habían comprado en efectivo Pebble Beach, el Rockefeller Center y había comenzado a devorar a los bancos. Muchos observadores están convencidos de que no habría como detener a Japón. Luego, en 1989, todo terminó abruptamente cuando las burbujas inmobiliaria y bursátil japonesas explosionaron.

En un intento para reiniciar su fallida economía, el gobierno japonés rescató a los grandes bancos, adoptó políticas keynesianas de estímulo y redujo las tasas de descuento a corto plazo a un poco más que cero y las retuvo allí durante años.
 
Diez años más tarde, en 1999, los gastos de estímulo de Japón superaron los $ 1,5 billones, con pocos beneficios económicos. Hoy, la deuda de Japón es del 192% del PIB, el más alto de todos los países del G-20. Y en la primera década del nuevo milenio, ajustado a la inflación el crecimiento del PIB de Japón es del 0,22%. Japón cayó y sigue sin poder ponerse de pie ....
 
... Diez años después del colapso del "milagro japonés", el profesor de Harvard y gurú de la estrategia de Michael Porter y el profesor japonés Hiroshi Takeuchi realizaron una autopsia. Sus resultados, publicados en el libro Puede Competir Japón? identificaron varias causas del fracaso económico. La más perniciosa fue la intervención del gobierno en el mercado libre.
 
... En años de auge de Japón, uno de los trabajos más prestigiosos del país era en el Ministerio de Comercio Internacional e Industria (MITI). MITI contrataba sólo 1 de cada 10.000 aspirantes. El papel del MITI era la formalización de una alianza entre el gobierno y la industria por el bien del país. MITI establecía las metas de producción (por ejemplo, duplicar la producción de acero en cinco años), asignaba las cuotas a las empresas y disponía que los bancos proporcionen los fondos. El MITI forzaba la cooperación entre las empresas y protegía las industrias objetivos de la competencia internacional. Los partidarios de la economía de libre mercado en otros países gritaron “falta”, pero Japón continuó impertérrito.
 

La filosofía del gobierno era:

1. Las exportaciones crean la riqueza nacional.

2. El gobierno debe apoyar a las industrias que aumenten las exportaciones.

3. La competencia es un desperdicio, destructivo y debe ser evitado.
 
4. Las industrias refugiadas en Japón invertirán grandes ganancias en el país para capturar cuotas del mercado internacional.
 
... La investigación detallada de Porter y Takeuchi reveló un dramático contraste en el desempeño de las industrias que no fueron objeto de influencia de parte del gobierno frente a los que si fueron.
 
El gobierno japonés ofreció poco apoyo en las industrias donde Japón es más competitivo hoy: motos, coches, equipos de audio, robótica, instrumentos musicales, cámaras y video juegos. Un ejemplo fue la entrada de Honda en los automóviles. El gobierno japonés se opuso activamente al ingreso de Honda en la atestada industria del automóvil japonés. El audaz desafío de Honda a empresas establecidas como Nissan (NSANY), Toyota Motor (TM) y Mitsubishi dio como resultado la industria más dominante de Japón.
 
Irónicamente prácticamente todas las industrias que el gobierno apoyó no se convirtieron nunca en competitivas a nivel mundial. Estas incluyen: las aeronaves, los servicios financieros, productos farmacéuticos, chocolates, software, productos no electrónicos de consumo y alimentos. En otras industrias apoyadas (tales como líneas aéreas, la banca minorista, las telecomunicaciones, la mercancía general, venta al por menor y restaurantes), Porter y Takeuchi encontraron que la productividad del trabajador era un 40% inferior a las normas de EEUU. Porter y Takeuchi afirma que "el papel del gobierno debe ser mejorar el medio ambiente para la productividad y la competencia, para no involucrarse directamente en el proceso competitivo." Leerlo completo en inglés.
 
La lección del texto anterior es clara, el Estado no puede crear deliberadamente buenos empresarios, es mejor dejar que se vuelvan competitivos por su propia cuenta. El mejor incentivo es el afán de lucro, cuando ya se ha arriesgado el dinero de uno es mejor centrarse en satisfacer al cliente para que la aventura empresarial resulte rentable. El Estado al entregar privilegios y fondos a empresas pervierte el incentivo y lo reemplaza por el de satisfacer al burócrata que te da de comer en vez de al consumidor que compra tus productos
 
Es un paso correcto mirar a países desarrollados para aprender de ellos, pero se debe tener en cuenta el cuadro completo y no solo el que se ajusta a un particular punto de vista. El punto de partida del camino a la prosperidad es un ambiente propicio para la creación y crecimiento de empresas privadas, estas son las que producen bienes y servicios que nos hacen más ricos a todos. El Estado al intervenir solo puede malograr la economía, así que señores políticos y burócratas mejor háganse a un lado para que el espíritu emprendedor empiece a florecer. Hace años lo venimos repitiendo los liberales, Laissez Faire, Laissez Passer. "Dejad hacer, dejad pasar"

domingo, 30 de enero de 2011

Neo-mercantilismo Criollo

Usando eufemismos como “sustitución de importaciones”, “desarrollo endógeno”, “apoyo a la industria nacional” el gobierno ecuatoriano esta reactivando el viejo mercantilismo, que no es más que beneficiar a sus amigotes y compinches "empresarios" disfrazándolo de "bien común" en perjuicio de consumidores y otros empresarios no alineados al régimen.

El sinsentido de medir la balanza comercial

Justifican sus medidas proteccionistas utilizando las balanzas comerciales deficitarias que el Ecuador tiene con varios países. El concepto de balanza comercial es un sinsentido que pocos se atreven a cuestionar. En el largo plazo las exportaciones tenderán a equipararse con las importaciones. Utilicemos una analogía, yo tengo una balanza deficitaria con el supermercado de mi barrio, le compro todas las semanas y ellos no me compran absolutamente nada. De seguro todos los comercios, restaurantes y gasolineras tienen una balanza superavitaria conmigo.

Yo solamente tengo una balanza comercial favorable con mi empleador, el compra mis servicios profesionales y yo no le compro nada. En el largo plazo las balanzas que mantengo de seguro seguirán en el mismo estatus pero vale aclarar que mi balanza comercial favorable comparada con la suma de las que me son deficitarias serán casi iguales en valor absoluto. No podre comprarles más de lo que gano. Esto aplica a nivel de país, no podré importar más de lo que exporto, por lo tanto al desincentivar las importaciones casi siempre reduce las exportaciones.

 

Vale la pena unas aclaraciones adicionales con respecto al tema de las importaciones:

- Los países no comercian entre sí, son los individuos los que comercian. El Ecuador no le compra a Japón autos, son ciertos ecuatorianos que prefieren un auto japonés pagado con su propia plata.

- Teniendo en cuenta lo anterior, no existe razón alguna para que el Estado te impida a ti como individuo comprar la marca que prefieres, mucho menos si es tu plata y supuestamente te pertenece y la puedes disponer libremente.

- Sumar todos los gastos de los ecuatorianos en empresas japonesas y luego la de los japoneses en empresas ecuatorianas y restarlos para ver si existe superávit o déficit comercial es un sinsentido. Esos gastos son privados y no públicos y no tienen ninguna relación entre ellos.

- Obviamente el interés para impedirte elegir libremente solo podría venir de un "empresario" interesado en su propio lucro. Este hará lobby para lograr que el Estado le favorezca con aranceles, cuotas y demás coacciones conocidas para impedir la libre elección de los consumidores.

- Cuando el empresario gracias al político haya logrado su fin de impedirte elegir libremente, ambos dirán que lo hacen por el "bien común". El "empresario" nacional al tener el mercado cautivo empeorará la calidad de sus productos y establecerá el mayor precio posible. No tiene incentivos para hacer lo contrario.

- El "empresario" creerá con el tiempo que es su sagacidad y no la mano pesada del Estado la que lo esta haciendo lucrar, se embarcará en expansiones de su industria contratando más empleados y comprando equipos. Luego permanentemente tendrá que hacer lobby para que no levanten las restricciones aduciendo que da empleo a muchos ecuatorianos.

- El consumidor ecuatoriano a diferencia del empresario y posiblemente sus empleados será mucho más pobre pues estará obligado a comprar solo lo que le dejen así esto sea mas caro y de menor calidad.

Por último si fuera coherente medir balanzas comerciales se lo debería también medir entre provincias y ciudades. Tamaña sorpresa se llevarían al medir la balanza comercial entre Quito e Ibarra o Guayaquil y Salcedo. ¿Acaso esto justificaría establecer aduanas internas? 

El problema del gobierno pasa por no entender la Ley de Asociación de Ricardo enunciada hace 200 años. Los individuos se deben especializar en aquello en lo que tienen ventajas absolutas o ventajas comparativas. De ninguna manera los ecuatorianos podrán competir en un mercado libre en zapatos con China o en autos con Japón, salvo que busquen el apoyo del Estado para perjudicar al consumidor y favorecer al “empresario” como ya he señalado en ocasiones anteriores.

Debate con la Ministra Cely

A continuación reproduzco un extracto del intercambio de ideas con la Ministra Cely llevado a cabo en la web del MCPEC, una muestra de la arrogancia que caracteriza a los políticos y burócratas que creen que pueden dirigir algo tan complicado como la economía de un país desde sus escritorios:

Cely: " Esta teoría en su modelo asume que hay competencia e información perfecta, lo que empíricamente se ha probado que no se cumple. "

Respuesta: Incorrecto, mi posición es la de la escuela austriaca, la misma que indica que es imposible tener toda la información, peor tener la información "perfecta". Teniendo en cuenta esto aún más se justifica la no intervención del Estado en la economía. Si la información esta tan dispersa entre millones de individuos que intercambian productos en los mercados día a día, ¿como es que unos cuantos burócratas pueden sintetizar toda esta información y generar políticas para el dichoso bien común?

