El burócrata llena sus bolsillos del expolio que se realiza a las personas productivas. Todo lo que una empresa pudiera reinvertir en capital humano, maquinaria, capacitación, etcétera lo toma el SRI para alimentar la pesada e inútil burocracia. Seamos sinceros, si mañana por arte de magia desaparecen la mitad de los ministerios: los únicos dolientes serían los que trabajan en ellos; pero que pasa si desaparece PORTA o el Banco del Pichincha o alguna entidad privada que si brinda un servicio, todos sus clientes se verían afectados.
Un parrafo explicativo de la afectación que tenemos por el aumento de impuestos:
Todo lo que se pierde mediante el pago de tributos, se deja de gastar en alimentos, ropa, calzado, transporte, medicinas y otros bienes y servicios que la población deja de demandar y, por tanto, dejan de producirse. Ese es uno de los factores que hace caer las ventas, contraer la economía y decrecer el empleo. En suma: es causa de pobreza.
Todo tributo excesivo se traduce en precios más caros porque todos los impuestos se trasladan.
Mientras la inflación es un impuesto, masivo y disfrazado, aunque no legalizado, la deuda estatal es un impuesto diferido si la deuda de ayer se paga con el impuesto de hoy. O ambas cosas, diferido y disfrazado a la vez, si la inflación de hoy está pagando deuda de ayer.
Los aranceles proteccionistas que cobra el Estado son impuestos a las importaciones que perjudican a la población consumidora obligándola a pagar sobreprecios.
La realidad es que el Estado gigante de nuestros días se viene transformando en un monstruo que todo lo devora.