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miércoles, 19 de octubre de 2011

¿Ley para Competencia o Premio a los Malos Perdedores?

Una vez más el gobierno ecuatoriano ha decidido copiar otra mala legislación presente en otros países, hablo de la famosa ley anti monopolio. Como es costumbre van un poco más allá de la clásica defensa de empresas perdedoras o incompetentes, el gobierno ecuatoriano pretende adicionalmente regular acuerdos voluntarios entre clientes y empresas como las tarjetas de afiliación para obtener descuentos; y acuerdos comerciales como plazos, multas o formas de pago con sus proveedores.


Paco Velasco asambleísta del partido nacionalsocialista Alianza País resume perfectamente el espíritu de la ley con las siguientes palabras:

"De una empresa bebidas refrescantes que tiene el 81 por ciento del mercado y que lo poco que queda deja que se repartan entre las 155 restantes. Eso no es justo y no lo permitiremos."

Velasco habla de The Coca Cola Company que a través de su subsidiaria en el país domina el mercado de bebidas, un mercado donde las únicas barreras las pone el Estado a través de registros sanitarios, fiscales, etc. Al parecer al señor Velasco le importa muy poco las preferencias de los clientes, el Estado debe entrometerse y dividir ese mercado en 1/156 para cada empresa, eso si sería justo.

Revisemos la teoría económica para validar si es correcto lo que indica el asambleísta. Para la competencia existe una definición correcta y otra errónea. ¿Es la competencia una situación o un proceso? La palabra viene del latín “Cumpetitio” que significa concurrencia múltiple de peticiones sobre un bien al que hay que asignar un dueño. La definición correcta es la de proceso dinámico en el que los empresarios rivalizan por descubrir y aprovechar oportunidades de ganancia (desajustes sociales) antes de que desaparezcan al ser aprovechadas por otros emprendedores.

La visión de la escuela austriaca de economía contrasta con la situación de "competencia perfecta" que definen los economistas matemáticos del equilibrio, estos definen erróneamente la "competencia perfecta" como una situación con múltiples oferentes de exactamente el mismo producto y al mismo precio.

Consecuentemente cada definición de competencia implica una definición distinta de monopolio. La definición errónea implica definir el monopolio como una situación estática donde hay sólo un vendedor de un producto.

Estos "monopolistas", según los economistas matemáticos, podrían imponer precios artificialmente altos en perjuicio de los consumidores. Cuando existen pocos competidores, a criterio de estos economistas, hay que combatir otro monstruo aquel que llaman oligopolio.

Tomando la definición correcta solo existe monopolio cuando se impide por la fuerza del Estado el libre ejercicio empresarial en alguna parcela de la sociedad. El predominio de una empresa no es perjudicial para los consumidores, es una señal de que ninguna otra empresa satisface a los clientes como ella lo hace.


En resumen los economistas matemáticos ven el tema de la competencia como una foto de la distribución del mercado y partiendo de ahí establecen arbitrariamente posiciones dominantes para luego aplicar sanciones en favor de los más incompetentes. El economista de la escuela austriaca basa su análisis en las barreras de entrada impuestas por el Estado a los agentes económicos a un mercado determinado.

Crítica a la llamada "ley de defensa de la competencia".

La competencia es el libre ejercicio empresarial y ya está defendida por los principios tradicionales del derecho. Las actuales leyes de defensa de la "competencia" utilizan el concepto matemático (erróneo) de competencia, entienden el monopolio como la presencia de un único vendedor y persiguen a las empresas que mejor sirven a la sociedad. La ley criminaliza a las empresas hagan lo que hagan. Por ejemplo:

Cobrar más que los competidores es abuso de posición dominante.

Cobrar menos es competencia desleal (dumping).

Cobrar igual es muestra de confabulación. (Cartel)

Pasemos a analizar algunos ejemplos paradigmáticos de juicios antitrust en USA:


1. La participación de mercado de la Standar Oil (1911) venía cayendo décadas antes del juicio antimonopolio. Cabe recalcar además que existían 137 empresas competidoras al momento del juicio, unas tan grandes que perduran hasta hoy como Shell o Texaco (llamada ahora Chevron).

2. En 1945 sancionaron a ALCOA literalmente por expandir rápidamente su producción y tener mejores procesos que otras empresas del ramo que le permitieron reducir sus costos y por ende sus precios, en resumen por ser competitiva.


3. En 2001 los burócratas de USA intentaron “ayudar” al consumidor demandando a Microsoft por distribuir el Internet Explorer de forma gratuita. Es digno de destacar que los consumidores no fueron los que solicitaron el juicio al señor Gates, sino un competidor (Netscape) tal como en todos los casos anteriores .

Si se analiza un poco más a fondo nos damos cuenta que el entramado de leyes antimonopolio es un sinsentido que sirve para proteger a empresas perdedoras de su competencia, como había anotado antes la Escuela Austriaca ve al Estado como el único ente que puede establecer monopolios u oligopolios. Solo el Estado tiene la facultad de imponer licencias, permisos, aranceles, cuotas de importación y privilegios de varias índoles a empresarios, supuestamente nacionales, para protegerlos de la competencia de afuera e incluso de la local.

Extrañamente los mismos políticos que mantienen esos privilegios, asumen que en un mercado libre de regulación es inevitable la formación de monopolios y la consecuente afectación a la competencia. Que mejor manera de terminar ilustrando tamaño sin sentido que con un poema:

TOM SMITH Y LA INCREÍBLE MÁQUINA DE HACER PAN de R.W. Grant



Esta peregrina historia
trata del buen Tom Smith
que le quitó el hambre al mundo
y pasó de héroe a vil.

Tom fabricaba juguetes
eran su especialidad
por eso a todos asombra
cuando se pone a hacer pan.

La máquina que ha inventado
no es de poco más o menos:
hace el pan casi de balde,
en rebanadas y envuelto.

¿Imagináis el milagro?
¿Calculáis las consecuencias?

Al fin come el mundo entero
gracias a Smith y su ciencia.

Le recibe el Presidente,
todo el mundo le festeja,
y honores y distinciones
llueven sobre su cabeza.

Pero ¿hay algo tan voluble
como la cochina fama?

De Tom, héroe hoy,
nadie se acuerda mañana.

El tiempo vuela; y Smith,
aunque se ha hecho millonario,
no es ya nadie para quienes
comen su pan a diario.

"¿De dónde viene ese pan?"
le preguntáis a la gente;
y ellos comen y se extrañan:

"¡Ah!, ¿pero no lo hubo siempre?"

La verdad es que eso a Smith
no llega a quitarle el sueño,
pues piensa:"Todo va bien:
yo rico y ellos contentos"

¿Qué todo va bien, Smith?

No contaba con el destino.

Si no, ved lo que pasó
a partir de aquella fecha.
en que, al subir los impuestos,
y aun sin irse de la mano,
tuvo que subir el pan

¡Ahora cuesta ya un centavo!

"¿Qué pasa?", clama la gente.

"¿Qué pretende el muy infame?

¿Quiere apilar más millones a costa de nuestra hambre?"

(Vean su caricatura -gran panza, hocico porcino quitando el pan de la boca a un famélico chiquillo.)

Como el Pueblo es lo primero,
nadie lo podrá discutir
que en asuntos de esta clase
a él le toca decidir.

Intervienen presurosos
los agentes del gobierno,
y lo que encuentran les pasma:

El "trust del pan", nada menos.

La cosa se pone seria,
 y, curándose en salud,
Smith decide pasarse
por la oficina antitrust.

Allá va, sombrero en mano:

"Les han engañado a ustedes.
No he quebrantado la ley".

Pero el funcionario advierte:

En época tan compleja
no basta la ley, hermano.

Es mucho más eficaz
dejarlo de nuestra mano.

Y por si usted no se encuentra
ducho en estos menesteres,
le diré cuál es la norma
para que de una vez se entere:

Aumento ilegal de precio
es cobrar más que un colega,
pero si cobra usted de menos
es desleal competencia.

Y téngalo bien presente,
no haya en esto confusión:

Si cobran todo lo mismo
 será confabulación.

Debe competir, es cierto,
pero ande con pies de plomo,
pues si conquista el mercado

¡qué más claro monopolio!"

¿Precio abusivo o escaso?

El uno al otro no quita.

Si el Bien Público está en juego,

¿por qué no la parejita?

Y, pues no cuesta trabajo,
a mayor abundamiento
le añaden el monopolio.

¡Hay que hacer un escarmiento!

"¡Cinco años!" truena el juez

"y bien pudieran ser más.
Hay que enseñar a esta gente
respeto a la sociedad".

Ahora el pan lo hace el gobierno,
y -no es preciso decirlo todo
está bien controlado
y el público protegido.

Claro que el pan sale a dólar.

Pero el Estado lo vende
a medio centavo. (El resto lo paga el contribuyente.)

domingo, 20 de febrero de 2011

Las Verdaderas Lecciones del Lejano Oriente

El 15 de enero se cumplieron 4 años de “Revolución Ciudadana”,  destaco que es un verdadero alivio que el régimen correista no haya tomado el camino económico de Venezuela que va rumbo a la autodestrucción de mano del coronel Chávez, o el de la isla prisión cubano como todos presentíamos hace 4 años.
 
Tampoco estamos para tirar cohetes, salvo si Ud. trabaja en la burocracia o es contratista estatal. Efectivamente existen pobres que están mucho mejor, pero en general el país crece a un ritmo mediocre a pesar del favorable contexto para los países que producen commodities. Basta compararnos con nuestros vecinos Perú y Colombia que viniendo de trasfondos más violentos y corruptos y que ahora están apresurados por recuperar el tiempo perdido y enrumbarse hacia un futuro más próspero atrayendo toda la inversión extranjera que pueden y liberalizando parcialmente sus economías. Resumiendo se puede decir que no estamos creciendo a todo nuestro potencial gracias al estatismo exacerbado e hiperactivo desplegado por el actual gobierno.
 