Cely: "Mi opinión es que en el mundo real no hay "libre comercio como lo señalan los modelos Ricardianos", es decir de "texto"

Respuesta: Correcto, siempre ha existido el "empresario" mercantilista que usa al poder político para lucrar a costa del consumidor interno.

Cely: "y si usted revisa la historia de los países desarrollados y los de reciente desarrollo (tigres asiáticos, Brasil, México, India, China, entre otros), todos ellos han usado su política comercial para en ciertos periodos "proteger " el crecimiento de ciertos sectores"

Respuesta: Si esos países optaron por lastimar y seguir lastimando a sus consumidores es su problema. El tema no es proteger a la industria sino ser competitivo, no es favorecer a un sector de la clase empresarial perjudicando a los consumidores y a otros sectores no protegidos. Mi punto de vista sobre la industria protegida lo puede ver acá. ¿Como le indica al ecuatoriano que debe comprar obligado unos zapatos ambateño, solo por poner un ejemplo, a un mayor precio y posiblemente menor calidad que un zapato chino que es por el beneficio general de toda la población? Que manera tan sui generis de ayudar al pobre haciéndole pagar más por bienes de primera necesidad. Esto aplica en todos los países, por eso la protección de los agricultores europeos se traduce en precios astronómicos de la comida para el francés, alemán y español de a pie.

Cely: "En nuestro país, carente de política monetaria, las cosas son más aún complejas, y la tarea pasa por fomentar nuestras exportaciones en las que tenemos ventajas comparativas reveladas, trabajar en aquellos sectores con potencialidades y en los que han existido fallas de mercado o de gobierno"

Repuesta: Política monetario que no es más que devaluar la moneda para favorecer a los exportadores en el corto plazo, perjudicando a la totalidad de la población incluidos los propios exportadores que en el largo plazo tendrán que producir más para poder hacerse de insumos importados a mayores precios. Un sinsentido completo y que gracias a la dolarización no se puede aplicar directamente en el Ecuador, pero si indirectamente gracias a la constante depreciación del dólar gestionada por la FED.

Cely: "Para nada se intenta centralizar las decisiones de los actores empresariales o de los ciudadanos en el gobierno, tanto los ciudadanos y los empresarios cuentan con la libertad de hacerlo, sino contribuir con políticas e incentivos para desarrollar esos sectores en que existen ventajas comparativas latentes y que requieren de apoyo para que se revelen"

Respuesta: Obviamente sería un sinsentido aplicar la autarquía y suponer que se puede ayudar a todos los sectores. Los incentivos y restricciones al consumidor solo se pueden aplicar a algunos sectores e incluso empresas, posiblemente los que tengan buenas conexiones con los burócratas y políticos de AP.

Cely: El que se utilice medidas arancelarias para proteger "temporalmente" un sector, es válido solo para dos casos de nuestra estrategia: calzados y textiles, los que si tienen potencialidad para poder exportar."

Respuesta: ¿Exportar? Si tuvieran verdadero potencial exportador no necesitarían de protección. Es un absurdo, el consumidor exigiría el producto haciendo rentable a la empresa.

Cely: "Nuestra apuesta no es la de un estado centralizador de las decisiones, y peor aún de las individuales, pero si un estado que fomente la competitividad sistémica, como de hecho lo hemos hecho con inversión en infraestructura, reducción de costos de tramitología en aduana, entre otros y que contribuya al desarrollo productivo"

Respuesta: Reducir la pesada carga estatal a las empresas SI que es una buena medida para incrementar la producción sin perjudicar al consumidor y favorecer al "empresario" se le felicita por este acierto.

Cely: "Todo esto sin dejar utilizar la política productiva para reducir la inequidad en el país."

Respuesta: Paradójico, como se puede decir que se va a reducir la inequidad en el país repartiendo privilegios a empresarios para aprovecharse al máximo del consumidor ecuatoriano, sobretodo al más pobre que es el que no puede viajar como los pelucones y traer toda la ropa, zapatos, etc de afuera a precios razonables. Brasil un país proteccionista por excelencia muestra el peor índice de Gini de la región.

Cely: "Finalmente, así como hay fallas de mercado, hay fallas de gobierno, cuando las decisiones no son transparentes y son capturados por grupos de poder. En ese sentido, hacemos nuestros esfuerzos porque todos las decisiones sean públicas, se comuniquen los planes de mejora competitiva y sus indicadores, para que exista la disciplina "a la asiática" de abandonar apuestas que no cumplan con las mejoras productivas y de exportación que se deben establecer. Creo en la cooperación pública-privada para establecer estos planes de mejora competitiva, pero no en la rentista sectorial, sino pensando en el bienestar común y siempre con absoluta transparencia."

Respuesta: Otra vez la paradoja, los gobiernos anteriores otorgaban privilegios a sectores o empresas especificas, lo mismo que Uds. A los anteriores los llaman "grupos de poder", ¿como llamamos a los suyos? Difícilmente exista transparencia cuando es un burócrata o un político el que escoge ganadores y perdedores en vez del consumidor. El empresario que querrá mantener el negocio deberá abogar con coimas de todo tipo al señor del cual depende si sigue o no en el negocio.

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Para ahondar más sobre este tema, siempre controversial, les recomiendo el artículo de Walter Block defendiendo al “malicioso” importador: Parte 1, Parte 2 y Parte 3.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Injusta Prosperidad Artificial

La ciudad de Ambato se ha convertido, según nos dicen, en la muestra empírica de las bondades del modelo proteccionista aplicado por el gobierno ecuatoriano. Al parecer la sustitución de importaciones ha hecho de la ciudad una joya: tiene bajo desempleo y su industria florece. Específicamente el caso de éxito se centra en su industria de calzado.

Es indudable que la industria del calzado crece como nunca gracias a los aranceles impuestos a las importaciones de zapatos desde el extranjero. Imponer un arancel a productos que podríamos importar de afuera beneficia a la industria nacional que fabrica ese producto; incluso si la industria nacional que fabrica ese producto es muy ineficiente y sus precios poco competitivos.

Dada esta ventaja artificial quien resulta perjudicado es el consumidor. Miles de consumidores tendrán que pagar más por un producto de calidad inferior o a un precio mayor al que podría encontrar en un mercado libre de aranceles. El perjuicio esta distribuido en los miles de consumidores de zapatos a nivel nacional. Las medida proteccionista protegerá a centenas o decenas de productores. Esto no hace más que propiciar la desigualdad dándole un mercado cautivo a uno o varios empresarios.

Parafraseando a Frederic Bastiat, el agudo intelectual francés del siglo XIX, este es el típico caso donde lo que “se ve” está concentrado en unos pocos beneficiarios y es fácil de identificar y lo que “no se ve” es decir el perjuicio esta disperso en muchos afectados y es difícil de identificar.

Henry Hazlitt en su libro “La Economía en Una Lección” nos indica que aparte de los consumidores existe un segundo grupo de afectados por esta medida, otros empresarios:

El arancel ha sido definido como un medio de beneficiar al productor a expensas del consumidor. Ello es correcto en un sentido. Los partidarios del arancel piensan solamente en los intereses de los fabricantes directamente beneficiados por los derechos de que se trata. Olvidan, desde luego, el interés del consumidor, al que directamente perjudica el pago de tales gravámenes. Pero es equivocado examinar el problema arancelario como si se tratase de un conflicto de intereses entre consumidores y fabricantes, considerados en su conjunto. Es cierto que los aranceles perjudican a todos los consumidores en cuanto tales. Pero es equivocado suponer que benefician a todos los fabricantes en cuanto tales. Por el contrario, como acabamos de ver, subvencionan a los fabricantes protegidos a expensas de todos los demás fabricantes nacionales y particularmente de aquellos que poseen un mercado potencial de exportación más amplio.

Ilustremos con un ejemplo lo que indica por Hazlitt, digamos que por ejemplo los aranceles elevan una cantidad de dólares a todos los pares de zapatos, adicionalmente el precio de los zapatos nacionales sube porque los empresarios tienen un mercado cautivo. En resumen el ecuatoriano deberá desembolsar un monto mayor de sus ingresos para comprar zapatos. En otras palabras lo que esta a la vista es todos los puestos de trabajo que no crearon o se destruyeron cuando se dejar de consumir bienes y servicios con ese dinero extra que le quedaba al consumidor al adquirir un par de zapatos importados baratos. Antes con el mismo dinero que compraba un par de zapatos y unas medias, ahora solo nos alcanza para los zapatos.

Esto hace más pobre al consumidor pues tendrá solo los zapatos (posiblemente de menor calidad) y si quiere las medias tendrá que abonar dinero extra, también hace más pobre al comerciante de las medias que verá reducidas sus ventas o al desempleado que podría haber sido empleado en la industria de medias.

Los teóricos del proteccionismo que es el otro nombre para el mercantilismo, el corporativismo o la sustitución de importaciones justifican sus medidas indicando que al importar productos del exterior las industrias nacionales son afectadas en sus ingresos y por ende el desempleo aumenta. Hay dos aclaraciones a esta verdad; la primera para contrarrestar este efecto la industria nacional, ya sin la protección artificial del Estado, deberá ofrecer un mejor producto a un menor precio; pues solo así se convertirá en la primera opción de compra para los consumidores ecuatorianos. La única manera de hacerlo es siendo más competitivos y eficientes. Otra opción es que se dediquen a producir algo en lo que si puedan competir.

Si no podemos competir con los chinos en zapatos, juguetes y baratijas; debemos cerrar esas industrias en el Ecuador y dedicarnos a producir lo que nos resulte más ventajoso y en lo que seamos más productivos. Debemos aprovechar la división del trabajo global que nos permite comprar al menor precio posible un bien o servicio.

