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jueves, 5 de julio de 2012

¿Odian los progresistas el progreso?

Hace un par de años este gobierno  tuvo un batalla con las doras, aquellas impresionantes máquinas con las que nuestras abuelas hubieran soñado. Estas que ayudan a ahorrar tiempo y esfuerzo físico para usarlo en cultivar un hobby, pasar más tiempo con la familia o simplemente descansar. En vez de trabajar en una extenuante jornada de lavado contra una piedra o gastar horas después del almuerzo familiar restregando platos o barriendo el piso hasta destruirse la espalda; hoy una ama de casa puede mejorar su calidad de vida con lavadoras, secadoras, aspiradoras, etc. Pero esto no es importante para el ingeniero social que sabe lo que nos conviene mejor que nosotros mismos, en aquella ocasión el bienintencionado burócrata de turno no permitió que los pobres puedan costearlas aduciendo que eran bienes suntuarios.

Luego fue el intento de prohibir los calefones de agua a gas, al parecer bañarse en agua apenas tibia en invierno en la sierra ecuatoriana era algo digno del nuevo hombre socialista. Por suerte la medida no prosperó. Ahora se ha declarado una guerra a los celulares, televisores de última generación, autos entre otros. Se aduce un problema ambiental que ni siquiera es evidente, no se ha sabido de personas muertas o enfermas por intoxicación de litio o cadmio. Y si esto fuera cierto ¿por qué no se prohibir las laptos? Estas contaminan como 10 celulares e incluso más, o qué tal prohibir los juguetes de niños, nadie puede negar que sean objetos suntuarios que generan muchísimo desperdicio plástico y encima usan pilas con químicos igual de peligrosos.

Tomemos el caso de los celulares, posiblemente los aparatos que más han revolucionado la forma en la que nos comunicamos, un smarthphone es una oficina móvil y hasta el más sencillo modelo de celular permite comunicarnos donde estemos con nuestros seres queridos, el trabajo y demás. Supuestamente para estos que se hacen llamar progresistas lo más importante es el ahorro de energía y el manejo de los desechos posteriores que la calidad de vida de las personas.

Pero analicemos otras opciones que a mi opinión resultan evidentes para tomar esta medida. La primera es que todo indicaría que  el régimen busca aumentar los ingresos por impuestos. El ecuatoriano promedio, que es muy bueno para cuidar su bolsillo pero no el del prójimo, empezó  a traer celulares por correo Courier y con familiares del extranjero para evadir los draconianos aranceles con los que se gravan a este tipo de equipos que terminan multiplicando el precio del mismo. La realidad es muy simple si en el Ecuador un Blackberry cuesta alrededor de 450 dólares y en EEUU el mismo llega a costar 170 dólares, pagar hasta de 50 dólares por el envió significaba un ahorro sustancial. A la final obligar a todo a comprar celulares carísimos resulta en un aumento de ingresos por impuestos. Cada vez nosotros más pobres y el Estado más rico. Una medida que incentivará a los delincuentes a asaltar casas y personas dado que los celulares y televisores se transforman en bienes de lujo.

La segunda es favorecer consciente o inconscientemente a un grupo empresarial poco competitivo. Sorpresivamente una empresa ensambladora de celulares está lista para duplicar su producción y apoya la medida en pos de la industria nacional. El viejo mercantilismo está de vuelta, favorecer a unos pocos afectando a muchos. Capitalismo solo para mis amigos “emprendedores” y socialismo para los consumidores.

La tercera es la tan mentada balanza comercial deficitaria que como hemos explicado es un sinsentido. Para importar necesariamente tengo que exportar, solo los individuos comercian y reciben a cambio riqueza (bien o servicio) por su dinero, sumar todos esos intercambios personales y llevarlos a una cuestión nacional no tiene la menor lógica.

Por el momento la gran mayoría de ecuatorianos seguirá pensando que hace patria comprando un celular carísimo y de mala calidad, un auto inseguro y costoso, pagando una fortuna en los juguetes para sus hijos o usando el "Sígueme Sígueme" en vez de un perfume de marca. Así lo único que les puedo recomendar es que cuiden sus celulares, los señores del gobierno y sus amigos están a la expectativa de que lo pierdas.

domingo, 20 de febrero de 2011

Las Verdaderas Lecciones del Lejano Oriente

El 15 de enero se cumplieron 4 años de “Revolución Ciudadana”,  destaco que es un verdadero alivio que el régimen correista no haya tomado el camino económico de Venezuela que va rumbo a la autodestrucción de mano del coronel Chávez, o el de la isla prisión cubano como todos presentíamos hace 4 años.
 
Tampoco estamos para tirar cohetes, salvo si Ud. trabaja en la burocracia o es contratista estatal. Efectivamente existen pobres que están mucho mejor, pero en general el país crece a un ritmo mediocre a pesar del favorable contexto para los países que producen commodities. Basta compararnos con nuestros vecinos Perú y Colombia que viniendo de trasfondos más violentos y corruptos y que ahora están apresurados por recuperar el tiempo perdido y enrumbarse hacia un futuro más próspero atrayendo toda la inversión extranjera que pueden y liberalizando parcialmente sus economías. Resumiendo se puede decir que no estamos creciendo a todo nuestro potencial gracias al estatismo exacerbado e hiperactivo desplegado por el actual gobierno.
 
El gran problema del gobierno es ideológico, sueñan que pueden planificar la vida de los ecuatorianos para llevarnos al “Buen Vivir”. Ahora cambiaron su admiración por el modelo cubano de “desarrollo” (en verdad todavía creen que existe uno) por el de los tigres asiáticos. Supuestamente el gobierno al elegir que sectores y empresas favorecer con todo tipo de medidas va a generar empleo y prosperidad. Claramente es retomar el mercantilismo, siempre presente en la vida de los ecuatorianos, pero que esta vez asegurando que va a triunfar. El gran referente para el gobierno ecuatoriano entre los tigres asiáticos es el más pobre: Corea del Sur, en vez de apuntar a Hong Kong que el más rico. ¿Será porque Corea era una dictadura mientras se desarrolló?
 
 
El discurso oficial apunta a algo muy simple: el dirigismo económico si funciona y tenemos ejemplos en el extremo oriente para mostrarlo. Señalan a los supuestos modelos proteccionistas pro-exportación aplicados por estos países para salir de la pobreza. Pero en realidad tienen una visión miope del asunto, solo resaltan lo que se ajusta a su discurso estatista aminorando otras cuestiones a tomarse en cuenta.
 
Flexibilidad laboral y libertad económica
 
Taiwan o Hong Kong nunca hubieran alcanzado el nivel de desarrollo sin la flexibilización laboral que impusieron en los primeras años de su camino al desarrollo. Al no tener abundantes recursos naturales optaron por explotar su ventaja comparativa, la mano de obra barata, diligente y abundante.  Es lo que vemos ahora con los sueldos comparativamente “miserables” que se pagan en China, Vietnam o Malasia, lo mismo ocurría en Taiwan y Hong Kong décadas atrás. La flexibilidad laboral y el aumento progresivo de la productividad esta en contra la lógica del “salario digno” que quiere imponerse en Ecuador.
 
Culturalmente el asiático es proclive al orden, al ahorro y la laboriosidad. En cambio al ecuatoriano desde el gobierno central se lo incentiva a depender del Estado para sobrevivir y se sataniza al sector productivo. A eso se debe sumar la incansable propaganda marxista para alienar a trabajador para que vea a su patrono como su enemigo.
 
Cuando empezaron a crecer estos países liberalizaron sus economías, a diferencia de Ecuador que quiere mantenerse como una economía altamente intervenida. El ejemplo paradigmático es Hong Kong la nación más libre del planeta desde hace 40 años y el más próspero de todos los tigres asiáticos.
 
Por suerte existe un documental en español del sueco Johan Norberg que puede aclararnos como se puede desarrollar un país partiendo de la miseria. Se ruega al lector darle un vistazo, no tiene desperdicio:
 
El Fracaso del Dirigismo Nipón
 
Tomemos el caso paradigmático del dirigismo estatal, Japón. El credo oficial de intervencionista indica que Japón llegó a ser la potencia mundial gracias al Estado interventor, este junto con las grandes corporaciones planificaron que producir,como producir y en que cantidades logrando un éxito sin precedentes.
 
En realidad Japón se desarrolló a pesar del Estado y no gracias a él. El mayor y más evidente problema de la planificación central de la economía es de conocimiento, este al estar tan disperso es imposible de manejarse y sintetizarse en grandiosos planes quinquenales u otros por el estilo. Dado este escenario al planificador solo le queda elegir arbitrariamente que actividades empresariales ganan y cuales pierden, dejando una puerta abierta a la corrupción y al enriquecimiento de unos pocos elegidos y en el camino malograr a muchos otros empresarios que no tienen la conexión política correcta.
 
Además debemos tener en cuenta el riesgo de que estos inteligentísimos planificadores se equivoquen y luego persistan en el error al no tener en cuenta las señales del mercado que son las perdidas y las ganancias. Japón no es la excepción, ahora es una economía zombie gracias a las interminables intervenciones estatales, Brad Hall lo describe de la siguiente manera:
 

El aumento histórico y la caída del poder económico del Japón ofrecen lecciones valiosas para los EEUU y China.

En los 15 años a partir de 1965, Japón aumentó su PIB de $ 91 millones a US $ 1 billón. En 1987, cuando comencé mi tesis doctoral sobre las prácticas de gestión empresarial japonesa, los japoneses ricos habían comprado en efectivo Pebble Beach, el Rockefeller Center y había comenzado a devorar a los bancos. Muchos observadores están convencidos de que no habría como detener a Japón. Luego, en 1989, todo terminó abruptamente cuando las burbujas inmobiliaria y bursátil japonesas explosionaron.