El gran problema del gobierno es ideológico, sueñan que pueden planificar la vida de los ecuatorianos para llevarnos al “Buen Vivir”. Ahora cambiaron su admiración por el modelo cubano de “desarrollo” (en verdad todavía creen que existe uno) por el de los tigres asiáticos. Supuestamente el gobierno al elegir que sectores y empresas favorecer con todo tipo de medidas va a generar empleo y prosperidad. Claramente es retomar el mercantilismo, siempre presente en la vida de los ecuatorianos, pero que esta vez asegurando que va a triunfar. El gran referente para el gobierno ecuatoriano entre los tigres asiáticos es el más pobre: Corea del Sur, en vez de apuntar a Hong Kong que el más rico. ¿Será porque Corea era una dictadura mientras se desarrolló?
 
 
El discurso oficial apunta a algo muy simple: el dirigismo económico si funciona y tenemos ejemplos en el extremo oriente para mostrarlo. Señalan a los supuestos modelos proteccionistas pro-exportación aplicados por estos países para salir de la pobreza. Pero en realidad tienen una visión miope del asunto, solo resaltan lo que se ajusta a su discurso estatista aminorando otras cuestiones a tomarse en cuenta.
 
Flexibilidad laboral y libertad económica
 
Taiwan o Hong Kong nunca hubieran alcanzado el nivel de desarrollo sin la flexibilización laboral que impusieron en los primeras años de su camino al desarrollo. Al no tener abundantes recursos naturales optaron por explotar su ventaja comparativa, la mano de obra barata, diligente y abundante.  Es lo que vemos ahora con los sueldos comparativamente “miserables” que se pagan en China, Vietnam o Malasia, lo mismo ocurría en Taiwan y Hong Kong décadas atrás. La flexibilidad laboral y el aumento progresivo de la productividad esta en contra la lógica del “salario digno” que quiere imponerse en Ecuador.
 
Culturalmente el asiático es proclive al orden, al ahorro y la laboriosidad. En cambio al ecuatoriano desde el gobierno central se lo incentiva a depender del Estado para sobrevivir y se sataniza al sector productivo. A eso se debe sumar la incansable propaganda marxista para alienar a trabajador para que vea a su patrono como su enemigo.
 
Cuando empezaron a crecer estos países liberalizaron sus economías, a diferencia de Ecuador que quiere mantenerse como una economía altamente intervenida. El ejemplo paradigmático es Hong Kong la nación más libre del planeta desde hace 40 años y el más próspero de todos los tigres asiáticos.
 
Por suerte existe un documental en español del sueco Johan Norberg que puede aclararnos como se puede desarrollar un país partiendo de la miseria. Se ruega al lector darle un vistazo, no tiene desperdicio:
 
El Fracaso del Dirigismo Nipón
 
Tomemos el caso paradigmático del dirigismo estatal, Japón. El credo oficial de intervencionista indica que Japón llegó a ser la potencia mundial gracias al Estado interventor, este junto con las grandes corporaciones planificaron que producir,como producir y en que cantidades logrando un éxito sin precedentes.
 
En realidad Japón se desarrolló a pesar del Estado y no gracias a él. El mayor y más evidente problema de la planificación central de la economía es de conocimiento, este al estar tan disperso es imposible de manejarse y sintetizarse en grandiosos planes quinquenales u otros por el estilo. Dado este escenario al planificador solo le queda elegir arbitrariamente que actividades empresariales ganan y cuales pierden, dejando una puerta abierta a la corrupción y al enriquecimiento de unos pocos elegidos y en el camino malograr a muchos otros empresarios que no tienen la conexión política correcta.
 
Además debemos tener en cuenta el riesgo de que estos inteligentísimos planificadores se equivoquen y luego persistan en el error al no tener en cuenta las señales del mercado que son las perdidas y las ganancias. Japón no es la excepción, ahora es una economía zombie gracias a las interminables intervenciones estatales, Brad Hall lo describe de la siguiente manera:
 

El aumento histórico y la caída del poder económico del Japón ofrecen lecciones valiosas para los EEUU y China.

En los 15 años a partir de 1965, Japón aumentó su PIB de $ 91 millones a US $ 1 billón. En 1987, cuando comencé mi tesis doctoral sobre las prácticas de gestión empresarial japonesa, los japoneses ricos habían comprado en efectivo Pebble Beach, el Rockefeller Center y había comenzado a devorar a los bancos. Muchos observadores están convencidos de que no habría como detener a Japón. Luego, en 1989, todo terminó abruptamente cuando las burbujas inmobiliaria y bursátil japonesas explosionaron.

En un intento para reiniciar su fallida economía, el gobierno japonés rescató a los grandes bancos, adoptó políticas keynesianas de estímulo y redujo las tasas de descuento a corto plazo a un poco más que cero y las retuvo allí durante años.
 
Diez años más tarde, en 1999, los gastos de estímulo de Japón superaron los $ 1,5 billones, con pocos beneficios económicos. Hoy, la deuda de Japón es del 192% del PIB, el más alto de todos los países del G-20. Y en la primera década del nuevo milenio, ajustado a la inflación el crecimiento del PIB de Japón es del 0,22%. Japón cayó y sigue sin poder ponerse de pie ....
 
... Diez años después del colapso del "milagro japonés", el profesor de Harvard y gurú de la estrategia de Michael Porter y el profesor japonés Hiroshi Takeuchi realizaron una autopsia. Sus resultados, publicados en el libro Puede Competir Japón? identificaron varias causas del fracaso económico. La más perniciosa fue la intervención del gobierno en el mercado libre.
 
... En años de auge de Japón, uno de los trabajos más prestigiosos del país era en el Ministerio de Comercio Internacional e Industria (MITI). MITI contrataba sólo 1 de cada 10.000 aspirantes. El papel del MITI era la formalización de una alianza entre el gobierno y la industria por el bien del país. MITI establecía las metas de producción (por ejemplo, duplicar la producción de acero en cinco años), asignaba las cuotas a las empresas y disponía que los bancos proporcionen los fondos. El MITI forzaba la cooperación entre las empresas y protegía las industrias objetivos de la competencia internacional. Los partidarios de la economía de libre mercado en otros países gritaron “falta”, pero Japón continuó impertérrito.
 

La filosofía del gobierno era:

1. Las exportaciones crean la riqueza nacional.

2. El gobierno debe apoyar a las industrias que aumenten las exportaciones.

3. La competencia es un desperdicio, destructivo y debe ser evitado.
 
4. Las industrias refugiadas en Japón invertirán grandes ganancias en el país para capturar cuotas del mercado internacional.
 
... La investigación detallada de Porter y Takeuchi reveló un dramático contraste en el desempeño de las industrias que no fueron objeto de influencia de parte del gobierno frente a los que si fueron.
 
El gobierno japonés ofreció poco apoyo en las industrias donde Japón es más competitivo hoy: motos, coches, equipos de audio, robótica, instrumentos musicales, cámaras y video juegos. Un ejemplo fue la entrada de Honda en los automóviles. El gobierno japonés se opuso activamente al ingreso de Honda en la atestada industria del automóvil japonés. El audaz desafío de Honda a empresas establecidas como Nissan (NSANY), Toyota Motor (TM) y Mitsubishi dio como resultado la industria más dominante de Japón.
 
Irónicamente prácticamente todas las industrias que el gobierno apoyó no se convirtieron nunca en competitivas a nivel mundial. Estas incluyen: las aeronaves, los servicios financieros, productos farmacéuticos, chocolates, software, productos no electrónicos de consumo y alimentos. En otras industrias apoyadas (tales como líneas aéreas, la banca minorista, las telecomunicaciones, la mercancía general, venta al por menor y restaurantes), Porter y Takeuchi encontraron que la productividad del trabajador era un 40% inferior a las normas de EEUU. Porter y Takeuchi afirma que "el papel del gobierno debe ser mejorar el medio ambiente para la productividad y la competencia, para no involucrarse directamente en el proceso competitivo." Leerlo completo en inglés.
 
La lección del texto anterior es clara, el Estado no puede crear deliberadamente buenos empresarios, es mejor dejar que se vuelvan competitivos por su propia cuenta. El mejor incentivo es el afán de lucro, cuando ya se ha arriesgado el dinero de uno es mejor centrarse en satisfacer al cliente para que la aventura empresarial resulte rentable. El Estado al entregar privilegios y fondos a empresas pervierte el incentivo y lo reemplaza por el de satisfacer al burócrata que te da de comer en vez de al consumidor que compra tus productos
 
Es un paso correcto mirar a países desarrollados para aprender de ellos, pero se debe tener en cuenta el cuadro completo y no solo el que se ajusta a un particular punto de vista. El punto de partida del camino a la prosperidad es un ambiente propicio para la creación y crecimiento de empresas privadas, estas son las que producen bienes y servicios que nos hacen más ricos a todos. El Estado al intervenir solo puede malograr la economía, así que señores políticos y burócratas mejor háganse a un lado para que el espíritu emprendedor empiece a florecer. Hace años lo venimos repitiendo los liberales, Laissez Faire, Laissez Passer. "Dejad hacer, dejad pasar"

martes, 18 de enero de 2011

Marx, Cerveza y Empleo en Ecuador

Era un 12 de diciembre de 2010, en plena final de fútbol ecuatoriano. Liga Deportiva Universitaria acababa de proclamarse campeón del fútbol ecuatoriano. Solo faltaba cerveza para festejar. Lastimosamente, algunos hinchas no encontraron con qué satisfacer su sed, las tiendas estaban desabastecidas de la popular Pilsener. Una jueza decidió que la mayor cervecería ecuatoriana cierre sus operaciones por varios  días  hasta que cancele cerca de 90 millones de dólares en utilidades que debía a casi1000 ex-empleados.marx y biela

La sentencia, por un lado, reafirmó la mentalidad anti-empresa imperante en el país, y, por otro, puso en evidencia el mito popular del supuesto “neoliberalismo” imperante en décadas pasadas.