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La segunda, efectivamente un mercado libre produce perdedores específicamente los trabajadores y empresarios ligados a las industrias que no pueden competir con los productos fabricados en el extranjero. Pero en este caso tenemos dos claros beneficiarios: los consumidores que conseguirán un producto a un mejor precio por lo cual tendrán mas dinero en su bolsillo para destinarlo a consumir otros bienes o servicios. De esta manera se benefician los empresarios y trabajadores que producen otros productos y servicios a los que los consumidores destinarán su dinero extra. No existe un aumento del desempleo sino un desplazamiento de los trabajadores de las industrias afectadas, por ejemplo la del calzado, a las empresas cuyas actividades se verán beneficiadas.

La realidad es que se esta engañando a mucha gente haciéndole creer que al limitar las opciones de compra de los consumidores por arte de magia aparecen productivos empresarios que a su vez disminuyen el desempleo al contratar empleados. Esta prosperidad artificial, un verdadero juego de suma cero, solo favorece a sus directos implicados pero empobrece al país como conjunto. Nuevamente cito a Henry Hazlitt:

Hemos visto que el sobreprecio que los consumidores pagan por un artículo protegido reduce en una suma igual su capacidad adquisitiva para comprar otros artículos. No se deriva de ello ganancia alguna para la industria del país considerada en su conjunto. Pero como resultado de tal barrera artificial levantada contra los productos extranjeros, el trabajo, el capital y la tierra son desviados de las producciones más rentables a otras que ofrecen menores perspectivas. Por lo tanto, como consecuencia de los obstáculos arancelarios, la productividad media del trabajo y del capital nacional queda reducida.

Como conclusión todo arancel favorece a pocos interesados a cambio de perjudicar a un número grande de consumidores que estará tan disperso como para tomar cartas en el asunto y reclamar al respecto. El beneficio debería estar del lado del consumidor, que somos todos, mas no del productor con conexiones políticas. Si en verdad no se quiere favorecer a grupos de presión determinados se debería apoyar un verdadero libre mercado sin aranceles, cuotas de importación u otras barreras al comercio. No se debería dar protección artificial a industrias nacionales ruinosas que sin esta no durarían mucho tiempo en el mercado a costa de otras empresas más eficientes y competitivas.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El Importador (3/3)

Por Walter Block, tomado de “Defending the Undefendable”,  Capítulo 23. Ver la primera parte y la segunda parte.

Consideremos ahora una situación que superficialmente parece la pesadilla de los proteccionistas hecha realidad. Imaginemos que hay un país que puede producir mejor en todas las industrias. Supongamos que Japón (el cuco de la ILGWU), puede producir todo más eficientemente que América, no sólo las banderas, guantes de béisbol, radios, televisores, coches, y las grabadoras de cinta, sino todo. ¿Sería válida la afirmación de la ILGWU de que se debería restringir el comercio, entonces?

La respuesta es que nunca es justificable restringir el comercio entre dos adultos consientes, o incluso entre naciones de adultos consientes, definitivamente no en razón de que el comercio perjudicará a una de ellas. Porque si para un parte el comercio es dañino, simplemente lo podría negar. La prohibición no sería necesaria. Y si ambas partes dan su consentimiento para el comercio, con qué derecho cualquier tercero lo puede prohibir. La prohibición sería el equivalente a una negación de la vida adulta de una o ambas partes de la transacción, por tratarlos como menores de edad que no tienen el sentido o el derecho a contraer obligaciones contractuales.

A pesar de todos los argumentos morales, los proteccionistas todavía querrán prohibir el comercio sobre la base de que un desastre se produciría si eso no se realizara. Tomemos la situación de que existe entre Estados Unidos y Japón las condiciones de pesadilla que han estipulado. Supuestamente, Japón exportará bienes y servicios, sin importar nada de los Estados Unidos. Esto traería prosperidad a la industria japonesa, y depresión a la nuestra. Finalmente, Japón supliría todas nuestras necesidades y, como no habría exportaciones para contrarrestar esta situación, la industria norteamericana llegaría machacada a pararse. El desempleo se elevaría a proporciones epidémicas y habría una dependencia completa en Japón.

Esta descripción puede parecer un poco absurda, sin embargo la historia del proteccionismo en los Estados Unidos y el éxito de la campaña ILGWU, indican que tales "pesadillas" prevalecen de mayor manera de lo que cabría imaginar. Tal vez este sueño horrible prevalece porque es más fácil achicarse en horror antes que hacerle frente.

Al contemplar esta pesadilla, se plantea la cuestión de qué usarán los estadounidenses para comprar productos japoneses. No pueden utilizar el oro (o cualquiera otro metal precioso), porque el oro en sí mismo es una mercancía. Si los estadounidenses utilizarían oro para pagar las importaciones el efecto es que exportarían oro. Esto iría en contra de la pérdida de empleos debido a las importaciones, y estaríamos de vuelta a la situación prototípica. Los estadounidenses podrían pierden puestos de trabajo en radios y televisiones, pero aumentarían en la extracción de oro.

La economía estadounidense se asemejaría a la de Sudáfrica, que paga por sus importaciones en gran medida con las exportaciones de oro. El único medio adicional de pago sería en forma de dólares de los Estados Unidos. Pero, ¿qué harían los japoneses con los dólares? Sólo hay tres posibilidades: podrían devolver estos dólares a nosotros como pago de nuestras exportaciones a ellos, podrían mantener el dinero, o podrían gastar en productos de países distintos a los Estados Unidos. Si optaron por la última alternativa, los países con los que comerciaron tienen las mismas tres opciones: gastar en los Estados Unidos, el acaparamiento, o gastar en otros países, y así sucesivamente para los países con los que comercien a su vez. Si dividimos el mundo en dos partes; los Estados Unidos y todos los demás países, podemos ver que las tres posibilidades se reducen a dos: o el papel moneda que enviamos vuelve a comprar nuestros productos o no.

Supongamos que la "peor" posibilidad sucede, que nada del dinero vuelve a estimular nuestras exportaciones. Lejos de ser un desastre, como los proteccionistas afirman, esto en realidad sería un bendición absoluta! Los dólares de papel que enviamos al extranjero serían sólo eso, papel sin valor. Y ni siquiera se podría gastar tanto papel simplemente se podría imprimir dólares con ceros extra. Así, en la pesadilla de la ILGWU, Japón nos enviaría los productos de su industria, y nosotros enviaríamos tan solo piezas de papel verde con muchos ceros impresos en ellos al Japón. Sería un gran ejemplo de desprendimiento. La negativa de los extranjeros para sacar provecho de sus dólares correspondería a un gran regalo para los Estados Unidos. Nosotros recibiríamos los productos, y ellos recibirían papeles sin valor!

A diferencia de las fantasías de la ILGWU y los grupos proteccionistas, los destinatarios de regalos grandes no suelen sufrir agonías indecibles. Israel ha recibido reparaciones de Alemania durante muchos años, y regalos de los Estados Unidos, sin ningún tipo de efectos nocivos evidentes. El país receptor no tiene qué interrumpir su propia producción. Porque los deseos de cualquier población son infinitas. Si los japoneses dieran un automóvil Toyota a todas las personas en los Estados Unidos, ellos quisieran pronto dos, tres o muchos Toyotas. Evidentemente, es inconcebible que los japoneses (o cualquier otra persona) sean tan abnegados que incluso lleguen a tratar de satisfacer todos los deseos del pueblo estadounidense sin recompensa. Sin embargo, sólo si tuvieran éxito en esta tarea imposible todas las industrias nacionales colapsarían, porque entonces todo el mundo tendría todo lo que quisiera.

Pero en este caso imaginario, el colapso de la industria nacional sería algo para ser alabado, no condenado. La gente en el Estados Unidos suspendería toda la producción sólo si sentiría que tiene suficientes posesiones materiales y que seguirá teniéndolas en el futuro. Tal situación no sólo no es horrible, sería bien recibida por los estadounidenses como lo más cercano a una utopía.

Proteccionismo

En realidad los japoneses y otros no se contentaran con acumular los dólares que se les dio como pago por sus productos. Tan pronto como sus saldos en dólares se pongan por encima del nivel que elijan, ellos usarán los dólares estimulando así las exportaciones de manufacturas de los Estados Unidos. Podrían comprar productos estadounidenses y por lo tanto estimular directamente las exportaciones americanas.

O puede ser que demanden oro por sus dólares (un "ataque" al dólar), que requeriría una devaluación que haría las exportaciones americanas más competitivas en los mercados mundiales. De cualquier manera, los dólares volverían a los Estados Unidos, y nuestras industrias nacionales se verían estimuladas. La pérdida de empleos debido a las importaciones serían contrarrestadas por los aumentos en otras partes, tal como en el caso de Vermont y Florida.

¿Por qué comerciaría Japón con un país cuya producción es menos eficiente que la suya? Debido a la diferencia entre lo que se denomina la ventaja absoluta y ventaja comparativa. El comercio tiene lugar entre dos pares (Países, estados, ciudades, pueblos, barrios, calles, personas) no de acuerdo con su capacidad absoluta para producir, sino de acuerdo con su capacidad relativa. El ejemplo clásico es el de la mejor abogada de la ciudad que también es la mejor mecanógrafa. Esta persona tiene una ventaja absoluta sobre su secretaria en la prestación tanto de los servicios jurídicos como de los mecanográficos. Sin embargo, la abogada decide especializarse en la profesión en la que tiene una ventaja comparativa, la ley. Supongamos que es 100 veces tan buena abogada como su secretaria, pero sólo dos veces más eficiente como mecanógrafa. Es más ventajoso para ella ejercer la profesión jurídica, y contratar (o comerciar con) una mecanógrafa. La secretaria tiene una ventaja comparativa en escribir: tiene tan sólo el 1 por ciento de la eficacia en derecho frente a su empleadora, pero es la mitad de buena como ella escribiendo. Ella es capaz de ganarse la vida mediante el comercio a pesar de que es más pobre en ambas habilidades.