En un intento para reiniciar su fallida economía, el gobierno japonés rescató a los grandes bancos, adoptó políticas keynesianas de estímulo y redujo las tasas de descuento a corto plazo a un poco más que cero y las retuvo allí durante años.
 
Diez años más tarde, en 1999, los gastos de estímulo de Japón superaron los $ 1,5 billones, con pocos beneficios económicos. Hoy, la deuda de Japón es del 192% del PIB, el más alto de todos los países del G-20. Y en la primera década del nuevo milenio, ajustado a la inflación el crecimiento del PIB de Japón es del 0,22%. Japón cayó y sigue sin poder ponerse de pie ....
 
... Diez años después del colapso del "milagro japonés", el profesor de Harvard y gurú de la estrategia de Michael Porter y el profesor japonés Hiroshi Takeuchi realizaron una autopsia. Sus resultados, publicados en el libro Puede Competir Japón? identificaron varias causas del fracaso económico. La más perniciosa fue la intervención del gobierno en el mercado libre.
 
... En años de auge de Japón, uno de los trabajos más prestigiosos del país era en el Ministerio de Comercio Internacional e Industria (MITI). MITI contrataba sólo 1 de cada 10.000 aspirantes. El papel del MITI era la formalización de una alianza entre el gobierno y la industria por el bien del país. MITI establecía las metas de producción (por ejemplo, duplicar la producción de acero en cinco años), asignaba las cuotas a las empresas y disponía que los bancos proporcionen los fondos. El MITI forzaba la cooperación entre las empresas y protegía las industrias objetivos de la competencia internacional. Los partidarios de la economía de libre mercado en otros países gritaron “falta”, pero Japón continuó impertérrito.
 

La filosofía del gobierno era:

1. Las exportaciones crean la riqueza nacional.

2. El gobierno debe apoyar a las industrias que aumenten las exportaciones.

3. La competencia es un desperdicio, destructivo y debe ser evitado.
 
4. Las industrias refugiadas en Japón invertirán grandes ganancias en el país para capturar cuotas del mercado internacional.
 
... La investigación detallada de Porter y Takeuchi reveló un dramático contraste en el desempeño de las industrias que no fueron objeto de influencia de parte del gobierno frente a los que si fueron.
 
El gobierno japonés ofreció poco apoyo en las industrias donde Japón es más competitivo hoy: motos, coches, equipos de audio, robótica, instrumentos musicales, cámaras y video juegos. Un ejemplo fue la entrada de Honda en los automóviles. El gobierno japonés se opuso activamente al ingreso de Honda en la atestada industria del automóvil japonés. El audaz desafío de Honda a empresas establecidas como Nissan (NSANY), Toyota Motor (TM) y Mitsubishi dio como resultado la industria más dominante de Japón.
 
Irónicamente prácticamente todas las industrias que el gobierno apoyó no se convirtieron nunca en competitivas a nivel mundial. Estas incluyen: las aeronaves, los servicios financieros, productos farmacéuticos, chocolates, software, productos no electrónicos de consumo y alimentos. En otras industrias apoyadas (tales como líneas aéreas, la banca minorista, las telecomunicaciones, la mercancía general, venta al por menor y restaurantes), Porter y Takeuchi encontraron que la productividad del trabajador era un 40% inferior a las normas de EEUU. Porter y Takeuchi afirma que "el papel del gobierno debe ser mejorar el medio ambiente para la productividad y la competencia, para no involucrarse directamente en el proceso competitivo." Leerlo completo en inglés.
 
La lección del texto anterior es clara, el Estado no puede crear deliberadamente buenos empresarios, es mejor dejar que se vuelvan competitivos por su propia cuenta. El mejor incentivo es el afán de lucro, cuando ya se ha arriesgado el dinero de uno es mejor centrarse en satisfacer al cliente para que la aventura empresarial resulte rentable. El Estado al entregar privilegios y fondos a empresas pervierte el incentivo y lo reemplaza por el de satisfacer al burócrata que te da de comer en vez de al consumidor que compra tus productos
 
Es un paso correcto mirar a países desarrollados para aprender de ellos, pero se debe tener en cuenta el cuadro completo y no solo el que se ajusta a un particular punto de vista. El punto de partida del camino a la prosperidad es un ambiente propicio para la creación y crecimiento de empresas privadas, estas son las que producen bienes y servicios que nos hacen más ricos a todos. El Estado al intervenir solo puede malograr la economía, así que señores políticos y burócratas mejor háganse a un lado para que el espíritu emprendedor empiece a florecer. Hace años lo venimos repitiendo los liberales, Laissez Faire, Laissez Passer. "Dejad hacer, dejad pasar"

domingo, 5 de diciembre de 2010

Injusta Prosperidad Artificial

La ciudad de Ambato se ha convertido, según nos dicen, en la muestra empírica de las bondades del modelo proteccionista aplicado por el gobierno ecuatoriano. Al parecer la sustitución de importaciones ha hecho de la ciudad una joya: tiene bajo desempleo y su industria florece. Específicamente el caso de éxito se centra en su industria de calzado.

Es indudable que la industria del calzado crece como nunca gracias a los aranceles impuestos a las importaciones de zapatos desde el extranjero. Imponer un arancel a productos que podríamos importar de afuera beneficia a la industria nacional que fabrica ese producto; incluso si la industria nacional que fabrica ese producto es muy ineficiente y sus precios poco competitivos.

Dada esta ventaja artificial quien resulta perjudicado es el consumidor. Miles de consumidores tendrán que pagar más por un producto de calidad inferior o a un precio mayor al que podría encontrar en un mercado libre de aranceles. El perjuicio esta distribuido en los miles de consumidores de zapatos a nivel nacional. Las medida proteccionista protegerá a centenas o decenas de productores. Esto no hace más que propiciar la desigualdad dándole un mercado cautivo a uno o varios empresarios.

Parafraseando a Frederic Bastiat, el agudo intelectual francés del siglo XIX, este es el típico caso donde lo que “se ve” está concentrado en unos pocos beneficiarios y es fácil de identificar y lo que “no se ve” es decir el perjuicio esta disperso en muchos afectados y es difícil de identificar.

Henry Hazlitt en su libro “La Economía en Una Lección” nos indica que aparte de los consumidores existe un segundo grupo de afectados por esta medida, otros empresarios:

El arancel ha sido definido como un medio de beneficiar al productor a expensas del consumidor. Ello es correcto en un sentido. Los partidarios del arancel piensan solamente en los intereses de los fabricantes directamente beneficiados por los derechos de que se trata. Olvidan, desde luego, el interés del consumidor, al que directamente perjudica el pago de tales gravámenes. Pero es equivocado examinar el problema arancelario como si se tratase de un conflicto de intereses entre consumidores y fabricantes, considerados en su conjunto. Es cierto que los aranceles perjudican a todos los consumidores en cuanto tales. Pero es equivocado suponer que benefician a todos los fabricantes en cuanto tales. Por el contrario, como acabamos de ver, subvencionan a los fabricantes protegidos a expensas de todos los demás fabricantes nacionales y particularmente de aquellos que poseen un mercado potencial de exportación más amplio.

Ilustremos con un ejemplo lo que indica por Hazlitt, digamos que por ejemplo los aranceles elevan una cantidad de dólares a todos los pares de zapatos, adicionalmente el precio de los zapatos nacionales sube porque los empresarios tienen un mercado cautivo. En resumen el ecuatoriano deberá desembolsar un monto mayor de sus ingresos para comprar zapatos. En otras palabras lo que esta a la vista es todos los puestos de trabajo que no crearon o se destruyeron cuando se dejar de consumir bienes y servicios con ese dinero extra que le quedaba al consumidor al adquirir un par de zapatos importados baratos. Antes con el mismo dinero que compraba un par de zapatos y unas medias, ahora solo nos alcanza para los zapatos.

Esto hace más pobre al consumidor pues tendrá solo los zapatos (posiblemente de menor calidad) y si quiere las medias tendrá que abonar dinero extra, también hace más pobre al comerciante de las medias que verá reducidas sus ventas o al desempleado que podría haber sido empleado en la industria de medias.

Los teóricos del proteccionismo que es el otro nombre para el mercantilismo, el corporativismo o la sustitución de importaciones justifican sus medidas indicando que al importar productos del exterior las industrias nacionales son afectadas en sus ingresos y por ende el desempleo aumenta. Hay dos aclaraciones a esta verdad; la primera para contrarrestar este efecto la industria nacional, ya sin la protección artificial del Estado, deberá ofrecer un mejor producto a un menor precio; pues solo así se convertirá en la primera opción de compra para los consumidores ecuatorianos. La única manera de hacerlo es siendo más competitivos y eficientes. Otra opción es que se dediquen a producir algo en lo que si puedan competir.

Si no podemos competir con los chinos en zapatos, juguetes y baratijas; debemos cerrar esas industrias en el Ecuador y dedicarnos a producir lo que nos resulte más ventajoso y en lo que seamos más productivos. Debemos aprovechar la división del trabajo global que nos permite comprar al menor precio posible un bien o servicio.

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La segunda, efectivamente un mercado libre produce perdedores específicamente los trabajadores y empresarios ligados a las industrias que no pueden competir con los productos fabricados en el extranjero. Pero en este caso tenemos dos claros beneficiarios: los consumidores que conseguirán un producto a un mejor precio por lo cual tendrán mas dinero en su bolsillo para destinarlo a consumir otros bienes o servicios. De esta manera se benefician los empresarios y trabajadores que producen otros productos y servicios a los que los consumidores destinarán su dinero extra. No existe un aumento del desempleo sino un desplazamiento de los trabajadores de las industrias afectadas, por ejemplo la del calzado, a las empresas cuyas actividades se verán beneficiadas.