La medida en cuestión beneficia con la repartición del 15% de las utilidades generadas cada año por la empresa a sus empleados.

La norma que establece el “reparto de utilidades” es muy beneficiosa para las finanzas familiares de los empleados que reciben su porcentaje.

La vocación  marxista de dicha norma es clara: se debe devolver al empleado la “plusvalía” que el empresario le extrae al contratarlo.

Si fuésemos coherentes, la repartición de utilidades a los empleados se la debería considerar como parte del impuesto a la renta que pagan las empresas, porque significa de un pago impuesto por el Estado en atención a su nivel de renta. Lo único que cambia es el  destinatario: en vez del fisco, el  dinero pasa a manos del trabajador. Por tanto, en el caso especifico del Ecuador, deberíamos hablar entonces de un impuesto a la renta del 40%, y no de uno del 25%.

En este punto podemos analizar brevemente cómo las intervenciones estatales en el mercado laboral perjudican a la larga a los que quieren beneficiar: los empleados.

¿Por qué un mayor impuesto a la renta deriva en menores salarios?

Los salarios aumentan a medida que crece la tasa de capitalización (inversiones en bienes de capital), esto quiere decir que mientras más y mejores herramientas posea una empresa para su producción ésta podrá pagar mejores salarios debido a que cada empleado producirá más en menor tiempo. Por eso es que un trabajador automotriz  en EEUU gana muchísimo más que uno en Ecuador, porque seguramente su fábrica estará casi por completo robotizada.

La tasa de capitalización se incrementa invirtiendo las utilidades generadas con anterioridad. Y al reducir el monto de estas simplemente se está condenando a los empleados a tener un menor nivel de productividad y por ende a un salario menor. Si en verdad se quisiera aumentar y mejorar el empleo, entonces se debería dar todas las facilidades a los capitalistas para retener sus ganancias que posteriormente serán invertidas, antes que imponer trabas e imposiciones que solo pueden generar desempleo y bajos salarios.

Wladimir Kraus en su artículo, ¿Quién explota a quién?, lo describe de la siguiente manera:

El gasto productivo de los empresarios y capitalistas en la forma de pago de salarios y compras de bienes de capital no sólo crea una clase distinta de asalariados, sino también al mismo tiempo generan las condiciones necesarias para una mayor productividad física de un determinado número de personas dispuestos a trabajar por salarios, elevando los salarios reales.

Las instituciones del capitalismo como el sistema económico monetario y el sistema de propiedad privada permiten a aquellos individuos en una sociedad humana que son más inteligentes, productivos y prudentes que otros aplicar su propio trabajo y el de otros para la tarea de la producción por lo tanto mejorar sus propias vidas y también, y en una medida enormemente mayor, la vida de otras personas que son menos capaces.

Me gustaría concluir con una pregunta: ¿quién de hecho “explota” a quien? Los empresarios y los capitalistas explotan a los trabajadores, o los trabajadores viven básicamente de la inteligencia, la productividad, y la prudencia de los empresarios y los capitalistas?

¿Por qué las “conquistas sociales” generan desempleo?

El código laboral marxista vigente en Ecuador define claramente al empresario como enemigo del empleado y por esa razón este último debe ser protegido por el Estado. El trabajo es un derecho y se enumera varias conquistas sociales que evitan la explotación laboral, entre ellas el seguro social obligatorio, las indemnizaciones por despido, sobresueldos y prohibiciones de despido bajo circunstancias especificas.

Pongamos en claro que al trabajador se le tenderá a pagar su aporte al proceso productivo. Ergo, mientras más importante sea su aporte mayor será su paga. Es lo que se conoce en economía como la “productividad marginal”. Todas las famosas “conquistas sociales” salen de la propia producción de cada empleado, al momento que estas sobrepasen lo que el trabajador aporta a la empresa este será despedido o la diferencia tomada de la producción de otros trabajadores reduciendo así los salarios de todos.

Una de las supuestas conquistas sociales más populares es el salario mínimo, este por desconocimiento o demagogia de los políticos que lo manejan no considera la productividad marginal de cada empleado. Al elevarlo coactivamente expulsa del mercado laboral a todos aquellos cuya productividad marginal es menor al salario mínimo. Los grupos más afectados en este caso son los pobres sin conocimientos técnicos y los jóvenes recién integrados al mercado laboral.

En muchas partes, pero especialmente en el tercer mundo, se ataca al empresario como el enemigo de los empleados gracias al desconocimiento del  importante rol del empresario. Este absorbe la incertidumbre, luego pacta voluntariamente el salario con sus trabajadores (el cual como ya indiqué depende de su aporte a la producción), les paga mes a mes (muchas veces a cargo de sus ahorros previos) incluso cuando el proceso productivo aún no sea rentable o no este finalizado.

Nuevamente cito a Kraus:

Los trabajadores requieren de los capitalistas porque no pueden o no quieren esperar hasta la maduración de la totalidad del valor del producto de su trabajo en bienes de consumo. Desde esta perspectiva, la función básica de un capitalista parece ser simplemente la de un buen vendedor que comercia bienes de consumo presentes terminados a cambio de mercancías sin terminar en el futuro “. , los trabajadores sólo tienen un valor descontado, que sigue siendo supuestamente igual al valor de su producto marginal, de lo que eventualmente se convertirá en bienes presentes en valor total del mercado y los capitalistas obtendrán la diferencia de ingresos de intereses. Podemos decir, usando una expresión popular entre los economistas, que los capitalistas realizan una función de “espera” .

Analizando detenidamente se puede apreciar que los empleados son los que más necesitan de empresarios y no al revés. El marxismo sindical por años ha invertido esta verdad para beneficio de unos cuantos líderes sindicales y en detrimento de la gran mayoría de empleados.  No sorprende que casi 6 de cada 10 ecuatorianos carezca de un empleo formal, gracias a un código laboral que impide la creación de puestos de trabajo con sus innumerables “conquistas sociales”.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Injusta Prosperidad Artificial

La ciudad de Ambato se ha convertido, según nos dicen, en la muestra empírica de las bondades del modelo proteccionista aplicado por el gobierno ecuatoriano. Al parecer la sustitución de importaciones ha hecho de la ciudad una joya: tiene bajo desempleo y su industria florece. Específicamente el caso de éxito se centra en su industria de calzado.

Es indudable que la industria del calzado crece como nunca gracias a los aranceles impuestos a las importaciones de zapatos desde el extranjero. Imponer un arancel a productos que podríamos importar de afuera beneficia a la industria nacional que fabrica ese producto; incluso si la industria nacional que fabrica ese producto es muy ineficiente y sus precios poco competitivos.

Dada esta ventaja artificial quien resulta perjudicado es el consumidor. Miles de consumidores tendrán que pagar más por un producto de calidad inferior o a un precio mayor al que podría encontrar en un mercado libre de aranceles. El perjuicio esta distribuido en los miles de consumidores de zapatos a nivel nacional. Las medida proteccionista protegerá a centenas o decenas de productores. Esto no hace más que propiciar la desigualdad dándole un mercado cautivo a uno o varios empresarios.

Parafraseando a Frederic Bastiat, el agudo intelectual francés del siglo XIX, este es el típico caso donde lo que “se ve” está concentrado en unos pocos beneficiarios y es fácil de identificar y lo que “no se ve” es decir el perjuicio esta disperso en muchos afectados y es difícil de identificar.

Henry Hazlitt en su libro “La Economía en Una Lección” nos indica que aparte de los consumidores existe un segundo grupo de afectados por esta medida, otros empresarios:

El arancel ha sido definido como un medio de beneficiar al productor a expensas del consumidor. Ello es correcto en un sentido. Los partidarios del arancel piensan solamente en los intereses de los fabricantes directamente beneficiados por los derechos de que se trata. Olvidan, desde luego, el interés del consumidor, al que directamente perjudica el pago de tales gravámenes. Pero es equivocado examinar el problema arancelario como si se tratase de un conflicto de intereses entre consumidores y fabricantes, considerados en su conjunto. Es cierto que los aranceles perjudican a todos los consumidores en cuanto tales. Pero es equivocado suponer que benefician a todos los fabricantes en cuanto tales. Por el contrario, como acabamos de ver, subvencionan a los fabricantes protegidos a expensas de todos los demás fabricantes nacionales y particularmente de aquellos que poseen un mercado potencial de exportación más amplio.

Ilustremos con un ejemplo lo que indica por Hazlitt, digamos que por ejemplo los aranceles elevan una cantidad de dólares a todos los pares de zapatos, adicionalmente el precio de los zapatos nacionales sube porque los empresarios tienen un mercado cautivo. En resumen el ecuatoriano deberá desembolsar un monto mayor de sus ingresos para comprar zapatos. En otras palabras lo que esta a la vista es todos los puestos de trabajo que no crearon o se destruyeron cuando se dejar de consumir bienes y servicios con ese dinero extra que le quedaba al consumidor al adquirir un par de zapatos importados baratos. Antes con el mismo dinero que compraba un par de zapatos y unas medias, ahora solo nos alcanza para los zapatos.

Esto hace más pobre al consumidor pues tendrá solo los zapatos (posiblemente de menor calidad) y si quiere las medias tendrá que abonar dinero extra, también hace más pobre al comerciante de las medias que verá reducidas sus ventas o al desempleado que podría haber sido empleado en la industria de medias.