El Japón que hemos estado imaginando tiene una ventaja absoluta en la producción de todos los bienes. Pero cuando los japoneses vuelven con nuestros dólares hacia nosotros a cambio de nuestros productos, Estados Unidos exportará los bienes en los que tiene una ventaja comparativa. Si somos la mitad de buenos como los japoneses en la producción de trigo, pero sólo una cuarta parte tan buenos en la producción de aparatos de radio, exportaremos trigo como pago de nuestra importación de aparatos de radio. Y así ganamos todos.

Por lo tanto, no importa qué situación se prevé, incluso en las más extremas, el argumento proteccionista resulta inadecuado. Pero debido a la potencia emocional de su influencia, los importadores han sido vilipendiados. Por su persistencia en una tarea que es intrínsecamente útil, los importadores deben ser considerados como los grandes benefactores que son.

jueves, 4 de noviembre de 2010

El Importador (2/3)

Por Walter Block, tomado de “Defending the Undefendable”,  Capítulo 23. Ver la primera parte.

Otra razón de peso para rechazar el argumento proteccionista es que no toma en cuenta las exportaciones. Es cierto que por cada bandera estadounidense o un guante de béisbol importado en este país, algunos trabajos domésticos se perderán. Pero lo que los proteccionistas convenientemente olvidan es que por cada empleo perdido en una rama de producción nacional debido a la competencia de las importaciones, un trabajo puede ser añadido en una industria de exportación.

Supongamos que los estados de Vermont y Florida son autosuficientes. Ambos producen, entre otras cosas, jarabe de arce y naranjas. Debido a las diferentes condiciones climáticas, el jarabe de arce es escaso y caro en la Florida, y las naranjas son escasas y costosas en Vermont. Las naranjas de Vermont tienen que ser cultivadas en invernaderos, y el jarabe de arce de Florida viene de los árboles de arce criados en refrigeradores de gran tamaño. ¿Qué pasaría si el comercio se iniciara repentinamente entre los dos estados? Vermont, por supuesto empezaría a importar naranjas y Florida jarabe de arce. La ILGWU, o cualquier otro grupo de presión proteccionistas entrarían en escena, rápidamente señalando que la importación de jarabe de arce en Florida arruinará en ese Estado a la pequeña industria de jarabe de arce, y la importación de naranjas en Vermont arruinará la industria de naranja allí. Los proteccionistas ignoran el hecho de los trabajos que ganaría Florida en la industria de la naranja, y en Vermont, la industria del jarabe de arce. Centrarían la atención en los puestos de trabajo perdidos debido a las importaciones e ignorarían por completo los puestos de trabajo obtenidos por las exportaciones. Por supuesto, es cierto que ciertos trabajos se perdieron en Vermont en la industria de naranja y en la industria de jarabe de arce en la Florida. Pero no es menos cierto que aumentaron puestos de trabajo de la industria de la miel de arce de Vermont y en la industria de la naranja en Florida.

Bien puede haber menos puestos de trabajo disponibles en las industrias de ambos estados ya cada vez mayor cantidad de naranjas se pueden hacer con menos mano de obra en la Florida que en Vermont, y el jarabe de arce se puede fabricar de manera más eficiente en Vermont que en la Florida. Pero lejos de ser un mal efecto, este es uno de los beneficios del comercio! Los trabajadores liberados de estas industrias estarán disponibles para proyectos que no podían llevarse a cabo antes. Por ejemplo, si un sistema moderno de transporte no existe, y la industria tiene que encomendarse a personas que lleven 100 libras cargas sobre sus espaldas, cientos y miles de personas tendrían que ser retirados de otros campos para colmar las necesidades de la industria del transporte. Por lo tanto, muchos proyectos y las industrias tendrían que ser abandonados. Con los métodos modernos, se necesitan menos trabajadores. Este personal adicional por lo tanto es libre de moverse a otras áreas, con todos los consiguientes beneficios para la sociedad.

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Sea o no que existan menos puestos de trabajo en las industrias de la naranja y de jarabe de arce en Vermont y Florida en la análisis final depende de la forma en que las personas deseen gastar sus nuevos ingresos. Sólo si estas personas decidieran gastar todos los ingresos adicionales en naranjas y jarabe de arce extras es que el empleo total en estas dos industrias no va a cambiar después de el comercio comience. Por ende, el mismo número de trabajadores producirían más jarabe de arce y más naranjas. Más probable, sin embargo, es que el pueblo tomará la decisión de dedicar parte de sus ingresos adicionales a estos dos bienes, y el resto a otros bienes. En ese caso, el empleo en estas dos áreas se reducirá un poco (aun cuando la fuerza de trabajo disminuida puede ser capaz de producir más que antes), pero el empleo se incrementará en las industrias cuyos productos son más buscados por los consumidores.

Visto en su totalidad, la apertura del comercio entre los dos regiones beneficia a ambas. Aunque el empleo caiga en las industrias suplantadas por las importaciones, se levantará en las industrias de exportación y en las nuevas industrias en desarrollo debido a la disponibilidad de trabajadores. Pero los proteccionistas no están del todo equivocados. El comercio crea problemas en las industrias suplantadas y algunos trabajadores se verán perjudicados a corto plazo. Por ejemplo, ya no serán de gran demanda en Vermont especialistas en la producción de naranjas, o para los floridanos que producen jarabe de arce. Habrá puestos de trabajo para estas personas en otras industrias, pero ya que tendrán que entrar en estos campos como principiantes, probablemente tendrán que aceptar un recorte salarial. También necesitaran posiblemente un considerable entrenamiento. Entonces surge la pregunta: ¿Quién va a pagar por el entrenamiento, y quien debe soportar la pérdida asociada con los salarios más bajos en la nueva industria? Los proteccionistas, por supuesto, estarán a favor de que el gobierno o los capitalistas paguen la cuenta. Pero esto no se justifica.

En primer lugar, cabe señalar que sólo los trabajadores cualificados se enfrentan a un recorte de salario debido al movimiento a una nueva industria. Los otros entran en la nueva industria casi al mismo nivel que aquel con el que funcionaban en la antigua. En lugar de barrer los pisos de un planta de jarabe de arce, barrerán tal vez los pisos de una fábrica textil. El trabajador calificado, por el contrario, tiene habilidades específicas que son de mayor uso en un sector que en otro. Él no es igualmente útil en la nueva industria, y no puede exigir el mismo salario.

En segundo lugar, se debe entender que el trabajador calificado es un inversor, al igual que el capitalista. El capitalista invierte en cosas materiales, y el trabajador invierte en sus habilidades. Todos los inversores tienen una cosa en común, y es que el rendimiento de su inversión es incierta. De hecho, cuanto mayor sea el riesgo, más puede ganar el inversionista. En el ejemplo dado, parte de la razón por la que los productores expertos de naranja en Vermont y los productores expertos de miel de arce en la Florida ganaban sueldos altos, antes de la llegada de los intercambios comerciales entre los estados, fue el riesgo de que algún día el comercio podría comenzar.

¿Deberían los productores expertos de naranja, ahora que deben dejar la industria en la que se les pagaba muy bien por ser especialistas, ser subvencionados para la instrucción y por el salario recortado que deben aceptar en el ínterin? ¿O deberían sufragar los gastos y pérdidas por sí mismos? Parece claro que cualquier subvención sería un intento de mantener al trabajador calificado en el estilo al que se había acostumbrado, sin pedirle que afronte los riesgos que hicieron tal alto nivel de vida posible en primer lugar. Adicionalmente, un subsidio sale de los ingresos fiscales que están pagando principalmente los pobres, constituiría una subvención obligado a ricos trabajadores cualificados de parte de los trabajadores pobres y sin capacitación.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El Importador (1/3)

Por Walter Block, tomado de “Defending the Undefendable”,  Capítulo 23

1-1-1-buy-american-vote-obamaLa Unión Internacional de Trabajadores de la Confección de Ropa para Damas (ILGWU) ha lanzado recientemente una inusual, extensa, y costosa campaña de publicidad. Por racista y xenófoba no tiene paralelo. El tema de la campaña es que los "Extranjeros" (deshonestos e indignos) están tomando los trabajos de los estadounidenses (honestos, honrados y francos). Tal vez el anuncio más famoso de la serie es el que representa un bandera de Estados Unidos por encima de la leyenda "Made in Japan." Otro presenta una imagen de un guante de béisbol, con la leyenda "El Gran Juego Antiamericano". El texto de acompañamiento explica que los guantes de béisbol y las banderas de Estados Unidos son importados.

La razón de ser, se nos dice, para estos duros ataques a las importaciones es que crean desempleo en Estados Unidos. Y en un nivel superficial, el argumento parece plausible. Después de todo, cada bandera americana o guante de béisbol que se podría haber producido en el país, pero por el contrario fue importado, representa trabajo que podría haber sido producido por estadounidenses. Ciertamente, esto significa menos empleo para los trabajadores estadounidenses. Si el argumento se limitara a este aspecto, el caso para la restricción de la ILGWU, si no la prohibición de las importaciones, estaría correctamente definido.

El argumento, sin embargo, es falaz, y las consecuencias a la que conduce lógicamente son claramente erróneas. La premisa que justifica el proteccionismo a nivel nacional también lo justifica a nivel estatal. Vamos a ignorar la imposibilidad política (inconstitucionalidad) de que un Estado establezca tarifas entre éste y otros estados. Esto es, después de todo, irrelevante para el argumento económico de la ILGWU en contra del comercio libre. Teóricamente, ningún estado podría justificar su política en la misma forma que una nación puede. Por ejemplo, el estado de Montana podría prohibir las importaciones procedentes de otros Estados sobre la base de que representan trabajos que Montana podría tener. Un programa llamado "Comprar Montana" se podría poner en orden. Sería tan ilógico y poco sólido como la campaña ILGWU de "Buy American".