La realidad es que se esta engañando a mucha gente haciéndole creer que al limitar las opciones de compra de los consumidores por arte de magia aparecen productivos empresarios que a su vez disminuyen el desempleo al contratar empleados. Esta prosperidad artificial, un verdadero juego de suma cero, solo favorece a sus directos implicados pero empobrece al país como conjunto. Nuevamente cito a Henry Hazlitt:

Hemos visto que el sobreprecio que los consumidores pagan por un artículo protegido reduce en una suma igual su capacidad adquisitiva para comprar otros artículos. No se deriva de ello ganancia alguna para la industria del país considerada en su conjunto. Pero como resultado de tal barrera artificial levantada contra los productos extranjeros, el trabajo, el capital y la tierra son desviados de las producciones más rentables a otras que ofrecen menores perspectivas. Por lo tanto, como consecuencia de los obstáculos arancelarios, la productividad media del trabajo y del capital nacional queda reducida.

Como conclusión todo arancel favorece a pocos interesados a cambio de perjudicar a un número grande de consumidores que estará tan disperso como para tomar cartas en el asunto y reclamar al respecto. El beneficio debería estar del lado del consumidor, que somos todos, mas no del productor con conexiones políticas. Si en verdad no se quiere favorecer a grupos de presión determinados se debería apoyar un verdadero libre mercado sin aranceles, cuotas de importación u otras barreras al comercio. No se debería dar protección artificial a industrias nacionales ruinosas que sin esta no durarían mucho tiempo en el mercado a costa de otras empresas más eficientes y competitivas.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El Importador (3/3)

Por Walter Block, tomado de “Defending the Undefendable”,  Capítulo 23. Ver la primera parte y la segunda parte.

Consideremos ahora una situación que superficialmente parece la pesadilla de los proteccionistas hecha realidad. Imaginemos que hay un país que puede producir mejor en todas las industrias. Supongamos que Japón (el cuco de la ILGWU), puede producir todo más eficientemente que América, no sólo las banderas, guantes de béisbol, radios, televisores, coches, y las grabadoras de cinta, sino todo. ¿Sería válida la afirmación de la ILGWU de que se debería restringir el comercio, entonces?

La respuesta es que nunca es justificable restringir el comercio entre dos adultos consientes, o incluso entre naciones de adultos consientes, definitivamente no en razón de que el comercio perjudicará a una de ellas. Porque si para un parte el comercio es dañino, simplemente lo podría negar. La prohibición no sería necesaria. Y si ambas partes dan su consentimiento para el comercio, con qué derecho cualquier tercero lo puede prohibir. La prohibición sería el equivalente a una negación de la vida adulta de una o ambas partes de la transacción, por tratarlos como menores de edad que no tienen el sentido o el derecho a contraer obligaciones contractuales.

A pesar de todos los argumentos morales, los proteccionistas todavía querrán prohibir el comercio sobre la base de que un desastre se produciría si eso no se realizara. Tomemos la situación de que existe entre Estados Unidos y Japón las condiciones de pesadilla que han estipulado. Supuestamente, Japón exportará bienes y servicios, sin importar nada de los Estados Unidos. Esto traería prosperidad a la industria japonesa, y depresión a la nuestra. Finalmente, Japón supliría todas nuestras necesidades y, como no habría exportaciones para contrarrestar esta situación, la industria norteamericana llegaría machacada a pararse. El desempleo se elevaría a proporciones epidémicas y habría una dependencia completa en Japón.

Esta descripción puede parecer un poco absurda, sin embargo la historia del proteccionismo en los Estados Unidos y el éxito de la campaña ILGWU, indican que tales "pesadillas" prevalecen de mayor manera de lo que cabría imaginar. Tal vez este sueño horrible prevalece porque es más fácil achicarse en horror antes que hacerle frente.

Al contemplar esta pesadilla, se plantea la cuestión de qué usarán los estadounidenses para comprar productos japoneses. No pueden utilizar el oro (o cualquiera otro metal precioso), porque el oro en sí mismo es una mercancía. Si los estadounidenses utilizarían oro para pagar las importaciones el efecto es que exportarían oro. Esto iría en contra de la pérdida de empleos debido a las importaciones, y estaríamos de vuelta a la situación prototípica. Los estadounidenses podrían pierden puestos de trabajo en radios y televisiones, pero aumentarían en la extracción de oro.

La economía estadounidense se asemejaría a la de Sudáfrica, que paga por sus importaciones en gran medida con las exportaciones de oro. El único medio adicional de pago sería en forma de dólares de los Estados Unidos. Pero, ¿qué harían los japoneses con los dólares? Sólo hay tres posibilidades: podrían devolver estos dólares a nosotros como pago de nuestras exportaciones a ellos, podrían mantener el dinero, o podrían gastar en productos de países distintos a los Estados Unidos. Si optaron por la última alternativa, los países con los que comerciaron tienen las mismas tres opciones: gastar en los Estados Unidos, el acaparamiento, o gastar en otros países, y así sucesivamente para los países con los que comercien a su vez. Si dividimos el mundo en dos partes; los Estados Unidos y todos los demás países, podemos ver que las tres posibilidades se reducen a dos: o el papel moneda que enviamos vuelve a comprar nuestros productos o no.

Supongamos que la "peor" posibilidad sucede, que nada del dinero vuelve a estimular nuestras exportaciones. Lejos de ser un desastre, como los proteccionistas afirman, esto en realidad sería un bendición absoluta! Los dólares de papel que enviamos al extranjero serían sólo eso, papel sin valor. Y ni siquiera se podría gastar tanto papel simplemente se podría imprimir dólares con ceros extra. Así, en la pesadilla de la ILGWU, Japón nos enviaría los productos de su industria, y nosotros enviaríamos tan solo piezas de papel verde con muchos ceros impresos en ellos al Japón. Sería un gran ejemplo de desprendimiento. La negativa de los extranjeros para sacar provecho de sus dólares correspondería a un gran regalo para los Estados Unidos. Nosotros recibiríamos los productos, y ellos recibirían papeles sin valor!

A diferencia de las fantasías de la ILGWU y los grupos proteccionistas, los destinatarios de regalos grandes no suelen sufrir agonías indecibles. Israel ha recibido reparaciones de Alemania durante muchos años, y regalos de los Estados Unidos, sin ningún tipo de efectos nocivos evidentes. El país receptor no tiene qué interrumpir su propia producción. Porque los deseos de cualquier población son infinitas. Si los japoneses dieran un automóvil Toyota a todas las personas en los Estados Unidos, ellos quisieran pronto dos, tres o muchos Toyotas. Evidentemente, es inconcebible que los japoneses (o cualquier otra persona) sean tan abnegados que incluso lleguen a tratar de satisfacer todos los deseos del pueblo estadounidense sin recompensa. Sin embargo, sólo si tuvieran éxito en esta tarea imposible todas las industrias nacionales colapsarían, porque entonces todo el mundo tendría todo lo que quisiera.

Pero en este caso imaginario, el colapso de la industria nacional sería algo para ser alabado, no condenado. La gente en el Estados Unidos suspendería toda la producción sólo si sentiría que tiene suficientes posesiones materiales y que seguirá teniéndolas en el futuro. Tal situación no sólo no es horrible, sería bien recibida por los estadounidenses como lo más cercano a una utopía.

Proteccionismo

En realidad los japoneses y otros no se contentaran con acumular los dólares que se les dio como pago por sus productos. Tan pronto como sus saldos en dólares se pongan por encima del nivel que elijan, ellos usarán los dólares estimulando así las exportaciones de manufacturas de los Estados Unidos. Podrían comprar productos estadounidenses y por lo tanto estimular directamente las exportaciones americanas.

O puede ser que demanden oro por sus dólares (un "ataque" al dólar), que requeriría una devaluación que haría las exportaciones americanas más competitivas en los mercados mundiales. De cualquier manera, los dólares volverían a los Estados Unidos, y nuestras industrias nacionales se verían estimuladas. La pérdida de empleos debido a las importaciones serían contrarrestadas por los aumentos en otras partes, tal como en el caso de Vermont y Florida.

¿Por qué comerciaría Japón con un país cuya producción es menos eficiente que la suya? Debido a la diferencia entre lo que se denomina la ventaja absoluta y ventaja comparativa. El comercio tiene lugar entre dos pares (Países, estados, ciudades, pueblos, barrios, calles, personas) no de acuerdo con su capacidad absoluta para producir, sino de acuerdo con su capacidad relativa. El ejemplo clásico es el de la mejor abogada de la ciudad que también es la mejor mecanógrafa. Esta persona tiene una ventaja absoluta sobre su secretaria en la prestación tanto de los servicios jurídicos como de los mecanográficos. Sin embargo, la abogada decide especializarse en la profesión en la que tiene una ventaja comparativa, la ley. Supongamos que es 100 veces tan buena abogada como su secretaria, pero sólo dos veces más eficiente como mecanógrafa. Es más ventajoso para ella ejercer la profesión jurídica, y contratar (o comerciar con) una mecanógrafa. La secretaria tiene una ventaja comparativa en escribir: tiene tan sólo el 1 por ciento de la eficacia en derecho frente a su empleadora, pero es la mitad de buena como ella escribiendo. Ella es capaz de ganarse la vida mediante el comercio a pesar de que es más pobre en ambas habilidades.

El Japón que hemos estado imaginando tiene una ventaja absoluta en la producción de todos los bienes. Pero cuando los japoneses vuelven con nuestros dólares hacia nosotros a cambio de nuestros productos, Estados Unidos exportará los bienes en los que tiene una ventaja comparativa. Si somos la mitad de buenos como los japoneses en la producción de trigo, pero sólo una cuarta parte tan buenos en la producción de aparatos de radio, exportaremos trigo como pago de nuestra importación de aparatos de radio. Y así ganamos todos.