Los teóricos del proteccionismo que es el otro nombre para el mercantilismo, el corporativismo o la sustitución de importaciones justifican sus medidas indicando que al importar productos del exterior las industrias nacionales son afectadas en sus ingresos y por ende el desempleo aumenta. Hay dos aclaraciones a esta verdad; la primera para contrarrestar este efecto la industria nacional, ya sin la protección artificial del Estado, deberá ofrecer un mejor producto a un menor precio; pues solo así se convertirá en la primera opción de compra para los consumidores ecuatorianos. La única manera de hacerlo es siendo más competitivos y eficientes. Otra opción es que se dediquen a producir algo en lo que si puedan competir.

Si no podemos competir con los chinos en zapatos, juguetes y baratijas; debemos cerrar esas industrias en el Ecuador y dedicarnos a producir lo que nos resulte más ventajoso y en lo que seamos más productivos. Debemos aprovechar la división del trabajo global que nos permite comprar al menor precio posible un bien o servicio.

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La segunda, efectivamente un mercado libre produce perdedores específicamente los trabajadores y empresarios ligados a las industrias que no pueden competir con los productos fabricados en el extranjero. Pero en este caso tenemos dos claros beneficiarios: los consumidores que conseguirán un producto a un mejor precio por lo cual tendrán mas dinero en su bolsillo para destinarlo a consumir otros bienes o servicios. De esta manera se benefician los empresarios y trabajadores que producen otros productos y servicios a los que los consumidores destinarán su dinero extra. No existe un aumento del desempleo sino un desplazamiento de los trabajadores de las industrias afectadas, por ejemplo la del calzado, a las empresas cuyas actividades se verán beneficiadas.

La realidad es que se esta engañando a mucha gente haciéndole creer que al limitar las opciones de compra de los consumidores por arte de magia aparecen productivos empresarios que a su vez disminuyen el desempleo al contratar empleados. Esta prosperidad artificial, un verdadero juego de suma cero, solo favorece a sus directos implicados pero empobrece al país como conjunto. Nuevamente cito a Henry Hazlitt:

Hemos visto que el sobreprecio que los consumidores pagan por un artículo protegido reduce en una suma igual su capacidad adquisitiva para comprar otros artículos. No se deriva de ello ganancia alguna para la industria del país considerada en su conjunto. Pero como resultado de tal barrera artificial levantada contra los productos extranjeros, el trabajo, el capital y la tierra son desviados de las producciones más rentables a otras que ofrecen menores perspectivas. Por lo tanto, como consecuencia de los obstáculos arancelarios, la productividad media del trabajo y del capital nacional queda reducida.

Como conclusión todo arancel favorece a pocos interesados a cambio de perjudicar a un número grande de consumidores que estará tan disperso como para tomar cartas en el asunto y reclamar al respecto. El beneficio debería estar del lado del consumidor, que somos todos, mas no del productor con conexiones políticas. Si en verdad no se quiere favorecer a grupos de presión determinados se debería apoyar un verdadero libre mercado sin aranceles, cuotas de importación u otras barreras al comercio. No se debería dar protección artificial a industrias nacionales ruinosas que sin esta no durarían mucho tiempo en el mercado a costa de otras empresas más eficientes y competitivas.

sábado, 16 de octubre de 2010

El Gobierno en Negocios

Por Murray Rothbard. Publicado en The Freeman, Sept/1956

En medio de la prosperidad de todo el país, algunos de los problemas económicos y sociales mantienen molesto al público. En todo el país, adoptan la misma forma. ¿Cuáles son? La congestión del tráfico, carreteras inadecuadas, hacinamiento en las escuelas, la delincuencia juvenil, la escasez de agua. Estas cuestiones resultan problemáticas en muchos aspectos, sobre todo, parecen crean conflictos. Feroces batallas están en su apogeo entre los grupos militaristas estadounidenses. Algunos quieren educación "progresista", otros quieren mezclas distintas de tradiciones. Algunos quieren que el socialismo se enseñe en las escuelas, otros favorecen la libre empresa. Algunos quieren religión en las escuelas, y otros proclaman la separación de Iglesia y Estado. Algunos estadounidenses quieren agua fluorada, y otros la quieren al natural.

¿Hay algo especial sobre el agua o la educación que crea problemas insolubles? ¿Cómo puede ser que no hay argumentaciones fuertes sobre qué tipo de acero o de automóviles a producir, no hay batallas sobre el tipo de periódicos para imprimir? La respuesta: Existe algo especial para los problemas de escolarización y suministro de agua estos son ejemplos de lo que sucede cuando el gobierno, en lugar de la empresa privada, opera un negocio.

¿Alguna vez has oído hablar de una empresa privada que propone para "resolver" una escasez del producto que vende decir a la gente que compre menos? Por supuesto que no. Las empresas privadas reciben con satisfacción a sus clientes, y se expanden cuando su producto genera gran demanda, sirviendo y beneficiando a sus clientes y a sí mismas. Únicamente el gobierno "resuelve" el problema del tráfico en sus calles, sacando a los camiones (o vehículos particulares o autobuses) de las vías. De acuerdo con este principio, la solución "ideal" para la congestión del tráfico sería prohibir por ley todos los vehículos! Y, sin embargo, estas son las sugerencias que uno espera de la gestión del gobierno.

¿Existe la congestión del tráfico? Prohibir todos los coches! ¿La escasez de agua? Beber menos agua! ¿Déficit Postal? Cortar las entregas de correo a una al día! ¿Delincuencia en las zonas urbanas? Imponer toques de queda! Ningún proveedor privado podría permanecer en el negocio si rechaza los deseos de sus clientes. Pero cuando el gobierno es el proveedor, en lugar de guiarse por lo que el cliente quiere, le dirige a hacer con menos o prescindir del servicio. Mientras que el lema de la empresa privada es "el cliente siempre tiene la razón", el lema del gobierno es "el público no importa!"

 burocracia

Los conflictos y la amargura son inherentes a la operación del gobierno. Imagine qué pasaría si todos los periódicos se publicaran por el gobierno. En primer lugar, porque es una operación del gobierno obtiene sus ingresos de impuestos coercitivos en lugar del pago voluntario por los servicios prestados, no está obligado a ser eficiente en el servicio al consumidor.

Y, en segundo lugar, los conflictos entre grupos de contribuyentes sobre la política editorial, el contenido de noticias, e incluso el tamaño tabloide o regular. "Derechistas", "izquierdistas", "centristas", cada uno sería obligado a pagar por el papel, naturalmente, tratarían de regular la política del diario.

En el mercado libre, por el contrario, cada grupo financia y apoya su producto preferido, ya sea un diario, la escuela, o un paquete de alimentos para bebés. Los socialistas, empresarios libres, progresistas, tradicionalistas, aficionados a los chismes, y los amantes del ajedrez-, todos encuentran las escuelas, el papel o las revistas que satisfacen sus necesidades. Las preferencias tienen rienda suelta, y nadie está obligado a tomar un producto no deseado. Cada preferencia política, todas las variedades de sabor, están satisfechas. En lugar de una mayoría o el poder político tiranizando a una minoría, cada individuo puede tener tanto como pueda permitirse y precisamente lo que él desee.

La respuesta estándar del gobierno a las acusaciones de ineficiencia o la escasez es culpa del público: "Los contribuyentes no nos van a dar más dinero" El público, literalmente, tiene que ser obligado a entregar más dinero de impuestos para carreteras, escuelas, etc. Sin embargo, una vez más, surge la pregunta: "¿Por qué la empresa privada no tiene estos problemas?" ¿Por qué las empresas de televisión o las empresas siderúrgicas no tienen problemas para encontrar capital para su expansión? Debido a que los consumidores pagan por las vigas de acero y televisión, y los ahorradores, como resultado, pueden ganar dinero invirtiendo en esos negocios. Para las empresas que atienden al público con éxito es fácil obtener capital para expandirse, las que no tienen éxito, las empresas ineficientes, por supuesto, van a la quiebra. En el gobierno, no hay beneficios para los inversores y no hay castigo para los operadores ineficientes. Nadie invierte, por lo tanto, nadie puede asegurar que las plantas exitosas se expandan y las fracasadas desaparezcan. Estas son algunas de las razones por las cuales el gobierno debe aumentar su "capital", literalmente, vía reclutamiento.

Mucha gente piensa que estos problemas podrían resolverse si tan sólo "el gobierno se manejara como un negocio." Y por ello abogan por elevar las tarifas postales hasta que la Oficina Postal "genere beneficios." Por supuesto, los usuarios estarían tomando dinero de los contribuyentes. Pero hay errores fatales en esta idea de que el gobierno opere como un negocio. En primer lugar, un servicio del gobierno no se puede ejecutar como un negocio, porque el capital es reclutado del contribuyente. No hay forma de evitar eso. (Financiarse vía la emisión de bonos todavía se basa en la potestad tributaria para redimir esos bonos.) En segundo lugar, las ganancias de las empresas privadas se realizan mediante la constante reducción de costes. El Gobierno no necesita reducir los costos, sino que puede reducir sus servicios o simplemente elevar los precios. Los servicios del Gobierno son siempre un monopolio o semi-monopolio. A veces, como en el caso de la Oficina de Correos, es un monopolio obligatorio donde la competencia es ilegal. Si no es ilegal, la competencia privada se ve estrangulada por los impuestos para cubrir el déficit de explotación y obtener capital para la operación del gobierno que además tiene exención de impuestos.