El argumento, sin embargo, no se agota en el ámbito estatal. Se puede, con igual justificación, aplicarlo a las ciudades. Considere la importación de un guante de béisbol a la ciudad de Billings, Montana. La producción de este ítem podría haber creado empleo para un habitante de Billings, pero no fue así. Por el contrario, creó puestos de trabajo, por ejemplo, para los ciudadanos de Roundup, Montana, donde fue fabricado. Los padres de la ciudad de Billings podrían tomar la posición de la ILGWU y "patrióticamente" declarar una moratoria sobre los intercambios entre los ciudadanos de su ciudad y los agresores económicos del exterior de Roundup. Esta tarifa, como las de las subdivisiones políticos más grandes, estaría diseñada para salvaguardar los puestos de trabajo de los ciudadanos.

Pero no hay razón lógica para detener el proceso en el nivel de ciudad . La tesis de la ILGWU lógicamente puede extenderse a los barrios en Billings, o a las calles dentro de los barrios. "Comprar Elm Calle " o "Paren la exportación de puestos de trabajo a la calle Maple” podrían convertirse en los gritos de batalla de los proteccionistas. Del mismo modo, los habitantes de cualquier bloque de Elm Street podrían usarlos en contra de sus vecinos del otro lado de la calle. Y aun allí el argumento no se detendría. Tendríamos que concluir que se aplica incluso a los individuos. Para clarificar, cada vez que una persona hace una compra, esta renunciando a la fabricación de la misma. Cada vez que compra zapatos, un par de pantalones, un guante de béisbol, o una bandera, esta creando oportunidades de empleo para otra persona y, por lo tanto, excluyendo a aquellas propias. Así, la lógica interna del alegato proteccionista de la ILGWU conduce a insistir en la autosuficiencia absoluta, a un total interés económico en la renuncia a comerciar con todas las demás personas, y la auto-producción de todos los elementos necesarios para el bienestar.

Es evidente que este punto de vista es absurdo. Todo el tejido de la civilización se basa en el apoyo mutuo, la cooperación y los intercambios entre personas. Abogar por el cese de todo el comercio es un disparate, y sin embargo, esto es lo que inevitablemente persigue la posición proteccionista. Si el argumento a favor de la prohibición del comercio a nivel nacional es aceptable, no hay punto de parada lógica en el plano del estado, la ciudad, el barrio, la calle, o el bloque. La que como último lugar de parada es el individuo, porque el individuo es la unidad más pequeña posible. Premisas que conducen inevitablemente a una conclusión absurda son ellas misma absurdas. Por lo tanto, sin bien el argumento proteccionista podría parecer a primera vista convincente, hay algo terriblemente erróneo en él.

En concreto, la esencia de la falacia es un malentendido sobre la naturaleza y la función del libre comercio. El comercio que a nuestro juicio, supera al fuego, la rueda, y el pulgar oponible en la explicación de la superioridad del hombre sobre los animales. Para él y solamente él hace la especialización y la división del trabajo posible.

En su vida diaria las personas consumen prácticamente cientos de miles de artículos diferentes cada año. Si no fuera por la especialización, cada persona se vería obligada a fabricar estos elementos por sí mismo. Esto sería una tarea imposible. De hecho, las personas ni siquiera serían capaces de producir suficientes alimentos para sí mismos, por no hablar de producir todos los demás bienes que pudieran desear. La producción eficiente de alimentos comprende la producción de otras muchas cosas, incluyendo bienes de capital. La producción de estas cosas involucraría a cada persona en la fabricación de todos los elementos que son ahora distribuidos a la totalidad de una población.

Es muy cierto que sin el fuego, la rueda, y pulgares oponibles, la humanidad se encontraría en un estado lamentable. Pero sin especialización, sería imposible prácticamente para cualquier persona, incluso alimentarse por sí mismo, todo el mundo enfrentaría a la perspectiva de la inanición y la muerte.

Con la especialización, cada persona puede limitar sus esfuerzos productivos a aquellas áreas en las que se desempeña mejor. Pero el comercio es el eje que mantiene al sistema unido. Sin la posibilidad de comercio, la gente acumularía  enormes cantidades de imperdibles inservibles, clips de papel, o lo que sea. Sin la posibilidad de comercio, los incentivos para la especialización y la división del trabajo se habrían ido. Todo el mundo se vería obligado al intento de suicidio de llegar a ser autosuficientes.

Traducido por Libertario

domingo, 26 de septiembre de 2010

Byron Moreno. ¿Criminal o Víctima?

Es la noticia de la semana, un ex árbitro FIFA ecuatoriano famoso por sus polémicas actuaciones en la cancha de juego fue atrapado intentando ingresar con 6 kilos de heroína escondidos en el cuerpo a EEUU.

Inmediatamente los medios y los burócratas se hacen eco de la mala suerte de Moreno. Todos buscan el culpable en alguna parte menos en la irresponsabilidad de Moreno. Apuntan a la ineficiencia de los controles aeroportuarios o incluso a los empleados de la aerolínea con los que Moreno tuvo contacto.

Pero veamos un poco más allá de la decisión de Moreno que es arriesgada e irresponsable para su libertad,  ¿acaso mató a alguien?, ¿robó propiedad que no era suya?, ¿golpeó o retuvo alguien en contra de su voluntad? NO, a Moreno se lo condenará a pesar de que no existe víctima alguna por su “crimen”.

Se podría decir que Moreno rompió la ley y que sus acciones llevan a que miles se droguen y mueran. Pero si seguimos esa lógica se debería condenar a los distribuidores de licores por los accidentes mortales que provocan los consumidores de alcohol. La diferencia con uno y otro es que el alcohol a pesar de sus efectos negativos comparables con el de varias drogas es legal.

El pobre ex arbitro se sumará a los cientos de miles de personas cuyas vidas han sido arruinadas por la tristemente celebre “guerra contra las drogas”, posiblemente uno de los experimentos estatistas mas dañinos de la historia y cuyo permanente fracaso recién se esta poniendo en tela de duda en los últimos tiempos.

Tanto conservadores como progresistas son partidarios de esta inútil guerra, su visión paternalista podría resumirse en “la gente es demasiado idiota para dejarla libre” y el uso de sustancias que alteran el estado de ánimo no es la excepción.

A continuación reproduzco un excelente artículo de Juan Carlos Hidalgo con respecto al tema:

10 razones para la legalización de las drogas

La prohibición de las drogas ha tenido consecuencias desastrosas muy similares a la que sufrió el alcohol en los años veinte en Estados Unidos. Sin embargo, en vez de reconocer el fracaso de dicha política, la mayoría de los gobiernos alrededor del mundo se han empeñado en gastar más recursos y atentar más contra las libertades de sus ciudadanos en un esfuerzo inútil por detener el comercio ilegal de narcóticos. Legalizar las drogas eliminaría o mitigaría significativamente las terribles consecuencias que enfrentamos bajo el actual enfoque prohibicionista:

  1. La legalización pondría fin a la parte exageradamente lucrativa del negocio del narcotráfico, al traer a la superficie el mercado negro existente. Y con la desaparición de la clandestinidad del narcotráfico disminuye dramáticamente la problemática social ligada a dicha actividad. La actual prohibición de las drogas no detiene al mercado, simplemente lo ha sumergido bajo el manto de la ilegalidad, y cuando un negocio es un crimen, los criminales tomarán parte de éste. Según las Naciones Unidas, el tráfico de drogas genera $400.000 millones anuales, lo cual representa un 8% del comercio mundial, comparable con la industria de textiles. Dicho botín representa una tentación irresistible para los criminales del mundo.
  2. La legalización reduciría dramáticamente el precio de las drogas, al acabar con los altísimos costos de producción e intermediación que implica la prohibición. Esto significa que mucha gente que posee adicción a estas sustancias no tendrá que robar o prostituirse con el fin de costear el actual precio inflado de dichas substancias.
  3. Legalizar las drogas haría que la fabricación de dichas sustancias se encuentre dentro del alcance de las regulaciones propias de un mercado legal. Bajo la prohibición, no existen controles de calidad ni venta de dosis estandarizadas. Esto ha conducido a niveles de mortalidad altos a causa de sobredosis o envenenamiento por el consumo de drogas. De hecho, según un estudio del Cato Institute realizado por James Ostrowski, el 80% de las muertes relacionadas con drogas se deben a la falta de acceso a dosis estandarizadas.
  4. El narcotráfico ha extendido sus tentáculos en la vida política de los países. Importantes figuras políticas a lo largo de Latinoamérica han sido ligadas con personalidades y dineros relacionados con el tráfico de drogas. Tal vez aquí yace la razón por la cual la guerra contra las drogas se intensifica año con año. Los grandes narcotraficantes son los que más se benefician con la actual prohibición, y los operativos anti-drogas que se practican en Latinoamérica sirven para eliminarles la competencia que enfrentan por parte de los pequeños y medianos distribuidores. La legalización acabaría con esta nefasta alianza del narcotráfico y el poder político.
  5. Legalizar las drogas acabaría con un foco importante de corrupción, la cual aumenta en todos los niveles del gobierno debido a que una substancial cantidad de policías, oficiales de aduana, jueces y toda clase de autoridades han sido comprados, sobornados o extorsionados por narcotraficantes, creando un gran ambiente de desconfianza por parte de la población hacia el sector público en general.
  6. Los gobiernos dejarían de malgastar miles de millones de dólares en el combate de las drogas, recursos que serían destinados a combatir a los verdaderos criminales: los que le violan los derechos a los demás (asesinos, estafadores, violadores, ladrones, grupos terroristas). Además, con la legalización se descongestionaría las cárceles, las cuales hoy en día se ven inundadas por gente cuyo único crimen fue el consumo de substancias que están prohibidas por la ley. Todos estos esfuerzos por combatir el tráfico de drogas han sido inútiles. Por ejemplo, las mismas autoridades reconocen que a pesar de todo el dinero gastado, los esfuerzos actuales solo interceptan el 13% de los embarques de heroína y un máximo del 28% de los de cocaína. De acuerdo con las Naciones Unidas, las ganancias de las drogas ilegales están tan infladas que tres cuartos de todos los embarques deberían ser interceptados con el fin de reducir de manera significativa lo lucrativo del negocio.
  7. Con la legalización se acaba el pretexto del Estado de socavar nuestras libertades con el fin de llevar a cabo esta guerra contra las drogas. Intervenciones telefónicas, allanamientos, registro de expedientes, censura y control de armas son actos que atentan contra nuestra libertad y autonomía como individuos. Si hoy en día las drogas son accesibles incluso en las áreas de máxima seguridad de las prisiones, ni siquiera convirtiendo a nuestros países en cárceles vamos a lograr mantener a las drogas fuera del alcance de aquellos que quieran consumirlas. Legalizando estas substancias evitaremos que los gobiernos conviertan a nuestros países en prisiones de facto.
  8. Legalizar las drogas desactivará la bomba de tiempo en la que se ha convertido Latinoamérica, especialmente países como Ecuador, Bolivia y Colombia. En este último, las guerrillas financiadas por el narcotráfico manejan miles de millones de dólares en equipos militares de primera línea, y amenazan con extender su lucha a países como Panamá, Brasil y Venezuela. Hace un par de años se descubrió la fabricación de un submarino en Colombia para el transporte de armamentos y drogas, lo que demuestra el poderío de estos grupos guerrilleros. Todo esto ha llevado a una intervención creciente por parte de Estados Unidos, quienes desde hace un par de años han venido fortaleciendo su presencia militar en la región de una manera nunca vista desde el fin de la Guerra Fría.
  9. En una sociedad en donde las drogas son legales, el número de víctimas inocentes producto del consumo y la venta de estupefacientes se vería reducido substancialmente. La actual política afecta directamente tanto a los consumidores de narcóticos como a terceros. Es así como gran cantidad de personas que nunca han consumido estas sustancias o que no están relacionadas con la actividad se ven perjudicadas o incluso pierden la vida debido a las "externalidades" de la guerra contra las drogas: violencia urbana, abusos policiales, confiscación de propiedades, allanamientos equivocados, entre muchos otros.
  10. La legalización conducirá a que la sociedad aprenda a convivir con las drogas, tal y como lo ha hecho con otras sustancias como el alcohol y el tabaco. El proceso de aprendizaje social es sumamente valioso para poder disminuir e internalizar los efectos negativos que se derivan del consumo y abuso de ciertas sustancias. Sin embargo, políticas como las de la prohibición, al convertir a los consumidores en criminales, desincentivan la aparición de comportamientos y actitudes sociales necesarios para poder lidiar con los problemas de la adicción y el consumo tempranero de dichas sustancias.