Por lo tanto, no importa qué situación se prevé, incluso en las más extremas, el argumento proteccionista resulta inadecuado. Pero debido a la potencia emocional de su influencia, los importadores han sido vilipendiados. Por su persistencia en una tarea que es intrínsecamente útil, los importadores deben ser considerados como los grandes benefactores que son.

lunes, 1 de noviembre de 2010

El Importador (1/3)

Por Walter Block, tomado de “Defending the Undefendable”,  Capítulo 23

1-1-1-buy-american-vote-obamaLa Unión Internacional de Trabajadores de la Confección de Ropa para Damas (ILGWU) ha lanzado recientemente una inusual, extensa, y costosa campaña de publicidad. Por racista y xenófoba no tiene paralelo. El tema de la campaña es que los "Extranjeros" (deshonestos e indignos) están tomando los trabajos de los estadounidenses (honestos, honrados y francos). Tal vez el anuncio más famoso de la serie es el que representa un bandera de Estados Unidos por encima de la leyenda "Made in Japan." Otro presenta una imagen de un guante de béisbol, con la leyenda "El Gran Juego Antiamericano". El texto de acompañamiento explica que los guantes de béisbol y las banderas de Estados Unidos son importados.

La razón de ser, se nos dice, para estos duros ataques a las importaciones es que crean desempleo en Estados Unidos. Y en un nivel superficial, el argumento parece plausible. Después de todo, cada bandera americana o guante de béisbol que se podría haber producido en el país, pero por el contrario fue importado, representa trabajo que podría haber sido producido por estadounidenses. Ciertamente, esto significa menos empleo para los trabajadores estadounidenses. Si el argumento se limitara a este aspecto, el caso para la restricción de la ILGWU, si no la prohibición de las importaciones, estaría correctamente definido.

El argumento, sin embargo, es falaz, y las consecuencias a la que conduce lógicamente son claramente erróneas. La premisa que justifica el proteccionismo a nivel nacional también lo justifica a nivel estatal. Vamos a ignorar la imposibilidad política (inconstitucionalidad) de que un Estado establezca tarifas entre éste y otros estados. Esto es, después de todo, irrelevante para el argumento económico de la ILGWU en contra del comercio libre. Teóricamente, ningún estado podría justificar su política en la misma forma que una nación puede. Por ejemplo, el estado de Montana podría prohibir las importaciones procedentes de otros Estados sobre la base de que representan trabajos que Montana podría tener. Un programa llamado "Comprar Montana" se podría poner en orden. Sería tan ilógico y poco sólido como la campaña ILGWU de "Buy American".

El argumento, sin embargo, no se agota en el ámbito estatal. Se puede, con igual justificación, aplicarlo a las ciudades. Considere la importación de un guante de béisbol a la ciudad de Billings, Montana. La producción de este ítem podría haber creado empleo para un habitante de Billings, pero no fue así. Por el contrario, creó puestos de trabajo, por ejemplo, para los ciudadanos de Roundup, Montana, donde fue fabricado. Los padres de la ciudad de Billings podrían tomar la posición de la ILGWU y "patrióticamente" declarar una moratoria sobre los intercambios entre los ciudadanos de su ciudad y los agresores económicos del exterior de Roundup. Esta tarifa, como las de las subdivisiones políticos más grandes, estaría diseñada para salvaguardar los puestos de trabajo de los ciudadanos.

Pero no hay razón lógica para detener el proceso en el nivel de ciudad . La tesis de la ILGWU lógicamente puede extenderse a los barrios en Billings, o a las calles dentro de los barrios. "Comprar Elm Calle " o "Paren la exportación de puestos de trabajo a la calle Maple” podrían convertirse en los gritos de batalla de los proteccionistas. Del mismo modo, los habitantes de cualquier bloque de Elm Street podrían usarlos en contra de sus vecinos del otro lado de la calle. Y aun allí el argumento no se detendría. Tendríamos que concluir que se aplica incluso a los individuos. Para clarificar, cada vez que una persona hace una compra, esta renunciando a la fabricación de la misma. Cada vez que compra zapatos, un par de pantalones, un guante de béisbol, o una bandera, esta creando oportunidades de empleo para otra persona y, por lo tanto, excluyendo a aquellas propias. Así, la lógica interna del alegato proteccionista de la ILGWU conduce a insistir en la autosuficiencia absoluta, a un total interés económico en la renuncia a comerciar con todas las demás personas, y la auto-producción de todos los elementos necesarios para el bienestar.

Es evidente que este punto de vista es absurdo. Todo el tejido de la civilización se basa en el apoyo mutuo, la cooperación y los intercambios entre personas. Abogar por el cese de todo el comercio es un disparate, y sin embargo, esto es lo que inevitablemente persigue la posición proteccionista. Si el argumento a favor de la prohibición del comercio a nivel nacional es aceptable, no hay punto de parada lógica en el plano del estado, la ciudad, el barrio, la calle, o el bloque. La que como último lugar de parada es el individuo, porque el individuo es la unidad más pequeña posible. Premisas que conducen inevitablemente a una conclusión absurda son ellas misma absurdas. Por lo tanto, sin bien el argumento proteccionista podría parecer a primera vista convincente, hay algo terriblemente erróneo en él.

En concreto, la esencia de la falacia es un malentendido sobre la naturaleza y la función del libre comercio. El comercio que a nuestro juicio, supera al fuego, la rueda, y el pulgar oponible en la explicación de la superioridad del hombre sobre los animales. Para él y solamente él hace la especialización y la división del trabajo posible.

En su vida diaria las personas consumen prácticamente cientos de miles de artículos diferentes cada año. Si no fuera por la especialización, cada persona se vería obligada a fabricar estos elementos por sí mismo. Esto sería una tarea imposible. De hecho, las personas ni siquiera serían capaces de producir suficientes alimentos para sí mismos, por no hablar de producir todos los demás bienes que pudieran desear. La producción eficiente de alimentos comprende la producción de otras muchas cosas, incluyendo bienes de capital. La producción de estas cosas involucraría a cada persona en la fabricación de todos los elementos que son ahora distribuidos a la totalidad de una población.

Es muy cierto que sin el fuego, la rueda, y pulgares oponibles, la humanidad se encontraría en un estado lamentable. Pero sin especialización, sería imposible prácticamente para cualquier persona, incluso alimentarse por sí mismo, todo el mundo enfrentaría a la perspectiva de la inanición y la muerte.

Con la especialización, cada persona puede limitar sus esfuerzos productivos a aquellas áreas en las que se desempeña mejor. Pero el comercio es el eje que mantiene al sistema unido. Sin la posibilidad de comercio, la gente acumularía  enormes cantidades de imperdibles inservibles, clips de papel, o lo que sea. Sin la posibilidad de comercio, los incentivos para la especialización y la división del trabajo se habrían ido. Todo el mundo se vería obligado al intento de suicidio de llegar a ser autosuficientes.

Traducido por Libertario

miércoles, 21 de abril de 2010

La ofensiva de la Banda del Ocho

Por Juan Ramón Rallo

Bob Geldof, promotor de LIVE 8.

La semana pasada concluimos que el camino de África hacia la prosperidad debe pasar necesariamente por el respeto a la propiedad privada y su apertura al exterior. En otras palabras, si algo necesita África es más capitalismo y globalización. Sin embargo, estas propuestas de sentido común, tanto teórico como histórico, son rara vez oídas en Occidente.

Los grandes medios de comunicación contraponen deliberadamente dos modos de solucionar la pobreza que en el fondo son idénticos: por un lado tenemos el G-8, cumbre política capitalista y economicista; por otro el Live 8, movimiento social y solidario

El G-8 y Live 8 son vistos como el frío y el calor, la razón y el corazón, el pragmatismo y las buenas intenciones. El ciudadano medio tiende a observar ambos movimientos como dos caminos para erradicar la pobreza: uno calculador, lento pero eficaz, y otro impulsivo, bienintencionado pero torpe.

En realidad, la diferencia entre el G-8 y el Live 8 son mínimas; mucho más adecuado sería agruparlos en el calificativo de la Banda del 8. Ambos movimientos desconfían del individuo, del capitalismo y de la propiedad privada. Sus recomendaciones pasan indefectiblemente por expoliar al ciudadano occidental e incrementar el intervencionismo y la planificación en África. Unos y otros son, al fin y al cabo, socialistas, ya sea de cabeza o de corazón.

Aun así, conviene estudiar cuáles son los efectos de algunas de sus más sonadas propuestas para desarrollar el Tercer Mundo. ¿Tienen algún efecto positivo?

La redistribución cósmica del 0’7%

Tanto el Live 8 como el G-8 parecen dispuestos a donar al Tercer Mundo un 0’7% de su PIB. Sin duda, se trata de la principal reivindicación de los grupos socialistas, que todavía no han entendido absolutamente nada acerca del funcionamiento de la sociedad.

La donación del 0,7% del PIB fue una de las promesas electorales de Zapatero.El gran economista del desarrollo P. T. Bauer solía resumir el problema de la ayuda externa en dos frases que nos servirán como guión para nuestra explicación.

Por un lado, la ayuda externa no es necesaria ni suficiente para lograr el desarrollo. Como dijimos, el elemento clave para la generación de riqueza es la propiedad privada, que da lugar a la división del trabajo y a la acumulación de capital. Sin propiedad privada la ayuda externa, simplemente, se despilfarrará.

Imagine que usted recibe un premio de 10.000 euros; tiene dos opciones: o gastarlo o invertirlo. El desarrollo necesita, como ya hemos señalado, de inversión en bienes de capital. Sin protección de la propiedad privada, empero, toda inversión resultará absurda, pues el Gobierno podría expropiarle en cualquier momento su riqueza. La decisión más racional será utilizar los 10.000 euros en gastos corrientes e inmediatos.

Además, aun cuando algún arriesgado africano se decidiera a invertirlos, sin reconocimiento de la propiedad privada, su empresa quebraría a las pocas semanas. ¿Quién puede acumular riqueza en un clima hostil a la riqueza? Por poner una analogía: antes de repoblar un bosque hay que apagar el incendio. Si empezáramos a plantar árboles cuando las llamas aún estuvieran incandescentes los nuevos árboles serían rápidamente arrasados por el fuego.