Hay otro problema crítico en la operación del gobierno de los negocios. Las empresas privadas son modelos de eficiencia en gran parte debido a que el libre mercado establece los precios que les permitan calcular, que deben hacer para obtener ganancias y evitar pérdidas. Por lo tanto, el "capitalismo" libre tiende a fijar los precios de tal manera que los productos estén bien repartidos entre todas las ramas intrincadas y las zonas de producción que conforman la economía moderna. El cálculo de ganancias y pérdidas capitalista hace posible esta maravilla y sin planificación central por parte de agencia alguna. De hecho, los planificadores centrales, estando privados de la información precisa sobre precios, no pueden calcular, por lo que no podrían mantener una economía moderna de producción en masa. En pocas palabras, no pueden planear. No hay forma de medir el éxito de un producto que los clientes se ven obligados a comprar. Y todas las veces que los gobiernos entran en un negocio, distorsionan los precios un poco más, y sesgan el cálculo. En resumen, una empresa del gobierno introduce una perturbada isla de cálculo caótico en el sistema económico.

No es de extrañar, entonces, que los problemas económicos se centren en las empresas estatales. La propiedad del gobierno genera conflictos insolubles, ineficiencia inevitable, y la reducción del nivel de vida. La propiedad privada trae la paz, armonía mutua, gran eficiencia y mejoras notables en los estándares de vida.

Traducido por Libertario

lunes, 19 de abril de 2010

Por qué el socialismo empobrece a África

Por Juan Ramón Rallo

La semana pasada analizamos detalladamente cuáles eran las causas de la riqueza. No ha habido sociedad en la historia de la humanidad que no se haya enriquecido siguiendo el camino trazado: división del trabajo y del conocimiento, intercambios voluntarios y acumulación de capital.

A su vez, perfilamos que la globalización abre las posibilidades. La división del trabajo ya no tiene que ajustarse a los estrechos límites de un país como España, sino que la especialización puede realizarse a nivel europeo, incluso mundial, aumentando su eficiencia. Cada individuo, en cualquier parte del mundo, puede producir, tras un análisis empresarial de las necesidades de los consumidores, aquello para lo que está más capacitado, sabiendo que podrá venderlo a las más lejanas sociedades. Por último, el capital puede invertirse por todo el orbe de una manera más adecuada en atención a su productividad y a los costes asociados.

En este sentido, por ejemplo, si una guerra devastara toda la riqueza alemana, la recuperación económica sería rápida. Los alemanes estarían forzados al principio a aceptar bajos salarios, ya que sus bienes de capital habrían desaparecido y, por tanto, su productividad sería baja (unos salarios más elevados que la productividad significarían que el empresario está pagando más de lo que espera obtener vendiendo el producto). Estos bajos salarios permitirían a los empresarios españoles producir en Alemania lo mismo que en España, pero a un menor coste. Es más, podrían producir en Alemania y seguir vendiendo la producción a sociedades ricas como España o Reino Unido.

Por tanto, la inversión extranjera en bienes de capital empezaría a reconstruir todo el equipo productivo alemán que había sido destruido con la guerra, y ello, a su vez, provocaría un incremento de los salarios. De esta manera, la situación de pobreza postbélica sería rápidamente revertida. Alemania volvería a ser una sociedad rica, gracias a la globalización. Algo similar, de hecho, ocurrió tras la II Guerra Mundial.

Uno de los incontables rascacielos de Hong Kong.Con todo, muchos han sido los intentos por hacernos creer que el Plan Marshall salvó a Europa de la miseria. Hong Kong, por ejemplo, era por aquel entonces una ciudad paupérrima, y no recibió ningún tipo de Plan Marshall; hoy, gracias a sus libres mercados, interiores y exteriores, es la región más rica y libre del mundo. Fueron, pues, las inversiones empresariales las que reconstruyeron la riqueza Europea, no los planes de algunos políticos iluminados.

Ahora bien, si todo esto es así, ¿por qué África sigue siendo pobre?

Propiedad privada y estabilidad institucional

En el anterior artículo aseguramos que no puede haber riqueza sin propiedad privada. Si yo no soy propietario de una trozo tierra, no podré incorporarlo a mis planes como medio hacia mis fines y, por tanto, no podré considerarlo riqueza. La propiedad común hace imposible que el individuo satisfaga sus fines y, especialmente, dificulta la consecución de fines muy lejanos.

La ausencia de seguridad jurídica sobre la posibilidad de retener los bienes, así como sus rendimientos, crea un perverso incentivo cortoplacista a saquear las propiedades comunes. Lo que es del común es del ningún, reza el refranero español. En teoría económica, a este fenómeno se lo conoce como "Tragedia de los Comunes", expresión acuñada por Garrett Hardin.

La explicación no puede ser más simple. Sin seguridad jurídica yo no puedo incluir un bien en mis planes a largo plazo, pues ignoro si tal bien habrá sido ya usado por otra persona con anterioridad. Es más, en realidad sólo podré dar algún uso a ese bien si lo utilizo antes que los demás, si lo empleo para planes muy inmediatos (ya que, en caso contrario, serán otros quienes lo empleen). Así, se produce una carrera entre los potenciales usuarios para ver quién esquilma antes el bien, es decir, quién lo integra antes en sus planes.

El resultado es la progresiva degradación de la "riqueza natural", que no llegará a convertirse jamás en "riqueza humana". No sólo eso: nadie estará dispuesto a invertir en capital si no tiene la seguridad de que podrá rentabilizarlo.

En África la gran mayoría de las tierras son comunales. Nadie acepta sacrificar su riqueza presente en unas tierras cuyos rendimientos revertirán sobre otras personas que no han invertido. La tendencia, por tanto, es a limitar al máximo el esfuerzo laboral propio para consumir los bienes obtenidos por los compañeros de trabajo. Si el reparto de frutos no depende del esfuerzo individual sino del resultado común, ¿puede esperarse otra cosa que el parasitismo?

El dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, uno de los grandes expoliadores de África.Pero esto, a su vez, incide sobre los otros dos medios a través de los que se genera la riqueza: la división del trabajo y la acumulación de capital.

Como hemos dicho, ningún africano emprenderá proyectos empresariales de muy lejano alcance por la enorme inseguridad jurídica que rodea la retención de los medios necesarios para acometerlos. La división del trabajo es un proyecto empresarial de largo alcance; aun en su forma más simple, cada persona deberá esperar a que otros adquieran sus productos para poder consumir aquello que realmente desea. Hay que producir, intercambiar lo producido por dinero y luego comprar el bien deseado.

Sin derechos de propiedad bien definidos, el individuo ignora si podrá completar el proceso: bien podría perder la propiedad de sus mercancías o la del dinero obtenido. Por ello, cada persona tratará de proveerse de aquello que necesita directamente; no pretenderá especializarse en satisfacer las necesidades ajenas. Retrocedemos, así, a una economía de subsistencia donde la división social del trabajo y del conocimiento ha desaparecido.

De la misma manera, la ausencia de instituciones estables que garanticen el derecho de propiedad (las frecuentes guerras civiles, las férreas dictaduras y las recurrentes expropiaciones nacionalizadoras) desalientan tanto a los propios africanos como a los occidentales de invertir allí su riqueza en forma de capital. Recordemos que la inversión en capital supone sacrificar riqueza presente para obtener una renta futura que compense el sacrificio actual. La ausencia de propiedad, pues, no sólo vuelve incierta la propiedad sobre ese conjunto de rentas futuras, sino sobre la inversión de capital que da lugar a las mismas.

Sin derechos de propiedad la riqueza se esfuma, la división de trabajo se resquebraja y el capital desaparece en cuanto a tal.

El proteccionismo occidental

La responsabilidad de los africanos, y especialmente de sus políticos, es manifiesta. La ausencia de instituciones y el fomento de dictaduras anticapitalistas es la razón de fondo de la pobreza en África. Sin embargo, la inexistencia de dichas instituciones no significa que no puedan aparecer y formarse. La inversión occidental, por ejemplo, promovería el respeto por la propiedad privada, el esfuerzo individual y la iniciativa empresarial. Los africanos empezarían a imitar y copiar las provechosas conductas occidentales, aprendiendo a aumentar su propio bienestar sin atacar el de los demás.

El problema es que los africanos se han convertido en víctimas del proteccionismo occidental. En el primer artículo dijimos que el progreso económico necesitaba de libertad de movimientos de personas, mercancías y capitales, esto es, de globalización. Pues bien, a pesar de que la izquierda no deje de repetir lo contrario, la globalización se encuentra en un estadio extraordinariamente primitivo.

Tierras de labor de Guinea Conakry.Los aranceles europeos y norteamericanos están matando a África (no en vano, en las pasadas elecciones europeas Coalición Liberal utilizó el contundente slogan de "La PAC mata"). No se trata, solamente, de que el proteccionismo impide a los africanos vender sus productos en los mercados occidentales a precios más elevados de los que podrían obtener en los mercados locales: el perjuicio de los aranceles va mucho más allá.

Dado que los empresarios occidentales saben que, en caso de trasladar sus plantas a África, no van a poder vender sus productos en Europa, los incentivos a la inversión occidental en África desaparecen. En otras palabras, si el empresario tiene la ventaja de producir barato en África y se ve constreñido a vender barato "en África", la razón para invertir en una zona inestable e insegura, con márgenes de beneficio similares a los occidentales, es escasa.

Así, las sociedades africanas no pueden recurrir al ahorro occidental para financiar sus estructuras de capital; al no existir libre comercio, la libertad de movimientos de capital se marchita.

Y sin ella difícilmente podrá África prosperar a corto plazo. Por un lado, porque las empresas occidentales no ejercerán su necesaria función de liderazgo, generando de manera espontánea las instituciones y comportamientos pautados previamente descritos. Por otro, porque sin el capital occidental, como ya dijimos, los africanos son incapaces de explotar su inmensa "riqueza natural". La izquierda puede frotarse las manos ante los sustanciosos recursos naturales africanos, pero sin el capital occidental son del todo accesorios e inútiles.