Luego de muchos años de malas experiencias con la política actual, y tras un análisis detallado de las consecuencias no deseadas de prohibir el consumo y la venta de substancias que la gente quiere, es necesario que lleguemos a la conclusión de que las drogas deben ser legalizadas si no queremos seguir el camino autodestructivo al que nos está conduciendo la prohibición moderna.

lunes, 19 de julio de 2010

Mercantilismo en Bicicleta. El Nuevo Blog del Compañerito

Correa ha abierto un nuevo blog donde supuestamente da cátedra de economía a sus súbditos, en realidad de lo que da cátedra es del mercantilismo rancio que lleva siglos aplicándose según la conveniencia de los políticos. Deje un par de comentarios en ese espacio tan “democrático” pero no los publicaron, al parecer solo se permiten los mensajes de adulones y fanáticos correistas.

Defendiendo la depreciación de la moneda

La tesis de Correa las devaluaciones potencian las exportaciones al hacer más barato el producto nacional y encarecer las importaciones. Patético, lo que NO dice Correa es que el sueldo de TODOS los ecuatorianos DISMINUYE en el mismo porcentaje en el que se devalúa la moneda razón por la cual las importaciones se encarecen. Otra cuestión que NO indica Correa es que al productor "nacional" le van a costar más debido a la devaluación sus insumos, materiales y maquinarias que no se produzcan en el país.

Compañeritos veamos si por lo menos en la bicicleta le pego una!!!

Si la depreciación de la moneda per se sería positiva Zimbabwe y sus hiperinflaciones lo habrían llevado a ser una potencia exportadora mundial y no un país pobrísimo. De igual manera Alemania teniendo una moneda “fuerte” como el Euro sería un país miserable y no el segundo exportador mundial. Vale aclarar que casi todos los países del top 10 de exportadores mundiales tienen monedas que se podrían consideradas como fuertes.

La fortaleza económica de los países pasa por por otras variables como la productividad, la innovación, la seguridad jurídica pero sobretodo por la pujanza de sus empresas privadas no por devaluaciones desastrosas para el bolsillo del más pobre.  En relación con este tema ya los traté con anterioridad aquí y aquí.

Contra los TLCs, Tratados de “Libre” Comercio

Cuanta ignorancia se oye con respecto a los supuestos tratados de “libre” comercio, en realidad deberían llamarse “Tratados de Comercio Controlado”, si fueran realmente libres serían muy simples: las aduanas se cierran y no como el NAFTA entre EEUU, Canadá y México que tiene miles de reglas, excepciones y plazos. Un tratado de comercio controlado en este sentido es el ATPDEA que Ecuador tiene firmado y que lo renuevan con ansias los revolucionarios cada vez que expira; la diferencia es el plazo el NAFTA es a largo plazo y el ATPDEA a cortísimo plazo.

El gobierno para sostener su tesis mercantilista y proteccionista disfrazada de soberanía presenta datos sesgados contra los tratados comerciales; ponen de ejemplo a México que supuestamente esta peor que antes de firmar el NAFTA, pero Canadá también lo firmó y no ha caído en una espiral de miseria. Nunca presentarán casos de éxito como el caso de Chile al que que SÍ le funcionan los tratados binacionales de comercio que tiene firmados con decenas de países.

En este mundo tan estatizado un tratado de comercio bilateral que flexibilice en algo el comercio es mejor que aislarse en la autarquía o juntarse a países más pobres que el Ecuador para comerciar (caso ALBA). ¿O será que los exportadores ecuatorianos van a ser subsidiados por el gobierno a costa del resto de los ecuatorianos solo por mantener su posición ideológica?

¿Es realmente algo novedoso lo que predica Correa?, ¿Se necesita dos Masters y un Phd en economía para predicarlo? La respuesta es no, son ideas tan viejas que ya se practicaban en el siglo XVII de parte de las monarquías absolutistas. Ahora irónicamente las quieren hacerlas pasar por “revolucionarias”.

miércoles, 21 de abril de 2010

La ofensiva de la Banda del Ocho

Por Juan Ramón Rallo

Bob Geldof, promotor de LIVE 8.

La semana pasada concluimos que el camino de África hacia la prosperidad debe pasar necesariamente por el respeto a la propiedad privada y su apertura al exterior. En otras palabras, si algo necesita África es más capitalismo y globalización. Sin embargo, estas propuestas de sentido común, tanto teórico como histórico, son rara vez oídas en Occidente.

Los grandes medios de comunicación contraponen deliberadamente dos modos de solucionar la pobreza que en el fondo son idénticos: por un lado tenemos el G-8, cumbre política capitalista y economicista; por otro el Live 8, movimiento social y solidario

El G-8 y Live 8 son vistos como el frío y el calor, la razón y el corazón, el pragmatismo y las buenas intenciones. El ciudadano medio tiende a observar ambos movimientos como dos caminos para erradicar la pobreza: uno calculador, lento pero eficaz, y otro impulsivo, bienintencionado pero torpe.

En realidad, la diferencia entre el G-8 y el Live 8 son mínimas; mucho más adecuado sería agruparlos en el calificativo de la Banda del 8. Ambos movimientos desconfían del individuo, del capitalismo y de la propiedad privada. Sus recomendaciones pasan indefectiblemente por expoliar al ciudadano occidental e incrementar el intervencionismo y la planificación en África. Unos y otros son, al fin y al cabo, socialistas, ya sea de cabeza o de corazón.

Aun así, conviene estudiar cuáles son los efectos de algunas de sus más sonadas propuestas para desarrollar el Tercer Mundo. ¿Tienen algún efecto positivo?

La redistribución cósmica del 0’7%

Tanto el Live 8 como el G-8 parecen dispuestos a donar al Tercer Mundo un 0’7% de su PIB. Sin duda, se trata de la principal reivindicación de los grupos socialistas, que todavía no han entendido absolutamente nada acerca del funcionamiento de la sociedad.

La donación del 0,7% del PIB fue una de las promesas electorales de Zapatero.El gran economista del desarrollo P. T. Bauer solía resumir el problema de la ayuda externa en dos frases que nos servirán como guión para nuestra explicación.

Por un lado, la ayuda externa no es necesaria ni suficiente para lograr el desarrollo. Como dijimos, el elemento clave para la generación de riqueza es la propiedad privada, que da lugar a la división del trabajo y a la acumulación de capital. Sin propiedad privada la ayuda externa, simplemente, se despilfarrará.

Imagine que usted recibe un premio de 10.000 euros; tiene dos opciones: o gastarlo o invertirlo. El desarrollo necesita, como ya hemos señalado, de inversión en bienes de capital. Sin protección de la propiedad privada, empero, toda inversión resultará absurda, pues el Gobierno podría expropiarle en cualquier momento su riqueza. La decisión más racional será utilizar los 10.000 euros en gastos corrientes e inmediatos.