Ahora bien, la ayuda externa tampoco es necesaria para el desarrollo. Como vimos en el primer artículo, cuando la propiedad privada y la libertad comercial están presentes el ritmo de creación de riqueza deviene tan acelerado que las transferencias públicas resultan, cuando menos, irrelevantes. "Aramos", le dijo la mosca política al buey empresarial.

Ningún país se ha desarrollado gracias a la planificación política. El colapso del sistema socialista está suficientemente reciente como para que algunos sigan implorando la ayuda externa a modo de panacea.

Pero además P. T. Bauer resumía el problema de la ayuda externa como la transferencia coactiva de dinero desde los pobres de los países ricos hacia los ricos de los países pobres. El famoso 0’7% supone, en la práctica, una consolidación de las dictaduras que empobrecen África.

Lejos de contribuir a la limitación de su poder, el 0’7% incrementa el poder y afán dirigista de unos regímenes asentados en el vilipendio de las libertades de sus ciudadanos y en el nulo respeto a la propiedad privada. Cabe afirmar, pues, que, lejos de ser inútil, la ayuda externa resulta nociva para el Tercer Mundo.

Los tiranos desvían la atención del auténtico problema –su ataque a la propiedad privada–, los occidentales se sienten complacidos con su contribución y los africanos se estancan en la miseria. ¿Qué más podría esperarse de una transferencia desde los europeos a los políticos africanos?

Un impuesto regresivo llamado Tasa Tobin

Desde diversas asociaciones izquierdistas como Attac se viene clamando por la necesidad de imponer un impuesto a las transacciones financieras internacionales (concretamente, en el cambio de moneda) para obtener fondos suficientes para desarrollar el Tercer Mundo.

Campaña de Attac Italia en favor de la Tasa Tobin.La crítica al 0’7% resulta aplicable a este caso: la ampliación del poder político no sirve para enriquecer a los países, más bien para empobrecerlos. Pero es que, además, la Tasa Tobin tiene una serie de efectos perversos adicionales que conviene destacar.

Por un lado, el impuesto grava los canjes de moneda, de manera que se encarece invertir en el extranjero. Por ejemplo, si un europeo crea una empresa en Ghana, y contrata a varios trabajadores ghaneses, tendrá que convertir los euros en nuevos cedis (moneda oficial de Ghana), para lo cual tendrá que pagar el impuesto. En otras palabras, la Tasa Tobin, por mucho que sus defensores lo nieguen, reduce la inversión de capital en países extranjeros. En ese sentido, si recordamos el primer artículo rápidamente entenderemos los efectos perversos que puede tener para el desarrollo. Sin capital no hay posibilidad de aumentar la riqueza.

Por otro lado, la Tasa Tobin es un impuesto regresivo, especialmente perjudicial para los pobres. La razón es que las monedas débiles siempre se expresan en dólares, de manera que el número de transacciones se dobla. Imaginemos que un agricultor ghanés vende su mercancía en Japón. Lógicamente, tendrá que convertir los yenes en nuevos cedis; el problema es que antes deberá convertir el yen en dólares, y luego los dólares en nuevos cedis. Así, la Tasa Tobin grava doblemente a los más pobres con monedas débiles.

En resumen, como ayuda externa es nociva, en tanto refuerza el socialismo de las dictaduras africanas; como impuesto sobre las transacciones financieras desalienta la acumulación de capital y se ceba especialmente con los más pobres.

La cultura os hará ricos

Otro mito muy extendido acerca de África es que su pobreza está estrechamente relacionada con su escasa alfabetización. En realidad, la pobreza es la causa del analfabetismo, no a la inversa. Las sociedades primero se enriquecen y luego se alfabetizan; o, mejor dicho, se alfabetizan conforme se enriquecen.

Ya dijimos que cuando la división del trabajo opera en el marco del capitalismo y de la propiedad privada las personas se especializan en su oficio. Esta especialización es, precisamente, un tipo de educación. Se adquieren nuevas técnicas para servir de mejor modo al consumidor.

Además, las sociedades basadas en la propiedad privada se caracterizan por una continua acumulación de capital. Una forma de este capital es el aprendizaje que un individuo adquiere en el sistema educativo.

Ahora bien, de la misma manera que sería absurdo que un empresario construyera en Kenia "media" fábrica de automóviles (es decir, que la inversión en capital se quedara a la mitad), también resulta descabellado inundar África de universitarios cuando carecen de los bienes de capital necesarios para utilizarlos. ¿Qué hará un ingeniero de telecomunicaciones con una azada?

Dos alumnos de una escuela norteamericana.Planificar políticamente la educación de una sociedad suele tener, además, dos malignas consecuencias. Primero, supone una excusa perfecta para que los gobiernos expandan su poder planificador e incrementen los impuestos; esto no sólo supone un nuevo ataque a la propiedad privada de los africanos, sino que los occidentales verán reducidos los incentivos de invertir en un país donde una creciente parte de las rentes es expropiada por el Gobierno. Segundo, los individuos más educados no encuentran en sus países empleos "adecuados a sus capacidades" ni "retribuciones suficientemente altas". En otras palabras, tiene lugar la famosa "fuga de cerebros". Dado que Occidente necesita de universitarios, en lugar de trabajar en sus sociedades los individuos más preparados emigran a los países ricos.

El resultado neto es que los africanos financian coactivamente –a través de sus impuestos– la educación de los trabajadores de las empresas occidentales.

¿Quién debe a quién?

Aun cuando en principio me siento atraído por la idea de que los ciudadanos africanos se nieguen a pagar unas deudas que han sido contraídas entre los tiranos africanos y los tiranos europeos, hay que señalar que si algo no necesita África son tratos especiales.

Pocas cosas causan más daño a los africanos que la creencia de que el mundo tiene una deuda pendiente con ellos por siglos de colonización y explotación. Los africanos tienen que desarrollarse como lo ha hecho todo el mundo, no a través de vacíos créditos sociales. De esos créditos no se deriva la riqueza, sino su espejismo.

Primero, una gran cantidad del dinero ahora adeudado fue ingresado en las cuentas bancarias de los dictadores africanos. En este sentido, nada más sencillo para cancelar la deuda que localizar los activos de los dictadores.

Segundo, al igual que con el 0’7%, la cancelación de la deuda no es condición necesaria ni suficiente para el desarrollo. Si la propiedad privada sigue sin respetarse, la cancelación de la deuda sólo servirá para que los dictadores vuelvan a endeudarse y para expandir el poder del Estado. Si la propiedad privada se respeta no habrá dificultades para, a través de la continua generación de riqueza, devolver la deuda.

Tercero, una de las facetas de la propiedad privada es el cumplimiento de las obligaciones contractuales. Incluso en el caso de que la cancelación pudiera tener unas iniciales consecuencias beneficiosas, el daño moral causado por la violación pública e internacional del cumplimiento contractual compensaría, con mucho, los beneficios obtenidos.

Dicho todo esto, hay que señalar que las situaciones de deudas estatales internacionales son del todo repulsivas. Las burocracias internacionales como el FMI y el Banco Mundial deben ser inmediatamente cerradas. Es intolerable tanto que los tiranos africanos se endeuden en nombre de sus ciudadanos como que los tiranos europeos presten nuestro dinero sin nuestro consentimiento.

Conclusión

Después de esta serie de artículos podemos extraer una serie de conclusiones acerca del desarrollo. Primero, la propiedad privada es la base de la generación de riqueza, a través de la división del trabajo y la acumulación de capital. Segundo, la pobreza africana se debe, en buena medida, a esa ausencia de respeto a la propiedad privada, pero también a la nefasta política proteccionista de Occidente. Tercero, las propuestas socialistas de la Banda del 8, en caso de implementarse, no sólo no conseguirán enriquecer a África, sino que la hundirán más en la miseria.

África ya ha tenido suficientes décadas de caudillismo y socialismo como para perseverar en el mismo error. Démosle una oportunidad a la libertad.

lunes, 19 de abril de 2010

Por qué el socialismo empobrece a África

Por Juan Ramón Rallo

La semana pasada analizamos detalladamente cuáles eran las causas de la riqueza. No ha habido sociedad en la historia de la humanidad que no se haya enriquecido siguiendo el camino trazado: división del trabajo y del conocimiento, intercambios voluntarios y acumulación de capital.

A su vez, perfilamos que la globalización abre las posibilidades. La división del trabajo ya no tiene que ajustarse a los estrechos límites de un país como España, sino que la especialización puede realizarse a nivel europeo, incluso mundial, aumentando su eficiencia. Cada individuo, en cualquier parte del mundo, puede producir, tras un análisis empresarial de las necesidades de los consumidores, aquello para lo que está más capacitado, sabiendo que podrá venderlo a las más lejanas sociedades. Por último, el capital puede invertirse por todo el orbe de una manera más adecuada en atención a su productividad y a los costes asociados.

En este sentido, por ejemplo, si una guerra devastara toda la riqueza alemana, la recuperación económica sería rápida. Los alemanes estarían forzados al principio a aceptar bajos salarios, ya que sus bienes de capital habrían desaparecido y, por tanto, su productividad sería baja (unos salarios más elevados que la productividad significarían que el empresario está pagando más de lo que espera obtener vendiendo el producto). Estos bajos salarios permitirían a los empresarios españoles producir en Alemania lo mismo que en España, pero a un menor coste. Es más, podrían producir en Alemania y seguir vendiendo la producción a sociedades ricas como España o Reino Unido.

Por tanto, la inversión extranjera en bienes de capital empezaría a reconstruir todo el equipo productivo alemán que había sido destruido con la guerra, y ello, a su vez, provocaría un incremento de los salarios. De esta manera, la situación de pobreza postbélica sería rápidamente revertida. Alemania volvería a ser una sociedad rica, gracias a la globalización. Algo similar, de hecho, ocurrió tras la II Guerra Mundial.