Pero, finalmente, y sobre todo, porque los africanos no tienen capacidad para acumular a corto plazo el ahorro necesario como para emprender inversiones en capital. Europa necesitó varios siglos para obtenerlo; a Asia, en cambio, le han bastado unas pocas décadas, gracias al excedente de ahorro occidental. África debería seguir el mismo camino, si los políticos, europeos y africanos, no distorsionaran la libertad empresarial.

Inmigrantes del África negra hacinados en una patera.Además, si recordamos las conclusiones del artículo anterior, no nos será difícil comprender algunas de las consecuencias de la política arancelaria. Dijimos que había dos opciones para conseguir aumentar el nivel de vida de los africanos: o bien los empresarios occidentales invertían en África, donde los salarios son bajos, para vender sus productos en Europa, o bien los africanos acuden allí donde los salarios son elevados.

Ante la imposibilidad de la primera opción, la segunda vía de escape aparece como el único camino. No es extraño, pues, que Europa, ante sus irresponsables aranceles, esté padeciendo enormes oleadas de inmigración. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Si el capital no puede acudir allí donde el salario es barato, el trabajo acudirá allí donde el salario es alto.

En el caso de que los políticos europeos quisieran realmente reducir la creciente inmigración que padece Europa, nada hay más urgente que eliminar los gravosos aranceles comunitarios. No ya sólo porque empobrezcan a los africanos, sino porque hacen lo propio con los consumidores europeos, forzados a pagar un precio superior al que hubieran desembolsado sin arancel.

Vemos, pues, cómo el ataque al libre comercio repercute necesariamente sobre el movimiento de capitales y la división social del trabajo. Ninguna restricción de las libertades es inocua, todas provocan una serie de acontecimientos sociales, a cada cual más nocivo: y es que los problemas de la inmigración en occidente se ven, a su vez, agravados por otra serie de políticas intervencionistas.

Para terminar con la pobreza y la inmigración descontrolada debemos reestablecer el libre comercio que caracterizó al siglo XIX, el de mayor expansión económica de la historia. Sólo así los empresarios occidentales decidirán invertir en África, facilitando la emergencia del respeto a la propiedad privada y de una clase empresarial nativa que liderará en el futuro el desarrollo de sus sociedades. El libre comercio, además, permitirá a los africanos acumular sus propios ahorros, lo que a su vez dará lugar a una clase capitalista africana.

Ninguna de estas propuestas ha sido planteada por el Live 8 y el G-8. En su lugar, hemos escuchado propuestas tan pintorescas como la Tasa Tobin, la condonación de la deuda externa, la escolarización obligatoria de la población y, sobre todo, la ayuda externa estatal a través del 0’7%. ¿Tienen estas propuestas algún viso de viabilidad o simplemente acrecentarán el problema original de la pobreza? Lo explicaremos en el próximo artículo.

sábado, 17 de abril de 2010

El Origen de la Riqueza

Por Juan Ramón Rallo

Ilustración tomada del diario LA PRENSA (Nicaragua).

La pobreza está de moda. Los movimientos antiglobalización, los conciertos del Live 8 y los líderes políticos más poderosos del planeta parecen haber redescubierto que hay gente en el mundo que pasa hambre. Nuestro insigne presidente del Gobierno incluso ha relacionado, por enésima vez, pobreza con terrorismo (y ello a pesar de que ninguno de los 18 países más pobres del mundo acoja o financie grupos terroristas).

Cometen todos ellos, sin embargo, un error fundamental al afrontar el problema. Instalados en una sociedad inmensamente rica gracias al progreso capitalista, los occidentales contemplamos la pobreza como un fenómeno "extraño". La pobreza, se suela pensar, no es propia del siglo XXI, no es propia del hombre.

Con todo, pocas cosas hay más humanas que la pobreza. El hombre nace solo y muere solo, dice el refranero popular. Si bien no deja de ser cierto, más apropiado sería señalar que el hombre nace sin nada: todas las comodidades de las que disfrutará a lo largo de su vida habrán sido directamente producidas por los hombres.

Lo realmente extraordinario e inusual no es la pobreza, sino la riqueza. Richard Cantillon tituló uno de sus libros Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, y Adam Smith Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones; ambos economistas se preguntaban de dónde procedía el extraño fenómeno del comercio y de la riqueza entre las naciones. Buscaban sus causas, su naturaleza.

Gracias al capitalismo, en Occidente la riqueza se ha impuesto como norma, y la pobreza como marginal excepción. Los europeos se extrañan de que alguno de sus compatriotas no tenga agua corriente, lavadora, cuarto de baño, línea telefónica, televisión y, en muchos casos, un automóvil. Son elementos tan corrientes aquí como preciados y extraños en los países pobres.

Todo ello ha provocado que hoy en día contemplemos la riqueza como algo natural al hombre. En Europa los niños vienen a un mundo rico, donde no morirán de hambre y gozarán a lo largo de su vida de las mayores comodidades.

Ludwig von Mises.Si bien es cierto que la pobreza es el estado natural del hombre, no lo es menos que la reducción de la pobreza es, igualmente, el proceso consustancial del hombre empresarial, del capitalismo. Cuando al ser humano se le permite emplear la razón para buscar su bienestar personal sin esclavizar o robar a sus congéneres (esto es, cuando se forman las instituciones capitalistas), con su propia perspicacia consigue aumentar de manera progresiva su riqueza y su felicidad.

Los economistas del siglo XVIII se preguntaron cuáles eran las causas de que el hombre abandonara su natural estado de pobreza; los economistas liberales del siglo XX se han preguntado, a su vez, cuál era la causa de que el mismo capitalismo que salvó América y Europa no hiciera lo propio con el resto del mundo. Ciertamente, había unas causas (propiedad privada) que permitían al hombre prosperar, pero al mismo tiempo había otras (intervencionismo estatal) que contrarrestaban a las primeras. Quien probablemente sea el mejor economista del siglo XX, Ludwig von Mises, lo resumió así: "El Gobierno no puede enriquecer al hombre, pero sí puede empobrecerlo".

Por tanto, las preguntas deben plantearse en el siguiente orden: ¿cómo se enriquece el ser humano?, ¿qué mecanismos detienen ese proceso creador y dinámico? Una vez hecho esto podremos estudiar y comprender con más detenimiento por qué las propuestas de la banda del 8 (Live 8 y G-8) son absolutamente inútiles y contrarias al crecimiento económico.

¿Qué es la riqueza?

La característica esencial del ser humano es su acción. El hombre actúa para perseguir unos fines a través de unos medios. Al satisfacer sus fines logra bienestar y satisfacción, pero para ello tiene que trabajar previamente en la búsqueda y creación de los medios adecuados.

Así, definiremos la riqueza como la creciente disponibilidad de medios para la satisfacción de los fines. De esta definición en apariencia tan simple debemos destacar tres conclusiones.

Primero, no hay riqueza sin propiedad privada. Los fines son por naturaleza individuales, son concebidos y proyectados por una mente individual. La mente social no existe. Los políticos, por ejemplo, aseguran que sus planes satisfacen el bienestar general, pero siguen siendo sus planes, concebidos y creados por sus propias mentes. Si los fines son individuales, la existencia y naturaleza de los medios estará en función de esos fines, y en consecuencia deberán poder ser controlados y dirigidos hacia sus propios fines por el individuo.

En el cartel, una familia amish. Tomado de www.rainfall.com.Si yo quiero comerme una manzana pero no dispongo de ella, sino que es propiedad de mi vecino, no soy rico. De la misma manera, si no hay propiedad privada reconocida nadie me garantiza el acceso a una manzana; deberé luchar con mi vecino, y sólo al "apropiármela" (al convertirla en mi propiedad) podré decir que soy rico y satisfacer mi fin, "comer una manzana".

Segundo, una sociedad puede ser rica aun cuando en apariencia no disponga de muchos bienes materiales. Los amish norteamericanos no disponen, voluntariamente, de ninguno de los grandes adelantos del siglo XX. No carecen de riqueza, dado que tienen suficientes medios para satisfacer sus fines. En cambio, los países comunistas decían disponer de los mayores adelantos pero eran tremendamente pobres, ya que los fines de sus habitantes no podían satisfacerse, al no existir la propiedad privada.

Tercero, un país no es rico en función de los elementos materiales de que disponga, sino del uso que los individuos puedan hacer de ellos. África no es rica por disponer de oro, diamantes, petróleos y demás recursos naturales; los africanos, hoy por hoy, son incapaces de utilizarlos, y no les son en absoluto útiles. Sería como señalar que una empresa es rica porque posee todo el níquel del núcleo de la tierra, aun cuando no le resulta alcanzable.

Así pues, para contestar a nuestra primera cuestión tendremos que preguntarnos cuáles son las causas de las crecientes disponibilidades de medios, es decir, cuáles son las causas de la riqueza.

Propiedad privada, empresarialidad y bienes de capital

Hemos dicho que convenía distinguir entre "riqueza natural" y "riqueza humana". Aquélla sólo se convierte en ésta cuando el hombre domina y se apropia de la riqueza natural. Lo importante, por tanto, es que el ser humano domine su entorno a través de su trabajo, esto es, que incorpore "la riqueza natural" a sus planes. Sin embargo, si cada individuo pretendiera abarcar la totalidad de sus fines lo tendría bastante complicado. No sólo debería ejercer de agricultor, también de sastre, alfarero, transportista, mecánico, electricista, informático o arquitecto. Dado que las habilidades del hombre, y sobre todo su tiempo, no le permiten dedicarse a todas esas labores, el ser humano empezó a relacionarse con sus semejantes. Surgió así la sociedad, y la división social del trabajo y del conocimiento.

