martes, 29 de abril de 2008

Opine: El Gobierno de Correa

¿Qué opina usted, lector?

¿Es buen Gobierno el que divide y no une, el que confronta en vez de armonizar, el que destruye y no construye?

Por Antonio Rodríguez Vicéns


¿Es buen Gobierno el que, bajo el pretexto del ‘cambio’, avasalla unas instituciones -el Congreso Nacional- y desprestigia y debilita a otras -la Corte Suprema, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Supremo Electoral, la Fiscalía, la Procuraduría General y hasta la ‘omnipotente’ y sumisa Asamblea Nacional Constituyente-, para someterlas a la voluntad incontrastable del ensimismado dictador? ¿Es buen Gobierno el que hace burla y befa de la juridicidad y atropella la Constitución y las leyes, subordinándolas a las decisiones de su Asamblea? ¿Es buen Gobierno el que, aupado en la novelería irresponsable de una mayoría de asambleístas genuflexos, mediocres y sectarios, aprueba ‘mandatos’ sin orden ni concierto y propicia, desjerarquizando la Constitución y la ley, un caos jurídico de imprevisibles consecuencias?

¿Es buen Gobierno el que, por su errática política económica (sin desconocer otras causas coadyuvantes), desata un proceso inflacionario y el incremento de los precios de los productos de primera necesidad, para luego pretender controlarlos artificialmente por medio de decretos, amenazas y sanciones? ¿Es buen gobierno el que adopta medidas que ahuyentan la inversión, disminuyen los incentivos para la producción y favorecen el aumento del desempleo y el subempleo? ¿Es buen Gobierno el que, pregonando una supuesta austeridad, ahorra en el papel higiénico que utilizan los empleados pero aumenta en forma inorgánica el gasto público, amplía clientelarmente la burocracia y, buscando su beneficio y promoción, despilfarra los recursos ciudadanos en una millonaria y atosigante campaña de propaganda tediosa, alienante y mendaz?

¿Es buen Gobierno el que, a través de un funcionario de alto rango pero de actitudes de ínfima ralea (el de los ‘vómitos de sangre’, ‘el orine y el escupitajo de la oligarquía y la bancocracia’), abusando del poder, extorsiona a empleados públicos para financiar su movimiento político? ¿Es buen Gobierno -y honesto- el que acepta ese procedimiento inmoral e ilegal, bajo el pretexto de que no roba ni tiene gastos reservados, como si la comisión de un delito se justificaría por no cometer otros? ¿Es buen Gobierno el que tolera que ese mismo personaje, amigo y maestro del ensimismado dictador, ofenda a funcionarias y empleadas con un lenguaje barriobajero y procaz, ante el silencio vergonzante y condescendiente de los organismos de defensa de los derechos de la mujer, que en otros casos habrían protestado con ‘indignación’?

¿Es buen Gobierno el que miente y engaña, tergiversa y distorsiona, con un doble discurso maniqueo, para encubrir su proyecto político autoritario y concentrador? ¿Es buen Gobierno el que insulta y denigra a sus críticos y, utilizando los organismos públicos, pretende amedrentar a quienes piden que se investiguen sus actos? ¿Es buen Gobierno el que descalifica a la ‘partidocracia corrupta’ y, sin embargo, además de repetir sus vicios y artimañas, designa para importantes cargos a muchos de sus conspicuos y desacreditados integrantes? ¿Es buen gobierno el que prolonga un conflicto internacional, basado en un patriorerismo retórico, huero y anacrónico, para mantener en las encuestas altos índices de ‘popularidad’? ¿Es buen gobierno el que divide y no une, el que confronta en vez de armonizar, el que destruye en lugar de construir?

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