Uno de los incontables rascacielos de Hong Kong.Con todo, muchos han sido los intentos por hacernos creer que el Plan Marshall salvó a Europa de la miseria. Hong Kong, por ejemplo, era por aquel entonces una ciudad paupérrima, y no recibió ningún tipo de Plan Marshall; hoy, gracias a sus libres mercados, interiores y exteriores, es la región más rica y libre del mundo. Fueron, pues, las inversiones empresariales las que reconstruyeron la riqueza Europea, no los planes de algunos políticos iluminados.

Ahora bien, si todo esto es así, ¿por qué África sigue siendo pobre?

Propiedad privada y estabilidad institucional

En el anterior artículo aseguramos que no puede haber riqueza sin propiedad privada. Si yo no soy propietario de una trozo tierra, no podré incorporarlo a mis planes como medio hacia mis fines y, por tanto, no podré considerarlo riqueza. La propiedad común hace imposible que el individuo satisfaga sus fines y, especialmente, dificulta la consecución de fines muy lejanos.

La ausencia de seguridad jurídica sobre la posibilidad de retener los bienes, así como sus rendimientos, crea un perverso incentivo cortoplacista a saquear las propiedades comunes. Lo que es del común es del ningún, reza el refranero español. En teoría económica, a este fenómeno se lo conoce como "Tragedia de los Comunes", expresión acuñada por Garrett Hardin.

La explicación no puede ser más simple. Sin seguridad jurídica yo no puedo incluir un bien en mis planes a largo plazo, pues ignoro si tal bien habrá sido ya usado por otra persona con anterioridad. Es más, en realidad sólo podré dar algún uso a ese bien si lo utilizo antes que los demás, si lo empleo para planes muy inmediatos (ya que, en caso contrario, serán otros quienes lo empleen). Así, se produce una carrera entre los potenciales usuarios para ver quién esquilma antes el bien, es decir, quién lo integra antes en sus planes.

El resultado es la progresiva degradación de la "riqueza natural", que no llegará a convertirse jamás en "riqueza humana". No sólo eso: nadie estará dispuesto a invertir en capital si no tiene la seguridad de que podrá rentabilizarlo.

En África la gran mayoría de las tierras son comunales. Nadie acepta sacrificar su riqueza presente en unas tierras cuyos rendimientos revertirán sobre otras personas que no han invertido. La tendencia, por tanto, es a limitar al máximo el esfuerzo laboral propio para consumir los bienes obtenidos por los compañeros de trabajo. Si el reparto de frutos no depende del esfuerzo individual sino del resultado común, ¿puede esperarse otra cosa que el parasitismo?

El dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, uno de los grandes expoliadores de África.Pero esto, a su vez, incide sobre los otros dos medios a través de los que se genera la riqueza: la división del trabajo y la acumulación de capital.

Como hemos dicho, ningún africano emprenderá proyectos empresariales de muy lejano alcance por la enorme inseguridad jurídica que rodea la retención de los medios necesarios para acometerlos. La división del trabajo es un proyecto empresarial de largo alcance; aun en su forma más simple, cada persona deberá esperar a que otros adquieran sus productos para poder consumir aquello que realmente desea. Hay que producir, intercambiar lo producido por dinero y luego comprar el bien deseado.

Sin derechos de propiedad bien definidos, el individuo ignora si podrá completar el proceso: bien podría perder la propiedad de sus mercancías o la del dinero obtenido. Por ello, cada persona tratará de proveerse de aquello que necesita directamente; no pretenderá especializarse en satisfacer las necesidades ajenas. Retrocedemos, así, a una economía de subsistencia donde la división social del trabajo y del conocimiento ha desaparecido.

De la misma manera, la ausencia de instituciones estables que garanticen el derecho de propiedad (las frecuentes guerras civiles, las férreas dictaduras y las recurrentes expropiaciones nacionalizadoras) desalientan tanto a los propios africanos como a los occidentales de invertir allí su riqueza en forma de capital. Recordemos que la inversión en capital supone sacrificar riqueza presente para obtener una renta futura que compense el sacrificio actual. La ausencia de propiedad, pues, no sólo vuelve incierta la propiedad sobre ese conjunto de rentas futuras, sino sobre la inversión de capital que da lugar a las mismas.

Sin derechos de propiedad la riqueza se esfuma, la división de trabajo se resquebraja y el capital desaparece en cuanto a tal.

El proteccionismo occidental

La responsabilidad de los africanos, y especialmente de sus políticos, es manifiesta. La ausencia de instituciones y el fomento de dictaduras anticapitalistas es la razón de fondo de la pobreza en África. Sin embargo, la inexistencia de dichas instituciones no significa que no puedan aparecer y formarse. La inversión occidental, por ejemplo, promovería el respeto por la propiedad privada, el esfuerzo individual y la iniciativa empresarial. Los africanos empezarían a imitar y copiar las provechosas conductas occidentales, aprendiendo a aumentar su propio bienestar sin atacar el de los demás.

El problema es que los africanos se han convertido en víctimas del proteccionismo occidental. En el primer artículo dijimos que el progreso económico necesitaba de libertad de movimientos de personas, mercancías y capitales, esto es, de globalización. Pues bien, a pesar de que la izquierda no deje de repetir lo contrario, la globalización se encuentra en un estadio extraordinariamente primitivo.

Tierras de labor de Guinea Conakry.Los aranceles europeos y norteamericanos están matando a África (no en vano, en las pasadas elecciones europeas Coalición Liberal utilizó el contundente slogan de "La PAC mata"). No se trata, solamente, de que el proteccionismo impide a los africanos vender sus productos en los mercados occidentales a precios más elevados de los que podrían obtener en los mercados locales: el perjuicio de los aranceles va mucho más allá.

Dado que los empresarios occidentales saben que, en caso de trasladar sus plantas a África, no van a poder vender sus productos en Europa, los incentivos a la inversión occidental en África desaparecen. En otras palabras, si el empresario tiene la ventaja de producir barato en África y se ve constreñido a vender barato "en África", la razón para invertir en una zona inestable e insegura, con márgenes de beneficio similares a los occidentales, es escasa.

Así, las sociedades africanas no pueden recurrir al ahorro occidental para financiar sus estructuras de capital; al no existir libre comercio, la libertad de movimientos de capital se marchita.

Y sin ella difícilmente podrá África prosperar a corto plazo. Por un lado, porque las empresas occidentales no ejercerán su necesaria función de liderazgo, generando de manera espontánea las instituciones y comportamientos pautados previamente descritos. Por otro, porque sin el capital occidental, como ya dijimos, los africanos son incapaces de explotar su inmensa "riqueza natural". La izquierda puede frotarse las manos ante los sustanciosos recursos naturales africanos, pero sin el capital occidental son del todo accesorios e inútiles.

Pero, finalmente, y sobre todo, porque los africanos no tienen capacidad para acumular a corto plazo el ahorro necesario como para emprender inversiones en capital. Europa necesitó varios siglos para obtenerlo; a Asia, en cambio, le han bastado unas pocas décadas, gracias al excedente de ahorro occidental. África debería seguir el mismo camino, si los políticos, europeos y africanos, no distorsionaran la libertad empresarial.

Inmigrantes del África negra hacinados en una patera.Además, si recordamos las conclusiones del artículo anterior, no nos será difícil comprender algunas de las consecuencias de la política arancelaria. Dijimos que había dos opciones para conseguir aumentar el nivel de vida de los africanos: o bien los empresarios occidentales invertían en África, donde los salarios son bajos, para vender sus productos en Europa, o bien los africanos acuden allí donde los salarios son elevados.

Ante la imposibilidad de la primera opción, la segunda vía de escape aparece como el único camino. No es extraño, pues, que Europa, ante sus irresponsables aranceles, esté padeciendo enormes oleadas de inmigración. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Si el capital no puede acudir allí donde el salario es barato, el trabajo acudirá allí donde el salario es alto.

En el caso de que los políticos europeos quisieran realmente reducir la creciente inmigración que padece Europa, nada hay más urgente que eliminar los gravosos aranceles comunitarios. No ya sólo porque empobrezcan a los africanos, sino porque hacen lo propio con los consumidores europeos, forzados a pagar un precio superior al que hubieran desembolsado sin arancel.

Vemos, pues, cómo el ataque al libre comercio repercute necesariamente sobre el movimiento de capitales y la división social del trabajo. Ninguna restricción de las libertades es inocua, todas provocan una serie de acontecimientos sociales, a cada cual más nocivo: y es que los problemas de la inmigración en occidente se ven, a su vez, agravados por otra serie de políticas intervencionistas.

Para terminar con la pobreza y la inmigración descontrolada debemos reestablecer el libre comercio que caracterizó al siglo XIX, el de mayor expansión económica de la historia. Sólo así los empresarios occidentales decidirán invertir en África, facilitando la emergencia del respeto a la propiedad privada y de una clase empresarial nativa que liderará en el futuro el desarrollo de sus sociedades. El libre comercio, además, permitirá a los africanos acumular sus propios ahorros, lo que a su vez dará lugar a una clase capitalista africana.

Ninguna de estas propuestas ha sido planteada por el Live 8 y el G-8. En su lugar, hemos escuchado propuestas tan pintorescas como la Tasa Tobin, la condonación de la deuda externa, la escolarización obligatoria de la población y, sobre todo, la ayuda externa estatal a través del 0’7%. ¿Tienen estas propuestas algún viso de viabilidad o simplemente acrecentarán el problema original de la pobreza? Lo explicaremos en el próximo artículo.

sábado, 17 de abril de 2010

El Origen de la Riqueza

Por Juan Ramón Rallo

Ilustración tomada del diario LA PRENSA (Nicaragua).

La pobreza está de moda. Los movimientos antiglobalización, los conciertos del Live 8 y los líderes políticos más poderosos del planeta parecen haber redescubierto que hay gente en el mundo que pasa hambre. Nuestro insigne presidente del Gobierno incluso ha relacionado, por enésima vez, pobreza con terrorismo (y ello a pesar de que ninguno de los 18 países más pobres del mundo acoja o financie grupos terroristas).