Cada ser humano pasaría a especializarse en una tarea, de manera que intercambiaría con el resto los bienes en que, a su vez, se hubieran especializado. Sin embargo, este sistema tenía un pequeño problema (que, en realidad, es su gran virtud): cada individuo debía ser suficientemente perspicaz como para conocer las necesidades de los otros individuos. Si cometía un error (por ejemplo, fabricar máquinas de escribir en la era de los ordenadores) no tendría nada que intercambiar con el resto, de manera que se quedaría sin nada.

Por ello, resulta lógico que algunos individuos prefieran asegurarse durante un tiempo una fuente estable de ingresos, evitando esta arriesgada actividad. Así, algunos individuos (trabajadores por cuenta ajena) deciden trabajar para otros (capitalistas) a cambio de una renta estable (salario) que no proviene de la venta de los productos, sino de sus patrimonios personales. Sin embargo, no por ello los trabajadores dejan de actuar empresarialmente: buscarán los salarios más elevados y se especializarán en las ocupaciones que crean que tienen un mayor futuro.

En otras palabras, cada individuo, antes de satisfacer sus propios fines, tenía que pensar e ingeniárselas para conocer y satisfacer las necesidades ajenas. Los vínculos sociales se refuerzan y los individuos se vuelven interdependientes.

Pero la especialización individual todavía no es capaz de explicar plenamente las causas de la riqueza. Por mucho que se especialice un individuo, su capacidad para satisfacer las necesidades ajenas tiene un límite temporal. Cada individuo, con sus propias manos, no puede ampliar continuamente la producción: necesita de herramientas (bienes de capital) con las que trabajar más eficientemente.

Los bienes de capital, pues, permiten ampliar la riqueza a través de varios mecanismos. Primero, los seres humanos devienen más productivos (más medios); segundo, pueden alcanzar "riquezas naturales" que previamente no podían usar (por ejemplo, el "oro negro" es inútil sin refinerías de petróleo); tercero, dado que los bienes de capital se utilizan como medios para obtener otros medios, podemos considerarlos a sí mismos como riqueza (si bien una riqueza más alejada del fin del individuo).

Aparentemente, los bienes de capital vendrían a ser la piedra filosofal que tanto buscaban los alquimistas. Sin embargo, su producción tiene un inconveniente: mientras se produce un bien de capital no se está produciendo un bien de consumo, por tanto los fines de muchas personas tienen que retrasarse. Si un panadero decide dedicar sus trabajadores a ampliar la capacidad y la potencia de sus hornos durante varios meses, los consumidores se quedarán sin pan. Sólo habrá dos maneras de evitar esta desagradable situación: que el panadero haya acumulado stocks de pan para varios meses o que contrate más trabajadores.

No obstante, aunque recurra a la segunda opción, fijémonos que los consumidores se quedarán sin los bienes de consumo que esos trabajadores hubieran podido producir. De este modo, la única manera de producir bienes de capital es el ahorro de los consumidores. Son ellos los que han de estar dispuestos a retrasar su consumo durante un tiempo para que éste sea mayor en el futuro.

Conviene tener presente en este punto que la investigación tecnológica (el famoso I+D) no es más que una inversión en capital, equivalente a que el panadero contrate a dos ingenieros para que diseñen un horno de mayor capacidad.

El camino hacia la riqueza, por tanto, es el siguiente: división del trabajo, intercambios voluntarios y acumulación de capital. Si extendemos esto a nivel internacional obtenemos la libre circulación de personas, mercancías y capitales, esto es, la famosa globalización.

Si hay un país extraordinariamente pobre, los empresarios y capitalistas de los países ricos trasladarán allí sus líneas productivas (libre movimiento de capitales), conocedores de que podrán producir barato para vender caro en Occidente (libre movimiento de mercancías). O bien, como alternativa, los trabajadores de los países pobres se trasladarán allí donde los salarios sean altos (libre circulación de personas), aumentando la producción y, por tanto, la riqueza.

La capacidad de un país pobre para salir de la pobreza sin inversión extranjera a corto plazo es muy reducida. Europa tardó siglos en que su ahorro cristalizara en una revolución industrial (esto es, en una masiva inversión en capital). El camino más rápido para acabar con la pobreza es recurrir a la inversión exterior, al ahorro occidental (como, por ejemplo, hizo España durante los años 60), atraída por sus bajos salarios.

La inversión extranjera siempre mejora la situación de los países pobres, los enriquecerá. Los supuestos salarios de miseria tienen que ser, forzosamente, superiores a los que percibían antes de que el empresario apareciera en el país (si no, nadie querría trabajar para él). Y así, cuando se multiplica la inversión extranjera en un país pobre los salarios empiezan a aumentar a un gran ritmo, ya que en caso contrario los empresarios entrantes no conseguirían contratar a ningún trabajador nuevo y los empresarios residentes no conseguirían retenerlos.

Éstas son las causas de la riqueza, la carrera hacia lo más alto de nuestro bienestar. El capitalismo y su expansión globalizadora reducen de manera expansiva la pobreza. Los europeos siguieron este camino, los estadounidenses siguieron este camino, los asiáticos están siguiendo este camino. Las hambrunas han desaparecido en estas zonas del mundo, y el bienestar se multiplica década a década.

Sin embargo, África sigue siendo pobre. Las causas de la riqueza parece que no operan allí. ¿Por qué? La respuesta está estrechamente relacionada con los mecanismos que contrarrestan la creación de riqueza. Cabe, pues, estudiar cómo la carrera hacia la cima puede convertirse en la caída hacia el infierno. Pero esto lo haremos la semana que viene.

domingo, 10 de enero de 2010

Un Liberticida Refinado

El Telégrafo diario gobiernista por excelencia exhibe diariamente en sus páginas editoriales ataques liberticidas de toda clase. Castrochavismo, marxismo-leninismo, antiimperialismo y progresismo todos unidos en contra de la libertad.

Existe un articulista bastante singular, Xavier Flores Aguirre; este a diferencia de sus colegas algo entiende del liberalismo, las conclusiones que saca son más o menos erróneas pero por lo menos indaga en el tema y no se remite solamente a los panfletos del MPD y la Biblia del Idiota.

En un artículo titulado El Rol del Estado intenta equiparar los ataques a los derechos de las personas por parte del Estado con el de la empresa privada a continuación mi réplica:

Pertenece al liberalismo clásico una idea que se la ha repetido (usualmente, sin reconocimiento de su origen doctrinal) en el debate sobre la ley de comunicación: la idea de que solamente el Estado, mediante su monopolio del uso legítimo de la fuerza, puede atacar los derechos de las personas. Replicaré esa idea, en esencia, con tres argumentos:

1) No es cierto que solamente el Estado puede atacar los derechos de las personas porque las empresas también pueden hacerlo. Las empresas son entidades (a pesar de la profunda aversión de los liberales clásicos a la planificación) de elaborada jerarquía y planificación que pueden oprimir los derechos fundamentales de las personas mediante la imposición de la voluntad del empresario a sus trabajadores, los procesos de contratación discriminadores, las políticas de “movilidad laboral”, etc. La pobre excusa de que tales situaciones suceden por el “libre acuerdo entre las partes” solo sirve para esconder, la mayoría de las veces, la profunda asimetría de ese supuesto acuerdo y para revelarnos el escaso concepto de libertad que los liberales clásicos postulan.

Sobre la supuesta aversión a la planificación, se equivoca. El liberalismo no es contrario a la planificación económica de individuos y empresas (calculo económico). Este es muy diferente de una planificación central de toda la economía por parte de unos burócratas con sobredosis de autoestima que creen que pueden suplir con planes quinquenales las millones de interacciones económicas entre los individuos. A esta actitud constante en los colectivistas que llegan al poder Hayek la llamó acertadamente la “Fatal Arrogancia” .

Se mofa “libre acuerdo entre las partes” pero esto es fácilmente rebatible, pongo un ejemplo: el chino que acepta el trabajo por un sueldo miserable en una maquila de una multinacionales no es porque es tan bruto que deja atrás la mansión y las riquezas que le dejo el socialista Mao sino porque la otra opción como seguir desempleado o en la informalidad es muchísimo peor. Esto lo demuestra Johan Norberg en su documental “La Globalización es Buena”.

Sobre la supuesta relación asimétrica empleador-empleado se olvida que nadie obliga al empleado a aceptar el trabajo. Si alguien lo hace aduciendo que las circunstancias lo presionan es porque la alternativa es mucho peor. La situación de desesperación laboral es más grave en países tercermundistas donde existe un apartheid laboral creado por el mismo intervencionismo estatal.

Aparentemente el autor es aficionado a las novelas de Dickens y la grandes producciones de Hollywood donde se retrata al empresario como el malvado explotador y al burócrata como el héroe y no se ha enterado que hoy existe el ranking de "La mejor empresa para trabajar" donde los propios empleados votan para demostrar lo contentos que están al ser parte de las mismas.

2) No es cierto que solamente la presencia del Estado puede atacar los derechos de las personas porque también su ausencia puede resultar injusta y opresiva. Los liberales clásicos se preocupan de los daños directos a sus derechos, en particular, de los patrimoniales (por ejemplo, el que una persona robe a otra o que el Estado la expropie sin justa causa) pero se despreocupan de la situación de desventaja social en la que se encuentran muchas personas de la sociedad (en sociedades latinoamericanas, la mayoría) que no tienen acceso a educación, salud, alimentación adecuada o vivienda digna. Desde finales del siglo XIX en que se origina el llamado Estado social de derecho (a despecho de los liberales clásicos y, en particular, exitoso en Europa occidental) se ha advertido que la ausencia del Estado es la que permite esas injusticias y se ha procurado su intervención para paliarlas.