Además, aun cuando algún arriesgado africano se decidiera a invertirlos, sin reconocimiento de la propiedad privada, su empresa quebraría a las pocas semanas. ¿Quién puede acumular riqueza en un clima hostil a la riqueza? Por poner una analogía: antes de repoblar un bosque hay que apagar el incendio. Si empezáramos a plantar árboles cuando las llamas aún estuvieran incandescentes los nuevos árboles serían rápidamente arrasados por el fuego.

Ahora bien, la ayuda externa tampoco es necesaria para el desarrollo. Como vimos en el primer artículo, cuando la propiedad privada y la libertad comercial están presentes el ritmo de creación de riqueza deviene tan acelerado que las transferencias públicas resultan, cuando menos, irrelevantes. "Aramos", le dijo la mosca política al buey empresarial.

Ningún país se ha desarrollado gracias a la planificación política. El colapso del sistema socialista está suficientemente reciente como para que algunos sigan implorando la ayuda externa a modo de panacea.

Pero además P. T. Bauer resumía el problema de la ayuda externa como la transferencia coactiva de dinero desde los pobres de los países ricos hacia los ricos de los países pobres. El famoso 0’7% supone, en la práctica, una consolidación de las dictaduras que empobrecen África.

Lejos de contribuir a la limitación de su poder, el 0’7% incrementa el poder y afán dirigista de unos regímenes asentados en el vilipendio de las libertades de sus ciudadanos y en el nulo respeto a la propiedad privada. Cabe afirmar, pues, que, lejos de ser inútil, la ayuda externa resulta nociva para el Tercer Mundo.

Los tiranos desvían la atención del auténtico problema –su ataque a la propiedad privada–, los occidentales se sienten complacidos con su contribución y los africanos se estancan en la miseria. ¿Qué más podría esperarse de una transferencia desde los europeos a los políticos africanos?

Un impuesto regresivo llamado Tasa Tobin

Desde diversas asociaciones izquierdistas como Attac se viene clamando por la necesidad de imponer un impuesto a las transacciones financieras internacionales (concretamente, en el cambio de moneda) para obtener fondos suficientes para desarrollar el Tercer Mundo.

Campaña de Attac Italia en favor de la Tasa Tobin.La crítica al 0’7% resulta aplicable a este caso: la ampliación del poder político no sirve para enriquecer a los países, más bien para empobrecerlos. Pero es que, además, la Tasa Tobin tiene una serie de efectos perversos adicionales que conviene destacar.

Por un lado, el impuesto grava los canjes de moneda, de manera que se encarece invertir en el extranjero. Por ejemplo, si un europeo crea una empresa en Ghana, y contrata a varios trabajadores ghaneses, tendrá que convertir los euros en nuevos cedis (moneda oficial de Ghana), para lo cual tendrá que pagar el impuesto. En otras palabras, la Tasa Tobin, por mucho que sus defensores lo nieguen, reduce la inversión de capital en países extranjeros. En ese sentido, si recordamos el primer artículo rápidamente entenderemos los efectos perversos que puede tener para el desarrollo. Sin capital no hay posibilidad de aumentar la riqueza.

Por otro lado, la Tasa Tobin es un impuesto regresivo, especialmente perjudicial para los pobres. La razón es que las monedas débiles siempre se expresan en dólares, de manera que el número de transacciones se dobla. Imaginemos que un agricultor ghanés vende su mercancía en Japón. Lógicamente, tendrá que convertir los yenes en nuevos cedis; el problema es que antes deberá convertir el yen en dólares, y luego los dólares en nuevos cedis. Así, la Tasa Tobin grava doblemente a los más pobres con monedas débiles.

En resumen, como ayuda externa es nociva, en tanto refuerza el socialismo de las dictaduras africanas; como impuesto sobre las transacciones financieras desalienta la acumulación de capital y se ceba especialmente con los más pobres.

La cultura os hará ricos

Otro mito muy extendido acerca de África es que su pobreza está estrechamente relacionada con su escasa alfabetización. En realidad, la pobreza es la causa del analfabetismo, no a la inversa. Las sociedades primero se enriquecen y luego se alfabetizan; o, mejor dicho, se alfabetizan conforme se enriquecen.

Ya dijimos que cuando la división del trabajo opera en el marco del capitalismo y de la propiedad privada las personas se especializan en su oficio. Esta especialización es, precisamente, un tipo de educación. Se adquieren nuevas técnicas para servir de mejor modo al consumidor.

Además, las sociedades basadas en la propiedad privada se caracterizan por una continua acumulación de capital. Una forma de este capital es el aprendizaje que un individuo adquiere en el sistema educativo.

Ahora bien, de la misma manera que sería absurdo que un empresario construyera en Kenia "media" fábrica de automóviles (es decir, que la inversión en capital se quedara a la mitad), también resulta descabellado inundar África de universitarios cuando carecen de los bienes de capital necesarios para utilizarlos. ¿Qué hará un ingeniero de telecomunicaciones con una azada?

Dos alumnos de una escuela norteamericana.Planificar políticamente la educación de una sociedad suele tener, además, dos malignas consecuencias. Primero, supone una excusa perfecta para que los gobiernos expandan su poder planificador e incrementen los impuestos; esto no sólo supone un nuevo ataque a la propiedad privada de los africanos, sino que los occidentales verán reducidos los incentivos de invertir en un país donde una creciente parte de las rentes es expropiada por el Gobierno. Segundo, los individuos más educados no encuentran en sus países empleos "adecuados a sus capacidades" ni "retribuciones suficientemente altas". En otras palabras, tiene lugar la famosa "fuga de cerebros". Dado que Occidente necesita de universitarios, en lugar de trabajar en sus sociedades los individuos más preparados emigran a los países ricos.

El resultado neto es que los africanos financian coactivamente –a través de sus impuestos– la educación de los trabajadores de las empresas occidentales.

¿Quién debe a quién?

Aun cuando en principio me siento atraído por la idea de que los ciudadanos africanos se nieguen a pagar unas deudas que han sido contraídas entre los tiranos africanos y los tiranos europeos, hay que señalar que si algo no necesita África son tratos especiales.

Pocas cosas causan más daño a los africanos que la creencia de que el mundo tiene una deuda pendiente con ellos por siglos de colonización y explotación. Los africanos tienen que desarrollarse como lo ha hecho todo el mundo, no a través de vacíos créditos sociales. De esos créditos no se deriva la riqueza, sino su espejismo.

Primero, una gran cantidad del dinero ahora adeudado fue ingresado en las cuentas bancarias de los dictadores africanos. En este sentido, nada más sencillo para cancelar la deuda que localizar los activos de los dictadores.

Segundo, al igual que con el 0’7%, la cancelación de la deuda no es condición necesaria ni suficiente para el desarrollo. Si la propiedad privada sigue sin respetarse, la cancelación de la deuda sólo servirá para que los dictadores vuelvan a endeudarse y para expandir el poder del Estado. Si la propiedad privada se respeta no habrá dificultades para, a través de la continua generación de riqueza, devolver la deuda.

Tercero, una de las facetas de la propiedad privada es el cumplimiento de las obligaciones contractuales. Incluso en el caso de que la cancelación pudiera tener unas iniciales consecuencias beneficiosas, el daño moral causado por la violación pública e internacional del cumplimiento contractual compensaría, con mucho, los beneficios obtenidos.

Dicho todo esto, hay que señalar que las situaciones de deudas estatales internacionales son del todo repulsivas. Las burocracias internacionales como el FMI y el Banco Mundial deben ser inmediatamente cerradas. Es intolerable tanto que los tiranos africanos se endeuden en nombre de sus ciudadanos como que los tiranos europeos presten nuestro dinero sin nuestro consentimiento.

Conclusión

Después de esta serie de artículos podemos extraer una serie de conclusiones acerca del desarrollo. Primero, la propiedad privada es la base de la generación de riqueza, a través de la división del trabajo y la acumulación de capital. Segundo, la pobreza africana se debe, en buena medida, a esa ausencia de respeto a la propiedad privada, pero también a la nefasta política proteccionista de Occidente. Tercero, las propuestas socialistas de la Banda del 8, en caso de implementarse, no sólo no conseguirán enriquecer a África, sino que la hundirán más en la miseria.

África ya ha tenido suficientes décadas de caudillismo y socialismo como para perseverar en el mismo error. Démosle una oportunidad a la libertad.

lunes, 19 de abril de 2010

Por qué el socialismo empobrece a África

Por Juan Ramón Rallo

La semana pasada analizamos detalladamente cuáles eran las causas de la riqueza. No ha habido sociedad en la historia de la humanidad que no se haya enriquecido siguiendo el camino trazado: división del trabajo y del conocimiento, intercambios voluntarios y acumulación de capital.

A su vez, perfilamos que la globalización abre las posibilidades. La división del trabajo ya no tiene que ajustarse a los estrechos límites de un país como España, sino que la especialización puede realizarse a nivel europeo, incluso mundial, aumentando su eficiencia. Cada individuo, en cualquier parte del mundo, puede producir, tras un análisis empresarial de las necesidades de los consumidores, aquello para lo que está más capacitado, sabiendo que podrá venderlo a las más lejanas sociedades. Por último, el capital puede invertirse por todo el orbe de una manera más adecuada en atención a su productividad y a los costes asociados.

En este sentido, por ejemplo, si una guerra devastara toda la riqueza alemana, la recuperación económica sería rápida. Los alemanes estarían forzados al principio a aceptar bajos salarios, ya que sus bienes de capital habrían desaparecido y, por tanto, su productividad sería baja (unos salarios más elevados que la productividad significarían que el empresario está pagando más de lo que espera obtener vendiendo el producto). Estos bajos salarios permitirían a los empresarios españoles producir en Alemania lo mismo que en España, pero a un menor coste. Es más, podrían producir en Alemania y seguir vendiendo la producción a sociedades ricas como España o Reino Unido.