Cometen todos ellos, sin embargo, un error fundamental al afrontar el problema. Instalados en una sociedad inmensamente rica gracias al progreso capitalista, los occidentales contemplamos la pobreza como un fenómeno "extraño". La pobreza, se suela pensar, no es propia del siglo XXI, no es propia del hombre.

Con todo, pocas cosas hay más humanas que la pobreza. El hombre nace solo y muere solo, dice el refranero popular. Si bien no deja de ser cierto, más apropiado sería señalar que el hombre nace sin nada: todas las comodidades de las que disfrutará a lo largo de su vida habrán sido directamente producidas por los hombres.

Lo realmente extraordinario e inusual no es la pobreza, sino la riqueza. Richard Cantillon tituló uno de sus libros Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, y Adam Smith Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones; ambos economistas se preguntaban de dónde procedía el extraño fenómeno del comercio y de la riqueza entre las naciones. Buscaban sus causas, su naturaleza.

Gracias al capitalismo, en Occidente la riqueza se ha impuesto como norma, y la pobreza como marginal excepción. Los europeos se extrañan de que alguno de sus compatriotas no tenga agua corriente, lavadora, cuarto de baño, línea telefónica, televisión y, en muchos casos, un automóvil. Son elementos tan corrientes aquí como preciados y extraños en los países pobres.

Todo ello ha provocado que hoy en día contemplemos la riqueza como algo natural al hombre. En Europa los niños vienen a un mundo rico, donde no morirán de hambre y gozarán a lo largo de su vida de las mayores comodidades.

Ludwig von Mises.Si bien es cierto que la pobreza es el estado natural del hombre, no lo es menos que la reducción de la pobreza es, igualmente, el proceso consustancial del hombre empresarial, del capitalismo. Cuando al ser humano se le permite emplear la razón para buscar su bienestar personal sin esclavizar o robar a sus congéneres (esto es, cuando se forman las instituciones capitalistas), con su propia perspicacia consigue aumentar de manera progresiva su riqueza y su felicidad.

Los economistas del siglo XVIII se preguntaron cuáles eran las causas de que el hombre abandonara su natural estado de pobreza; los economistas liberales del siglo XX se han preguntado, a su vez, cuál era la causa de que el mismo capitalismo que salvó América y Europa no hiciera lo propio con el resto del mundo. Ciertamente, había unas causas (propiedad privada) que permitían al hombre prosperar, pero al mismo tiempo había otras (intervencionismo estatal) que contrarrestaban a las primeras. Quien probablemente sea el mejor economista del siglo XX, Ludwig von Mises, lo resumió así: "El Gobierno no puede enriquecer al hombre, pero sí puede empobrecerlo".

Por tanto, las preguntas deben plantearse en el siguiente orden: ¿cómo se enriquece el ser humano?, ¿qué mecanismos detienen ese proceso creador y dinámico? Una vez hecho esto podremos estudiar y comprender con más detenimiento por qué las propuestas de la banda del 8 (Live 8 y G-8) son absolutamente inútiles y contrarias al crecimiento económico.

¿Qué es la riqueza?

La característica esencial del ser humano es su acción. El hombre actúa para perseguir unos fines a través de unos medios. Al satisfacer sus fines logra bienestar y satisfacción, pero para ello tiene que trabajar previamente en la búsqueda y creación de los medios adecuados.

Así, definiremos la riqueza como la creciente disponibilidad de medios para la satisfacción de los fines. De esta definición en apariencia tan simple debemos destacar tres conclusiones.

Primero, no hay riqueza sin propiedad privada. Los fines son por naturaleza individuales, son concebidos y proyectados por una mente individual. La mente social no existe. Los políticos, por ejemplo, aseguran que sus planes satisfacen el bienestar general, pero siguen siendo sus planes, concebidos y creados por sus propias mentes. Si los fines son individuales, la existencia y naturaleza de los medios estará en función de esos fines, y en consecuencia deberán poder ser controlados y dirigidos hacia sus propios fines por el individuo.

En el cartel, una familia amish. Tomado de www.rainfall.com.Si yo quiero comerme una manzana pero no dispongo de ella, sino que es propiedad de mi vecino, no soy rico. De la misma manera, si no hay propiedad privada reconocida nadie me garantiza el acceso a una manzana; deberé luchar con mi vecino, y sólo al "apropiármela" (al convertirla en mi propiedad) podré decir que soy rico y satisfacer mi fin, "comer una manzana".

Segundo, una sociedad puede ser rica aun cuando en apariencia no disponga de muchos bienes materiales. Los amish norteamericanos no disponen, voluntariamente, de ninguno de los grandes adelantos del siglo XX. No carecen de riqueza, dado que tienen suficientes medios para satisfacer sus fines. En cambio, los países comunistas decían disponer de los mayores adelantos pero eran tremendamente pobres, ya que los fines de sus habitantes no podían satisfacerse, al no existir la propiedad privada.

Tercero, un país no es rico en función de los elementos materiales de que disponga, sino del uso que los individuos puedan hacer de ellos. África no es rica por disponer de oro, diamantes, petróleos y demás recursos naturales; los africanos, hoy por hoy, son incapaces de utilizarlos, y no les son en absoluto útiles. Sería como señalar que una empresa es rica porque posee todo el níquel del núcleo de la tierra, aun cuando no le resulta alcanzable.

Así pues, para contestar a nuestra primera cuestión tendremos que preguntarnos cuáles son las causas de las crecientes disponibilidades de medios, es decir, cuáles son las causas de la riqueza.

Propiedad privada, empresarialidad y bienes de capital

Hemos dicho que convenía distinguir entre "riqueza natural" y "riqueza humana". Aquélla sólo se convierte en ésta cuando el hombre domina y se apropia de la riqueza natural. Lo importante, por tanto, es que el ser humano domine su entorno a través de su trabajo, esto es, que incorpore "la riqueza natural" a sus planes. Sin embargo, si cada individuo pretendiera abarcar la totalidad de sus fines lo tendría bastante complicado. No sólo debería ejercer de agricultor, también de sastre, alfarero, transportista, mecánico, electricista, informático o arquitecto. Dado que las habilidades del hombre, y sobre todo su tiempo, no le permiten dedicarse a todas esas labores, el ser humano empezó a relacionarse con sus semejantes. Surgió así la sociedad, y la división social del trabajo y del conocimiento.

Cada ser humano pasaría a especializarse en una tarea, de manera que intercambiaría con el resto los bienes en que, a su vez, se hubieran especializado. Sin embargo, este sistema tenía un pequeño problema (que, en realidad, es su gran virtud): cada individuo debía ser suficientemente perspicaz como para conocer las necesidades de los otros individuos. Si cometía un error (por ejemplo, fabricar máquinas de escribir en la era de los ordenadores) no tendría nada que intercambiar con el resto, de manera que se quedaría sin nada.

Por ello, resulta lógico que algunos individuos prefieran asegurarse durante un tiempo una fuente estable de ingresos, evitando esta arriesgada actividad. Así, algunos individuos (trabajadores por cuenta ajena) deciden trabajar para otros (capitalistas) a cambio de una renta estable (salario) que no proviene de la venta de los productos, sino de sus patrimonios personales. Sin embargo, no por ello los trabajadores dejan de actuar empresarialmente: buscarán los salarios más elevados y se especializarán en las ocupaciones que crean que tienen un mayor futuro.

En otras palabras, cada individuo, antes de satisfacer sus propios fines, tenía que pensar e ingeniárselas para conocer y satisfacer las necesidades ajenas. Los vínculos sociales se refuerzan y los individuos se vuelven interdependientes.

Pero la especialización individual todavía no es capaz de explicar plenamente las causas de la riqueza. Por mucho que se especialice un individuo, su capacidad para satisfacer las necesidades ajenas tiene un límite temporal. Cada individuo, con sus propias manos, no puede ampliar continuamente la producción: necesita de herramientas (bienes de capital) con las que trabajar más eficientemente.

Los bienes de capital, pues, permiten ampliar la riqueza a través de varios mecanismos. Primero, los seres humanos devienen más productivos (más medios); segundo, pueden alcanzar "riquezas naturales" que previamente no podían usar (por ejemplo, el "oro negro" es inútil sin refinerías de petróleo); tercero, dado que los bienes de capital se utilizan como medios para obtener otros medios, podemos considerarlos a sí mismos como riqueza (si bien una riqueza más alejada del fin del individuo).

Aparentemente, los bienes de capital vendrían a ser la piedra filosofal que tanto buscaban los alquimistas. Sin embargo, su producción tiene un inconveniente: mientras se produce un bien de capital no se está produciendo un bien de consumo, por tanto los fines de muchas personas tienen que retrasarse. Si un panadero decide dedicar sus trabajadores a ampliar la capacidad y la potencia de sus hornos durante varios meses, los consumidores se quedarán sin pan. Sólo habrá dos maneras de evitar esta desagradable situación: que el panadero haya acumulado stocks de pan para varios meses o que contrate más trabajadores.

No obstante, aunque recurra a la segunda opción, fijémonos que los consumidores se quedarán sin los bienes de consumo que esos trabajadores hubieran podido producir. De este modo, la única manera de producir bienes de capital es el ahorro de los consumidores. Son ellos los que han de estar dispuestos a retrasar su consumo durante un tiempo para que éste sea mayor en el futuro.

Conviene tener presente en este punto que la investigación tecnológica (el famoso I+D) no es más que una inversión en capital, equivalente a que el panadero contrate a dos ingenieros para que diseñen un horno de mayor capacidad.

El camino hacia la riqueza, por tanto, es el siguiente: división del trabajo, intercambios voluntarios y acumulación de capital. Si extendemos esto a nivel internacional obtenemos la libre circulación de personas, mercancías y capitales, esto es, la famosa globalización.