Parte el auto de la falacia que una empresa debe tener conciencia social cuando esta existe principalmente para generar utilidades para sus accionistas, son estos accionistas quienes deben decidir que hacer con el dinero de la empresa. Si deciden destinar parte del dinero a una fundación sin fines de lucro pues bienvenido sea. Es común hoy que empresas realicen actos solidarios y caritativos usando su dinero para muestra en el país operan las fundaciones de Supermaxi, Movistar, Diners Club, etc.

Segundo a ninguna empresa le favorece que el país donde opera este lleno de pobres e ignorantes pues estos son potenciales clientes y por lo tanto mayores ingresos. Si algún empresario piensa lo contrario es un pésimo empresario o posiblemente tenga el mercado totalmente cautivo gracias a su conexión política (mercantilismo).

El problema del colectivismo es que ve en toda necesidad un derecho, al sector privado como el mejor postulante para financiarlo y a la violencia estatal redistributiva para llevarlo a cabo.

3) No es cierto que la presencia el Estado siempre ataque los derechos de las personas; los propios liberales clásicos le reconocen al Estado un papel de garante y protector del derecho de propiedad, mediante un sistema penal y de policía funcional a ese propósito. En realidad, los liberales clásicos no rechazan la presencia de un Estado fuertemente activo per se, sino la presencia de un Estado fuertemente activo en el área económica, lo que equivale a sancionar como justa la distribución asociada al mercado (como crítica, v. el punto anterior).

Efectivamente en una sociedad como se la imaginan los liberales clásicos una empresa podría atacar los derechos naturales de sus empleados solo hasta que la justicia les alcance, no más. Incluso partiendo del supuesto que la gente fuera tan pendeja para seguir aceptando el maltrato por un largo periodo de tiempo y no se sacudiera y buscaría otro trabajo o iniciaría un negocio propio.

Finalmente, para el ámbito específico de la discusión del proyecto de Ley de Comunicación, la idea de que solamente el Estado podría violar el derecho a la libertad de expresión no se sostiene (ni conceptualmente, como arriba referido) ni desde la Convención Americana sobre Derechos Humanos, cuyo artículo 13.3 establece que no se puede "restringir el derecho de expresión" mediante "el abuso de controles […] particulares", lo que implica, necesariamente y de acuerdo con ese instrumento internacional, la intervención estatal para impedir que ese abuso de los particulares suceda.

Por otro lado el Estado constantemente ataca los derechos naturales del hombre (vida, propiedad y libertad) y el ciudadano de a pie no puede decir nada pues vivimos en "democracia" y es cuestión de lo que la mayoría quiera.

Si existen controles particulares a la libertad de expresión la solución no es controles estatales que tendrán fines políticos sino incrementar la cantidad de medios. Esto va por buen camino, los blogs y twitter y en general el Internet hacen posible que mayor cantidad de información este disponible al público. El Estado solo restringirá la libertad de expresión a su antojo.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Hay que Cuestionarse Sobre la Ley de Educación Superior

¿De que autonomía hablan si las universidades deben ceñirse al “Plan Nacional de Desarrollo? Un invento de los trasnochados del comunismo para cumplir sus sueños de planificar una sociedad. ¿Es posible jugar con los estudiantes ecuatorianos como fichas de ajedrez?

¿Quién debe validar la calidad de los profesionales, las empresas que los contratan o los burócratas del Senplades? Según estos genios el prestigio ganado con los años no es válido. Sin desmerecer a nadie se sabe que las mejores empresas buscan personal solo de ciertas universidades y de otras que ni el nombre es de fácil recordación se los descarta.

¿A quién le importa si e rector de la universidad no es un Phd? Con el ejemplo de Corrrea sabemos que no bastan los títulos para certificar conocimientos de una profesión. Lo mismo aplica para los profesores, la experiencia si puede estar sobre cualquier título académico

¿No es incoherente quejarse del pequeño número de ecuatorianos que logran llegar la universidad y al mismo tiempo quejarse de la proliferación de universidades privadas? A menor número de universidades me parece que habrá menor número de opciones para los estudiantes y por lo tanto menos personas estudiando.

¿A quién le sirve tener una educación del primer mundo si el ambiente laboral es del tercer mundo? La Ley parece pensada para graduar a potenciales burócratas y no empleados privados.  En días recientes dos estudios muestran a Ecuador como un lugar poco amistoso para los negocios y poco competitivo. ¿De que me sirve tener un título universitario si no voy a encontrar trabajo?

Mi propuesta: Dejar que la competencia haga su trabajo, al tener libertar de abrir universidades sin injerencia estatal habrá mayores opciones para los estudiantes. Se deben eliminar los subsidios a las universidades para que estas tengan que buscar su propio financiamiento ya se mediante las matrículas de los estudiantes o por donaciones particulares.

¿Que pasa con los pobres? En una sociedad libre siempre existirán instituciones que ofrezcan becas y créditos ventajosos a personas que no pueden pagar la colegiatura y que tengan el deseo de ser profesionales.

Las universidades al tener el prestigio y su continuidad en juego no les quedará más remedio que ofrecer mayor calidad de educación en sus aulas. La sociedad sabrá juzgar cuales valen la pena y cuales no sin tener que pagar a un ejército de burócratas para el efecto.

domingo, 17 de mayo de 2009

La rapidez del proceso emprendedor

Por Fernando Herrera

Supongo que a todos nos ha pasado. Tras unos cuantos años, ocurre que retornamos a una ciudad o pueblo en el que pasamos un tiempo prolongado, quizá parte de la infancia, o simplemente unos meses de estudio, o de trabajo. Recorremos sus calles con un cierto punto de nostalgia, y siempre aflora el comentario: "anda, pues aquí había una cafetería, y fíjate, ahora hay una tienda de ropa", "aquí venía con los amigos a tomarme un helado; qué pena, ahora es una discoteca", "vaya, han cerrado el cine al que solíamos venir"...

Son los resultados del proceso de emprendimiento que caracteriza al ser humano y que se manifiesta con todo su esplendor en el libre mercado. Gracias a los emprendedores, enormes cantidades de recursos son movidas de unos usos a otros, buscando incesantemente su asignación a los mejores usos para los congéneres. Con la esperanza de que tal mejor uso revierta en mayores beneficios para el innovador.

Es por eso que la cafetería cede el paso a la tienda de ropa, y la heladería a la discoteca, o se cierra el cine. Pasa el tiempo, cambian los gustos de las personas o simplemente, los emprendedores son capaces de identificarlos mejor. Alguien se dio cuenta de que en el local que estaba la cafetería, por su situación o por otras razones, se podría obtener un mayor beneficio vendiendo ropa. Y procedió a arriesgar sus recursos, quizá el propio local, para ver si se cumplía su visión.

Otro emprendedor pensaba que la gente querría ver películas en gran formato, decidió montar un local de cine, y, con el tiempo, se dio cuenta de que se había equivocado en su planteamiento. No es que la gente no quisiera ver películas, pero no estaba dispuesta a pagar por ello una cantidad que compensara al empresario los desembolsos realizados. Dicho de otra forma, el empresario estaba usando mal los recursos escasos al dedicarlos a una actividad no valorada suficientemente por sus congéneres.

Y así avanza la sociedad.

Alguien puede pensar, tal y como se ha descrito, que estamos ante un proceso lento, pues lleva tiempo adecuarse a las necesidades de la sociedad. Recuérdese el punto de partida: "tras unos cuantos años..."

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El proceso emprendedor es rapidísimo, increíblemente rápido si tenemos en cuenta el volumen de recursos que se mueven. Si eliminamos de la descripción anterior el efecto nostalgia, y nos vamos de paseo por nuestra ciudad de residencia, podremos constatar que no han de pasar años para que los locales cambien de uso. Un buen día vemos que la tienda de abajo ha cerrado; a la semana, vemos unos cuantos albañiles dentro de ella, y en otra semana, se abre un bar de nuevo diseño. Hay veces que uno se lleva sorpresas dentro de su propia manzana.

Los emprendedores son rápidos y eficaces. Tan rápidos como pueden: están adelantando pagos para hacerse con los recursos que necesitan para llevar a cabo su idea, y quieren experimentarla cuanto antes. Va en su interés saber en el menor tiempo posible si tendrán éxito o no, si han acertado en sus previsiones respecto a las necesidades de sus conciudadanos.

De hecho, los mayores obstáculos a la velocidad de los emprendedores no tienen mucho que ver con el mercado, sino con su regulación y la intervención de las administraciones públicas. Probablemente, la mayor componente en el retraso del nuevo bar habrá sido la concesión del permiso de obras, o de la licencia para expedir bebidas alcohólicas, o darse de alta en el registro que corresponda. Pues ninguna de las personas de las que dependen estas concesiones están guiadas por el mismo principio; para estos funcionarios, los retrasos no significan ninguna pérdida.

Cuando uno observa la crisis económica en que estamos metidos, y lee los pronósticos sobre todos los años que nos quedan por sufrir antes de ver su final (toma mensaje esperanzador para los 4 millones de parados que ya pueblan nuestras calles), uno no puede evitar fijarse en estos rápidos cambios de uso para los locales.

De la crisis económica, solo hay salida por una vía, y no es la "social": es la vía del emprendimiento, que será capaz de llevar los recursos, ahora utilizados mal, a sus usos correctos. Y encima lo hará en mucho menos tiempo del que imaginamos, pues es un proceso muy rápido.

Gobiernos, liberen de sus cadenas al proceso emprendedor (o sea, dejen de intervenir en el mercado); libérennos de esta crisis.

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