Por tanto, la inversión extranjera en bienes de capital empezaría a reconstruir todo el equipo productivo alemán que había sido destruido con la guerra, y ello, a su vez, provocaría un incremento de los salarios. De esta manera, la situación de pobreza postbélica sería rápidamente revertida. Alemania volvería a ser una sociedad rica, gracias a la globalización. Algo similar, de hecho, ocurrió tras la II Guerra Mundial.

Uno de los incontables rascacielos de Hong Kong.Con todo, muchos han sido los intentos por hacernos creer que el Plan Marshall salvó a Europa de la miseria. Hong Kong, por ejemplo, era por aquel entonces una ciudad paupérrima, y no recibió ningún tipo de Plan Marshall; hoy, gracias a sus libres mercados, interiores y exteriores, es la región más rica y libre del mundo. Fueron, pues, las inversiones empresariales las que reconstruyeron la riqueza Europea, no los planes de algunos políticos iluminados.

Ahora bien, si todo esto es así, ¿por qué África sigue siendo pobre?

Propiedad privada y estabilidad institucional

En el anterior artículo aseguramos que no puede haber riqueza sin propiedad privada. Si yo no soy propietario de una trozo tierra, no podré incorporarlo a mis planes como medio hacia mis fines y, por tanto, no podré considerarlo riqueza. La propiedad común hace imposible que el individuo satisfaga sus fines y, especialmente, dificulta la consecución de fines muy lejanos.

La ausencia de seguridad jurídica sobre la posibilidad de retener los bienes, así como sus rendimientos, crea un perverso incentivo cortoplacista a saquear las propiedades comunes. Lo que es del común es del ningún, reza el refranero español. En teoría económica, a este fenómeno se lo conoce como "Tragedia de los Comunes", expresión acuñada por Garrett Hardin.

La explicación no puede ser más simple. Sin seguridad jurídica yo no puedo incluir un bien en mis planes a largo plazo, pues ignoro si tal bien habrá sido ya usado por otra persona con anterioridad. Es más, en realidad sólo podré dar algún uso a ese bien si lo utilizo antes que los demás, si lo empleo para planes muy inmediatos (ya que, en caso contrario, serán otros quienes lo empleen). Así, se produce una carrera entre los potenciales usuarios para ver quién esquilma antes el bien, es decir, quién lo integra antes en sus planes.

El resultado es la progresiva degradación de la "riqueza natural", que no llegará a convertirse jamás en "riqueza humana". No sólo eso: nadie estará dispuesto a invertir en capital si no tiene la seguridad de que podrá rentabilizarlo.

En África la gran mayoría de las tierras son comunales. Nadie acepta sacrificar su riqueza presente en unas tierras cuyos rendimientos revertirán sobre otras personas que no han invertido. La tendencia, por tanto, es a limitar al máximo el esfuerzo laboral propio para consumir los bienes obtenidos por los compañeros de trabajo. Si el reparto de frutos no depende del esfuerzo individual sino del resultado común, ¿puede esperarse otra cosa que el parasitismo?

El dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, uno de los grandes expoliadores de África.Pero esto, a su vez, incide sobre los otros dos medios a través de los que se genera la riqueza: la división del trabajo y la acumulación de capital.

Como hemos dicho, ningún africano emprenderá proyectos empresariales de muy lejano alcance por la enorme inseguridad jurídica que rodea la retención de los medios necesarios para acometerlos. La división del trabajo es un proyecto empresarial de largo alcance; aun en su forma más simple, cada persona deberá esperar a que otros adquieran sus productos para poder consumir aquello que realmente desea. Hay que producir, intercambiar lo producido por dinero y luego comprar el bien deseado.

Sin derechos de propiedad bien definidos, el individuo ignora si podrá completar el proceso: bien podría perder la propiedad de sus mercancías o la del dinero obtenido. Por ello, cada persona tratará de proveerse de aquello que necesita directamente; no pretenderá especializarse en satisfacer las necesidades ajenas. Retrocedemos, así, a una economía de subsistencia donde la división social del trabajo y del conocimiento ha desaparecido.

De la misma manera, la ausencia de instituciones estables que garanticen el derecho de propiedad (las frecuentes guerras civiles, las férreas dictaduras y las recurrentes expropiaciones nacionalizadoras) desalientan tanto a los propios africanos como a los occidentales de invertir allí su riqueza en forma de capital. Recordemos que la inversión en capital supone sacrificar riqueza presente para obtener una renta futura que compense el sacrificio actual. La ausencia de propiedad, pues, no sólo vuelve incierta la propiedad sobre ese conjunto de rentas futuras, sino sobre la inversión de capital que da lugar a las mismas.

Sin derechos de propiedad la riqueza se esfuma, la división de trabajo se resquebraja y el capital desaparece en cuanto a tal.

El proteccionismo occidental

La responsabilidad de los africanos, y especialmente de sus políticos, es manifiesta. La ausencia de instituciones y el fomento de dictaduras anticapitalistas es la razón de fondo de la pobreza en África. Sin embargo, la inexistencia de dichas instituciones no significa que no puedan aparecer y formarse. La inversión occidental, por ejemplo, promovería el respeto por la propiedad privada, el esfuerzo individual y la iniciativa empresarial. Los africanos empezarían a imitar y copiar las provechosas conductas occidentales, aprendiendo a aumentar su propio bienestar sin atacar el de los demás.

El problema es que los africanos se han convertido en víctimas del proteccionismo occidental. En el primer artículo dijimos que el progreso económico necesitaba de libertad de movimientos de personas, mercancías y capitales, esto es, de globalización. Pues bien, a pesar de que la izquierda no deje de repetir lo contrario, la globalización se encuentra en un estadio extraordinariamente primitivo.

Tierras de labor de Guinea Conakry.Los aranceles europeos y norteamericanos están matando a África (no en vano, en las pasadas elecciones europeas Coalición Liberal utilizó el contundente slogan de "La PAC mata"). No se trata, solamente, de que el proteccionismo impide a los africanos vender sus productos en los mercados occidentales a precios más elevados de los que podrían obtener en los mercados locales: el perjuicio de los aranceles va mucho más allá.

Dado que los empresarios occidentales saben que, en caso de trasladar sus plantas a África, no van a poder vender sus productos en Europa, los incentivos a la inversión occidental en África desaparecen. En otras palabras, si el empresario tiene la ventaja de producir barato en África y se ve constreñido a vender barato "en África", la razón para invertir en una zona inestable e insegura, con márgenes de beneficio similares a los occidentales, es escasa.

Así, las sociedades africanas no pueden recurrir al ahorro occidental para financiar sus estructuras de capital; al no existir libre comercio, la libertad de movimientos de capital se marchita.

Y sin ella difícilmente podrá África prosperar a corto plazo. Por un lado, porque las empresas occidentales no ejercerán su necesaria función de liderazgo, generando de manera espontánea las instituciones y comportamientos pautados previamente descritos. Por otro, porque sin el capital occidental, como ya dijimos, los africanos son incapaces de explotar su inmensa "riqueza natural". La izquierda puede frotarse las manos ante los sustanciosos recursos naturales africanos, pero sin el capital occidental son del todo accesorios e inútiles.

Pero, finalmente, y sobre todo, porque los africanos no tienen capacidad para acumular a corto plazo el ahorro necesario como para emprender inversiones en capital. Europa necesitó varios siglos para obtenerlo; a Asia, en cambio, le han bastado unas pocas décadas, gracias al excedente de ahorro occidental. África debería seguir el mismo camino, si los políticos, europeos y africanos, no distorsionaran la libertad empresarial.

Inmigrantes del África negra hacinados en una patera.Además, si recordamos las conclusiones del artículo anterior, no nos será difícil comprender algunas de las consecuencias de la política arancelaria. Dijimos que había dos opciones para conseguir aumentar el nivel de vida de los africanos: o bien los empresarios occidentales invertían en África, donde los salarios son bajos, para vender sus productos en Europa, o bien los africanos acuden allí donde los salarios son elevados.

Ante la imposibilidad de la primera opción, la segunda vía de escape aparece como el único camino. No es extraño, pues, que Europa, ante sus irresponsables aranceles, esté padeciendo enormes oleadas de inmigración. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Si el capital no puede acudir allí donde el salario es barato, el trabajo acudirá allí donde el salario es alto.

En el caso de que los políticos europeos quisieran realmente reducir la creciente inmigración que padece Europa, nada hay más urgente que eliminar los gravosos aranceles comunitarios. No ya sólo porque empobrezcan a los africanos, sino porque hacen lo propio con los consumidores europeos, forzados a pagar un precio superior al que hubieran desembolsado sin arancel.

Vemos, pues, cómo el ataque al libre comercio repercute necesariamente sobre el movimiento de capitales y la división social del trabajo. Ninguna restricción de las libertades es inocua, todas provocan una serie de acontecimientos sociales, a cada cual más nocivo: y es que los problemas de la inmigración en occidente se ven, a su vez, agravados por otra serie de políticas intervencionistas.

Para terminar con la pobreza y la inmigración descontrolada debemos reestablecer el libre comercio que caracterizó al siglo XIX, el de mayor expansión económica de la historia. Sólo así los empresarios occidentales decidirán invertir en África, facilitando la emergencia del respeto a la propiedad privada y de una clase empresarial nativa que liderará en el futuro el desarrollo de sus sociedades. El libre comercio, además, permitirá a los africanos acumular sus propios ahorros, lo que a su vez dará lugar a una clase capitalista africana.

Ninguna de estas propuestas ha sido planteada por el Live 8 y el G-8. En su lugar, hemos escuchado propuestas tan pintorescas como la Tasa Tobin, la condonación de la deuda externa, la escolarización obligatoria de la población y, sobre todo, la ayuda externa estatal a través del 0’7%. ¿Tienen estas propuestas algún viso de viabilidad o simplemente acrecentarán el problema original de la pobreza? Lo explicaremos en el próximo artículo.

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