Si hay un país extraordinariamente pobre, los empresarios y capitalistas de los países ricos trasladarán allí sus líneas productivas (libre movimiento de capitales), conocedores de que podrán producir barato para vender caro en Occidente (libre movimiento de mercancías). O bien, como alternativa, los trabajadores de los países pobres se trasladarán allí donde los salarios sean altos (libre circulación de personas), aumentando la producción y, por tanto, la riqueza.

La capacidad de un país pobre para salir de la pobreza sin inversión extranjera a corto plazo es muy reducida. Europa tardó siglos en que su ahorro cristalizara en una revolución industrial (esto es, en una masiva inversión en capital). El camino más rápido para acabar con la pobreza es recurrir a la inversión exterior, al ahorro occidental (como, por ejemplo, hizo España durante los años 60), atraída por sus bajos salarios.

La inversión extranjera siempre mejora la situación de los países pobres, los enriquecerá. Los supuestos salarios de miseria tienen que ser, forzosamente, superiores a los que percibían antes de que el empresario apareciera en el país (si no, nadie querría trabajar para él). Y así, cuando se multiplica la inversión extranjera en un país pobre los salarios empiezan a aumentar a un gran ritmo, ya que en caso contrario los empresarios entrantes no conseguirían contratar a ningún trabajador nuevo y los empresarios residentes no conseguirían retenerlos.

Éstas son las causas de la riqueza, la carrera hacia lo más alto de nuestro bienestar. El capitalismo y su expansión globalizadora reducen de manera expansiva la pobreza. Los europeos siguieron este camino, los estadounidenses siguieron este camino, los asiáticos están siguiendo este camino. Las hambrunas han desaparecido en estas zonas del mundo, y el bienestar se multiplica década a década.

Sin embargo, África sigue siendo pobre. Las causas de la riqueza parece que no operan allí. ¿Por qué? La respuesta está estrechamente relacionada con los mecanismos que contrarrestan la creación de riqueza. Cabe, pues, estudiar cómo la carrera hacia la cima puede convertirse en la caída hacia el infierno. Pero esto lo haremos la semana que viene.

domingo, 10 de enero de 2010

Un Liberticida Refinado

El Telégrafo diario gobiernista por excelencia exhibe diariamente en sus páginas editoriales ataques liberticidas de toda clase. Castrochavismo, marxismo-leninismo, antiimperialismo y progresismo todos unidos en contra de la libertad.

Existe un articulista bastante singular, Xavier Flores Aguirre; este a diferencia de sus colegas algo entiende del liberalismo, las conclusiones que saca son más o menos erróneas pero por lo menos indaga en el tema y no se remite solamente a los panfletos del MPD y la Biblia del Idiota.

En un artículo titulado El Rol del Estado intenta equiparar los ataques a los derechos de las personas por parte del Estado con el de la empresa privada a continuación mi réplica:

Pertenece al liberalismo clásico una idea que se la ha repetido (usualmente, sin reconocimiento de su origen doctrinal) en el debate sobre la ley de comunicación: la idea de que solamente el Estado, mediante su monopolio del uso legítimo de la fuerza, puede atacar los derechos de las personas. Replicaré esa idea, en esencia, con tres argumentos:

1) No es cierto que solamente el Estado puede atacar los derechos de las personas porque las empresas también pueden hacerlo. Las empresas son entidades (a pesar de la profunda aversión de los liberales clásicos a la planificación) de elaborada jerarquía y planificación que pueden oprimir los derechos fundamentales de las personas mediante la imposición de la voluntad del empresario a sus trabajadores, los procesos de contratación discriminadores, las políticas de “movilidad laboral”, etc. La pobre excusa de que tales situaciones suceden por el “libre acuerdo entre las partes” solo sirve para esconder, la mayoría de las veces, la profunda asimetría de ese supuesto acuerdo y para revelarnos el escaso concepto de libertad que los liberales clásicos postulan.

Sobre la supuesta aversión a la planificación, se equivoca. El liberalismo no es contrario a la planificación económica de individuos y empresas (calculo económico). Este es muy diferente de una planificación central de toda la economía por parte de unos burócratas con sobredosis de autoestima que creen que pueden suplir con planes quinquenales las millones de interacciones económicas entre los individuos. A esta actitud constante en los colectivistas que llegan al poder Hayek la llamó acertadamente la “Fatal Arrogancia” .

Se mofa “libre acuerdo entre las partes” pero esto es fácilmente rebatible, pongo un ejemplo: el chino que acepta el trabajo por un sueldo miserable en una maquila de una multinacionales no es porque es tan bruto que deja atrás la mansión y las riquezas que le dejo el socialista Mao sino porque la otra opción como seguir desempleado o en la informalidad es muchísimo peor. Esto lo demuestra Johan Norberg en su documental “La Globalización es Buena”.

Sobre la supuesta relación asimétrica empleador-empleado se olvida que nadie obliga al empleado a aceptar el trabajo. Si alguien lo hace aduciendo que las circunstancias lo presionan es porque la alternativa es mucho peor. La situación de desesperación laboral es más grave en países tercermundistas donde existe un apartheid laboral creado por el mismo intervencionismo estatal.

Aparentemente el autor es aficionado a las novelas de Dickens y la grandes producciones de Hollywood donde se retrata al empresario como el malvado explotador y al burócrata como el héroe y no se ha enterado que hoy existe el ranking de "La mejor empresa para trabajar" donde los propios empleados votan para demostrar lo contentos que están al ser parte de las mismas.

2) No es cierto que solamente la presencia del Estado puede atacar los derechos de las personas porque también su ausencia puede resultar injusta y opresiva. Los liberales clásicos se preocupan de los daños directos a sus derechos, en particular, de los patrimoniales (por ejemplo, el que una persona robe a otra o que el Estado la expropie sin justa causa) pero se despreocupan de la situación de desventaja social en la que se encuentran muchas personas de la sociedad (en sociedades latinoamericanas, la mayoría) que no tienen acceso a educación, salud, alimentación adecuada o vivienda digna. Desde finales del siglo XIX en que se origina el llamado Estado social de derecho (a despecho de los liberales clásicos y, en particular, exitoso en Europa occidental) se ha advertido que la ausencia del Estado es la que permite esas injusticias y se ha procurado su intervención para paliarlas.

Parte el auto de la falacia que una empresa debe tener conciencia social cuando esta existe principalmente para generar utilidades para sus accionistas, son estos accionistas quienes deben decidir que hacer con el dinero de la empresa. Si deciden destinar parte del dinero a una fundación sin fines de lucro pues bienvenido sea. Es común hoy que empresas realicen actos solidarios y caritativos usando su dinero para muestra en el país operan las fundaciones de Supermaxi, Movistar, Diners Club, etc.

Segundo a ninguna empresa le favorece que el país donde opera este lleno de pobres e ignorantes pues estos son potenciales clientes y por lo tanto mayores ingresos. Si algún empresario piensa lo contrario es un pésimo empresario o posiblemente tenga el mercado totalmente cautivo gracias a su conexión política (mercantilismo).

El problema del colectivismo es que ve en toda necesidad un derecho, al sector privado como el mejor postulante para financiarlo y a la violencia estatal redistributiva para llevarlo a cabo.

3) No es cierto que la presencia el Estado siempre ataque los derechos de las personas; los propios liberales clásicos le reconocen al Estado un papel de garante y protector del derecho de propiedad, mediante un sistema penal y de policía funcional a ese propósito. En realidad, los liberales clásicos no rechazan la presencia de un Estado fuertemente activo per se, sino la presencia de un Estado fuertemente activo en el área económica, lo que equivale a sancionar como justa la distribución asociada al mercado (como crítica, v. el punto anterior).

Efectivamente en una sociedad como se la imaginan los liberales clásicos una empresa podría atacar los derechos naturales de sus empleados solo hasta que la justicia les alcance, no más. Incluso partiendo del supuesto que la gente fuera tan pendeja para seguir aceptando el maltrato por un largo periodo de tiempo y no se sacudiera y buscaría otro trabajo o iniciaría un negocio propio.

Finalmente, para el ámbito específico de la discusión del proyecto de Ley de Comunicación, la idea de que solamente el Estado podría violar el derecho a la libertad de expresión no se sostiene (ni conceptualmente, como arriba referido) ni desde la Convención Americana sobre Derechos Humanos, cuyo artículo 13.3 establece que no se puede "restringir el derecho de expresión" mediante "el abuso de controles […] particulares", lo que implica, necesariamente y de acuerdo con ese instrumento internacional, la intervención estatal para impedir que ese abuso de los particulares suceda.

Por otro lado el Estado constantemente ataca los derechos naturales del hombre (vida, propiedad y libertad) y el ciudadano de a pie no puede decir nada pues vivimos en "democracia" y es cuestión de lo que la mayoría quiera.

Si existen controles particulares a la libertad de expresión la solución no es controles estatales que tendrán fines políticos sino incrementar la cantidad de medios. Esto va por buen camino, los blogs y twitter y en general el Internet hacen posible que mayor cantidad de información este disponible al público. El Estado solo restringirá la libertad de expresión a su antojo.

jueves, 30 de julio de 2009

La Globalización es Buena

Excelente documental de Johan Norberg, simple y claro la globalización produce bienestar y los Estados producen pobreza:





En este documental, Norberg muestra como la mayor parte de los mitos sobre la globalización están fundados en la ignorancia de principios económicos básicos o en mentiras propagadas por los enemigos del capitalismo global. Norberg viaja a tres países: Taiwan, Vietnam y Kenia. El primero, que adoptó una economía de mercado hace unos cuarenta años, el segundo que comienza a hacerlo actualmente y el tercero, donde sólo se consiguen trazas de capitalismo. Las diferencias entre ellos son, desde luego abismales. Les invito a acompañar a Johan Norberg en su viaje y a aprender cómo el capitalismo global nos puede beneficiar a todos.

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