jueves, 23 de septiembre de 2010

La dinámica del Gobierno de la Turba

Aunque escrito hace mas de 20 años, este documento describe minuciosamente el actual Estado Venezolano.Podría este escrito servir a votantes que aún no despiertan ante la catástrofe que resultaría de un triunfo del paranoico Chávez? Aguantarán los altivos e independientes venezolanos un gobierno como el de Cuba?

por Marc-Eric Ely Chaitlin

Mientras la gente discute sobre cuestiones políticas sin sentido, que giran en torno a necesidades institucionales artificialmente maquinadas (que constituyen un complicado juego), no alcanzan a reconocer la dinámica del poder político en una sociedad de masas. La forma tradicional de gobierno – la Nación Tribal – desapareció en la Edad Media, y fue reemplazada por un estado armado, el cual, a su vez, fue suplantado por la “Nación Revolucionaria”, o lo que ahora se llama el Estado-Nación.

El Estado-Nación es una sociedad de masas. Las personas se levantan para cumplir con las diferentes funciones que perpetúan el estado de masas, pero si alguno de ellos se opone, entonces el peso de esa masa se utiliza para aplastar al individuo. Las personas son tratadas como un rebaño, como a ganado.  Los políticos no sirven a la gente, sino que son ”grupos de presión de colegas “, personas elegidas para controlar a los suyos, una táctica convencional en la mayoría de los campamentos de prisioneros de guerra. Es por eso que son elegidos por votación secreta, porque nadie quiere ser responsable de las cosas que hacen para mantener el control, que son a la vez implacables, y nunca tienen en cuenta la ley.

En la sociedad de masas, la primera etapa de la admisión es la “escuela pública”, el primer lugar adonde todas las personas se ven obligados a ir, “por su propio bien”. Como a perros, a los niños se les enseña a obedecer ciegamente; son castigados, a veces corporalmente, por hacer valer cualquier tipo de independencia de pensamiento o de acción, y condicionados a aceptar pasivamente la vida, sin ninguna ambición real. La voluntad de vivir es deliberadamente desterrada del individuo, para reforzar la ficción de que todas las cosas buenas vienen de la institución, de las masas.

A partir de ahí, emergen los “líderes”, los ingenieros, los médicos, abogados y profesores, quienes entran al “mercado laboral”, y se perpetua la masificación de la sociedad.  Los analfabetos certificados por el estado se entrenan con las normas de la sociedad de masas. El mito de la Revolución, el “nacimiento” de la nación-revolucionaria, el panteón de “héroes” engrandecidos con ficciones, y el sentido de ser parte de una “gran tradición”, elimina la capacidad del individuo para tomar una decisión racional, especialmente en la impresionable edad de los 9 o 10 años. Por decir lo menos, esta forma de tortura de los niños es cínica y sin escrúpulos; es una forma de abuso infantil sin precedentes en el tiempo. El miedo se emplea abundantemente y la sociedad “de la escuela” se convierte en la base del pensamiento, como un modelo para el resto de la vida. La forma en que nos relacionamos el uno al otro se aprende en una olla a presión, que nunca debería aplicarse, debido al efecto lobotomizador que tiene sobre la población.

Pero una población lobotomizada es el único tipo de población que responde a los estímulos de las instituciones de la sociedad de masas. El miedo se utiliza para alejar a las personas, para poner distancia el uno del otro, para que la gente se convierta en dependiente de los contactos comerciales, para lo cual necesitan el sustento del estado de masas, el dinero. El dinero, por sí solo, no es ni bueno ni malo, pero como un “vale” decretado por un estado de masas, es una herramienta poderosa. Al obligar a la gente a necesitar dinero, en última instancia, pueden llegar a amarlo (en muchos casos más que a las personas). Pero un individuo obsesionado puede ser manipulado, mientras que una persona sana es independiente, íntegra.

Una vez que los patrones de respuesta son entamborados en la cabeza de los niños – que se convertirán en adultos – la población está lista para la sociedad de masas. Los medios de comunicación; el empleador de las masas, la corporación; el protector del alma de las masas (en aquellos momentos cuando parece insuficiente trabajar de 9 a 5), la iglesia y el estado de masas, con sus juegos políticos que santifican el gobierno de la turba. Sólo una turba tiene la clase de poder intimidatorio necesario para administrar un estado político moderno, la gente es deliberadamente mantenida en el borde de sus asientos, a fin de crear una gran reserva de ira, lista para ser dirigida a la caída de un sombrero, a un adversario político, o a las ideas de la oposición.

El estado de masas nació en la guerra. Los principios de la guerra se convirtieron en las premisas básicas de operación del gobierno de masas. La amenaza de un enemigo siempre ha catalizado a la gente, para darles una sensación de peligro inminente, por lo cual deberían sacrificar todo, aún lo que esperan recibir.

La Revolución demanda guerra y violencia, para terminar las cosas “rápidamente”. Los partidarios se amargan, y los radicales y extremistas se cambian al papel de “conservadores”. Los que apoyan la causa se anteponen, como carne de cañón, y los que la rechazan son expurgados; la uniformidad se acelera bajo el yugo de un régimen de terror. Las personas tienen derecho a vivir sus propias vidas, pero todos los días se reducen sus derechos consuetudinarios, en la tradición del estado de masas, por el bien de la patria “. Todos los días, nuevas profesiones enteras se convierten en ”uniformados”, en ujieres a cargo del Estado.

La Revolución, como la Inquisición, tiene sus acusadores, que no hacen nada más que acusar a la gente como responsable de haber cometido algún crimen. Los crímenes han sido diseñados para satisfacer la moral de quienes detentan el poder, quienes suelen ser agitadores carismáticos; obstinados y extravagantes voceros que dicen “sí” a cualquiera con dinero suficiente para comprar una elección.

La persona inculpada por el acusador es corporalmente capturada por un aspirante a matón, cuya misión entre los revolucionarios de la nación lo convierte en un “policía” en lugar de un matón, y el “criminal” es detenido (por lo general involuntariamente) hasta comparecer ante un “juez”. El juez es cualesquiera que cree tener el “derecho” de juzgar a otros, personificado en un abogado con su mazo. Por supuesto, todas estas personas somos tú y yo.

La sociedad de masas es un estado de conciencia.  Si creemos en las instituciones del estado de masas, los medios de comunicación, las corporaciones, los políticos, la “república”, entonces estaremos de buen grado dando la espalda a la nación-como-familia, la comunidad orgánica de la humanidad, la cual no es una turba.

La única manera de acabar con la ley de la turba es disociarse uno mismo de las instituciones de masas, y animar a otros a hacer lo mismo. El hecho que las elecciones confundan, enfurezcan, e irriten mucho más de lo que resuelven, ya que consumen gran cantidad de recursos llevando al poder a hombres mediocres quienes heredan el legado de regicidas, es indicativo de una profunda división social, de una herida sangrante. Si bien la turba se enfurece, aunque esté contenida y dirigida por fuerzas armadas, gobiernos, medios de comunicación e iglesias, la destrucción es evidencia de que esta forma de democracia sólo es “igual”, en la medida en que lo destruye todo, “por igual”.

Nota

Marc-Eric Ely Chaitlin (1959-2001) fue una activista en favor de personas sin hogar en el Condado de Orange (California).  Este breve ensayo, conmovedoramente retrata la maquinaria de propaganda acoplada al aparato de represión: las dos piernas en que se para el estado. La exhortación final, a disociarse uno mismo de las instituciones de masas basadas en la ley de la turba, captura la esencia de este estimulante documento.

TRADUCIDO DEL INGLÉS POR RODRIGO DÍAZ

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